Cerrarás finalmente los ojos y traerás de nueva cuenta a tu memoria el movimiento acompasado de las finas manecillas de un reloj de pulsera que usaste en tu infancia, tan solo unos años atrás, decorado con la imagen de un sonriente Mickey Mouse que con sus brazos, rematados en un par de guantes blancos, te enseñó a leer las horas. Por Santiago de Arena.
