Crónicas Neptunianas V: Oude Kerk, el barrio rojo y una crítica al Hamparte

Turistas, turistas y más turistas. Puedes comprar paletas (falsas) de un cannabis color verde radioactivo. Si en mí destaca algún defecto es la impaciencia. Andar en bici por el centro de Ámsterdam es a veces, un deporte de riesgo, otras veces, un ejercicio de paciencia, ¿Porqué la gente anda en medio de la calle cuando hay banquetas , más o menos decentes? Esto importa poco a los espectadores de esta antigua ciudad, llena de contrastes y que, como he mencionado antes, me recuerda en este sentido a mi querida Ciudad de México. 

Con todo y el ruido, el barrio rojo de Ámsterdam, las luces neón, los supermercados con las mencionadas paletas, las famosas coffee shops, y la atracción principal, las vitrinas, contrastan en la pureza de un aire helado, los canales que devoran a turistas drogados y/o borrachos y tantos objetos más que tiendan a caer sobre sus fauces (de esto ya les contaré algo) , crean una imagen de un hormiguero pululante, vivo en la noche y el día. Cada quince minutos, las grandes campanas de la iglesia de Westerkerk, limpian el ambiente, dejando a ésta querida ciudad, que me ha dejado plantar raíces temporales de manera tan amable, con todo y su frío, su lluvia y su viento, en una renovación bendita. Por eso creo, no me harto de este lugar, a pesar de no gustarme los lugares llenos de multitudes e intereses que a veces sacan en plena luz del día, sombras humanas polarizadas. 

Podría afirmar que el barrio rojo se han vuelto “mis rumbos” , en un sentido,  sin embargo, no me había tomado el tiempo de visitar el museo que tengo a la vuelta, “Oude Kerk” , el edificio más antiguo de Ámsterdam, más aún , una iglesia que contiene una historia maravillosa y una exposición que, debo adelantarles, me ha decepcionado bastante, no es mi intención expresar que este artículo es entonces fútil, por el contrario, preferiré convertirlo en un jugoso ejercicio de reflexión sobre la ironía de algunas corrientes del arte contemporáneo y aprovecharemos para explorar los muy nutritivos contrastes de este famoso barrio en el centro de Ámsterdam. 

Fotos por la autora

Podemos comenzar por contar un poco de la historia de este edificio. El largo canal de Oudezijds Voorburgwal (en el que alguna vez se me cayó la mochila, supongo una broma del espíritu de Ámsterdam, quien me bendijo con la suerte de un pequeño crucero, el cual la rescató prontamente y salvándome del disgusto de la vida) , desfila entre negocios, edificios de escaleras estrecha, las vitrinas rojas, símbolos del espíritu de apertura de la ciudad ( y a la par, de las necesidades humanas ancladas en lo más bajo y profundo de la conciencia, lo animalístico) y éste edificio (la iglesia) que desprende por sí mismo una esencia curiosa. En él, se afirman ideas viejas y nuevas, su base, un cementerio donde habitan los restos de miles de neerlandeses ,entre ellos, muchas figuras célebres . 

La primera vez que me he encontrado con este pequeño titán, antes templo de la religiosidad, ahora convertido en un templo a las musas, caminaba sin rumbo, recorriendo la ciudad esperando encontrar nuevas cosas. Me topé de lleno con un callejón estrecho cuyos laterales, despedían luces neones, desfilando, las famosas prostitutas de Ámsterdam. Debo confesar que llegué sabiendo muy poco sobre la ciudad, en un primer momento, me pareció de lo más llamativo encontrarme una gran iglesia en pleno barrio rojo, sin embargo, pasando días por aquí y adentrándome en su cotidianeidad, voy acumulando datos que van hilando un sentido bastante completo e interesante, lo primero a mencionar, el barrio rojo es un barrio comercial y , en cierta medida, residencial. La prostitución, regularizada en los Países Bajos, constituye una actividad un tanto más ordenada y en cierta medida, normalizada. Los famosos coffee shops y la gran cantidad de lugares donde se puede consumir droga, además del ambiente de fiesta perpetua que habita entre estas calles y callejones, se combina con la visita de familias de turistas que visitan tiendas de juguetes y souvenir que se plantan orgullosas entre bares y sex shops. 

En ésta área reside un espíritu pasajero, el que puede poseer a los turistas y hacerles perder todo orden y control. Los templos, como lugares arquetípicos, son centros en los cuales se invocan deidades, y quitándole el lenguaje sacro, se invocan impulsos de lo humano, ésta comprensión de las antiguas mitologías,  llena de un sentido psicológico que cuadra a la perfección con el comportamiento humano, dicho esto, los bares, teatros y restaurantes eróticos, constituyen por sí mismos templos a lo dionisiaco, templos asociados al impulso del caos, que lleva a profundizar en las propias sombras. Antes que tratar de volver este artículo una cátedra moral, pretendo señalar luces y sombras del lugar, sin afirmar de forma superficial, que esta visión hiper liberal no acarrea sus propios peligros y complejidades. 

