Wall Street (1987) no es solo una crítica al capitalismo financiero de los años ochenta, sino una alegoría de las contradicciones profundas que lo sostienen. Gordon Gekko representa al operador moderno atrapado entre la técnica y el deseo, entre la promesa de una movilidad social ilusoria y la realidad de una estructura impermeable. Oliver Stone retrata así a un personaje representativo de toda una época, que a su vez permite leer a una sociedad que ha perdido el vínculo entre la riqueza y su sentido original: la producción, la comunidad y la vida digna. Por Gabriel Espejo.

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