Dentro de la iglesia, se observa una belleza arquitectónica y artística  innegable. Como bien he dicho antes, la intención de los templos corresponde a una actividad de emular las fuerzas divinas, para traer inspiración a quienes crucen sus umbrales. Diversas capas de intervenciones se suceden en dicho edificio, tres grandes órganos (uno especialmente reconocido en toda Europa, el Vater-Müller) , vitrales preciosísimos (cómo no, mi parte favorita al contemplar en iglesias) y demás componentes y acabados impresionantes, los cuales ocuparían un gran espacio en el texto sin terminar de hacerle justicia a la belleza geométrica que tienen. Ésta es la razón por la que el lugar, se ha vuelto objeto de algunos paseos después del trabajo, su maravillosa acústica y el observar un templo desarmado y rearmado en diversas ocasiones, le hace un lugar que carga con gran cantidad de energía, antiquísima y fresca en la misma medida. 

Hay un vitral sumamente particular cuyo maravilloso efecto tuve oportunidad de observar en una de mis visitas. En ciertas horas del día, ésta zona se cubre con una luz que ronda entre lo espectral y despierta las pulsiones humanas más básicas, un rojo profundo que asemeja a las ventanas de fuera, ¿Quizás como si un tanto de ese espíritu del negocio de fuera, los supermercados, las ventanas y los coffee ships, buscase escabullirse dentro de las paredes del templo? , quizás esta fue la intención de su creador, Giorgio Andreotta Calò, sea como sea, es un efecto  curioso, por no decir menos, ¿Una señal de profanación? Creo que esa afirmación es parcial. Esta iglesia destaca por su dualidad, resguarda distintas memorias de la ciudad, mezcladas, me atrevo a decir, en la misma medida. 

El lugar ha fungido como guardián de los archivos de la ciudad. En una suave sacralidad, un silencio aislado (pues en las calles suena una sinfonía del caos, turistas charlando alegremente, caminando, bicicletas como la mía queriendo pasar por las calles transitadas, de noche, risas de borrachos y divagaciones de personas alteradas) , Oude Kerk se planta como una antigua observadora de la ciudad. Me entero, esta vieja iglesia está dedicada a San Nicolás, patrono de los marineros y las prostitutas, ambas profesiones con una relación antiquísima con el barrio. 

Ahora, lo que nos concierne hoy. He de admitir que mis visitas han sido fugaces, al ser éste uno de los lugares cercanos a mi cotidianeidad, considero que no puede ser de otro modo, no obstante, hay otra razón para lo fugaz de mis visitas. Sin duda hay mucho que ver, el arte sacro es rico en simbolismo e historias particulares a las que podríamos dedicar volúmenes enteros, he visto ya mucho de esto (pues iglesias y catedrales hay en muchas partes del mundo) , y  la segunda razón es el segundo objeto de análisis es la exposición temporal, “When doubt turns into Destiny” , del artista contemporáneo Navid Nuur, que exhibe tan solo 15 piezas en un espacio muy grande, cada una de las cuales no requiere de mucho análisis.  Una serie de objetos instalados a lo largo de la iglesia, plantan cara a los espectadores. El primero, un globo aerostático colgado en la entrada por un par de cables de acero, “Cloudsweat corridor” ,otro, una placa de cobre, sobre la que está inscrito su título,  lo siguiente con Vick VapoRub “ Exercise shelter by shifting from focus” (podríamos traducirlo como “ Ejercicio de refugio por medio de cambio de perspectiva) , uno que, considero, apela al sentido del ego del espectador, en cuyos materiales se describe, “espejo, espejo raspado, tú” , no tiene título. El último que describiré de tantos, “Breathe/Breeze/Box” (Respira/Suspiro/Caja) , una gran caja negra que, en cierto horario del día, promete darte un poco del aire de la Oude Kerk. 

No es una broma. He tenido que contenerme un par de veces al leer las fichas técnicas dentro del museo para no reírme. Como cereza del pastel, “Una herencia para el futuro”, ¿O un gran negocio disfrazado de la camaleónica piel que ofrece el arte contemporáneo?  , Navid Nuur presentará 100 vasos de arcilla con materiales de Ámsterdam, se subastará uno cada año hasta terminar con este ejercicio en el 2125. La profundidad e impacto de los objetos llega hasta donde da la pobre poética de sus fichas técnicas. Es decir, apenas me ha llegado a los tobillos, esto, como ejercicio de comedia, puede funcionar. Como arte que penetre en mi sensibilidad y me haga replantearme cosas de la realidad, bueno, lo hace, pero desde el lugar incorrecto. Este corte de obras, nunca han sido de mi agrado, pues son, ya no llamadas de aviso del vacío filosófico y artístico hacia el que se despeña la sociedad humana con su pensamiento hiper consumista e hiper materialista, si no una declaración urgente y alarmante: Ya estámos en el vacío, la mayor desgracia, actualmente le hacemos odas, cantos y rituales. 

No hay profundidad y significado, aquí, tomo el concepto que ha creado el Antonio García Villarán, el hamparte. El arte de no tener talento y pretender que existe lo sublime donde no. Es lógico, aunque irónico, que un barrio donde se debe crear un gran discernimiento entre lo que se consume y lo que auténticamente se desea consumir (como el ejemplo dado al inicio, las paletas) , se plantee un nuevo tipo de arte que carece de un verdadero dominio de lo sutil. Aclaro, no todo es malo, hay mucho de auténtico e interesante en el barrio, intercalado con productos inflados, consumiciones que deberíamos cuestionar y negocios que difuminan las líneas entre la libertad  y el libertinaje, el definir donde está la línea, lo dejo al ojo crítico de cada quién.  

Es indudable el contraste, el arte de la iglesia, arte creado en pos de una institución cuyos ideales ahora nos parecen (y que lo son en verdad) rancios, demasiado estrictos y controladores, pero cuyo arte desplegaba una belleza geométrica y que requería años de perfeccionamiento técnico, y un arte que, dirigido por el hartazgo hacia los excesos académicos, la rigidez, la definición excesiva de lo que “es y no es arte” (recordemos las barbaries que la academia llegó a cometer a este propósito, negando en un inicio el movimiento impresionista como una corriente artística, siendo este nombre , al principio, un nombre despectivo) , el humano, en su tendencia pendulatoria, se ha polarizado al otro extremo. El valor , para este “arte” (lo pongo entrecomillas por darle el carácter de una denominación, más no el carácter entero de la disciplina artística) , no reside para nada en lo estético, reside en una visceralidad no trabajada, un arte que tan solo se sostiene por criterios arbitrarios: Uno, el lugar donde se exhibe, dos, las consideraciones del artista y tres, que va de la mano, su ficha técnica. Tal castillo de arena se derrumba al más mínimo soplo del raciocinio, no obstante, para esto, dicha mercancía de la academia y el negocio de las artes, cuenta con una defensa, pretender que existe un significado más profundo, a cuya racionalidad no puede acceder cualquiera. 

Es así que, instalaciones como ésta, han pasado disfrazadas como arte, se sustentan en la esperanza de que el espectador las considere como tal por “no entenderlas” , pues quien tenga un tanto de criterio, sabrá aceptar algo que decido señalar de manera sobria y sin adornos. La explicación es demasiado simple y sin contenido estético alguno, como para creerla cierta sin creer que alguien nos está queriendo tomar el pelo. Esto no es, sin embargo y como ya he mencionado, un ejercicio sinsentido, aunque estos autores/comerciantes pretendan vendernos un arte hecho de arena, de aire y sin capturar de manera real y auténtica las sutilezas que desearían tener, esta es una llamada de atención a un punto indispensable en nuestra era, no caer en arbitrariedades en pos de una libertad que no es tal, sino ilusión de libertad por medio de despojarse por completo del criterio.

El impresionante órgano Vater-Müller

Es indispensable recuperar la importancia del valor estético, por supuesto, renovarlo con las nuevas temáticas que nos rondan, adaptarnos al tiempo actual, no quedarnos en una rigidez del pasado que limite al artista a ser simple complaciente de instituciones de control, comerciales. Eso no es lo necesario, lo indispensable, lo que sí lo es, es empezar a señalar a quienes echan recursos al abismo, quienes hacen odas a lo arbitrario sin propuestas de solución, quienes se han vuelto arlequines burlones en el mundo del arte y el mundo comercial, y promover obras con sentido, significado, novedad, obras que se sostengan, con y sin su ficha técnica (que las hay, pero vamos, que hay que darles el lugar que merecen) , obras que nos atraviesan de manera inevitable, alquimizan nuestra experiencia desde su capacidad de capturar sutilezas, de fijar lo volátil, para volatilizar lo fijo. Materializar lo espiritual para espiritualizar nuestra materia, en otras palabras, llevar a cabo el proceso de Hierofanía. 

Esta crónica ha despertado mucho en mi, entre un sentimiento de tristeza, humor, ironía, una crítica que no puedo evitar (no haré de mis crónicas una alabanza a lo mediocre ni a lo actual solo porque sí) pero también un amor por la complejidad humana, por la importancia de observar un panorama entero, encontrar relaciones entre una y otra cosa, y observar qué nos dice el arte contemporáneo sobre la situación humana actual. 

Pronto, las crónicas Neptunianas en Ámsterdam, tomarán un paréntesis para convertirse en crónicas Plutonianas en México, un adorno interesante a esta travesía. Gracias a quienes me han mandado diversos comentarios y con quienes deseo seguir compartiendo observaciones y anotaciones diversas, nos vemos en la siguiente crónica.


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