Mañanas de whisky y café.

Es temprano cuando inicia el caos. Lo primero que veo al abrir los ojos son los rayos de luz que atraviesan por las persianas.

Entre sueños escuchaba pasos, susurros, alarmas del despertador, gotas de agua chocando contra el piso… ¿Estará lloviendo?

Un portazo me ayuda a despabilarme y me doy cuenta que es el agua que cae de la regadera del baño ¡No dejan dormir! Percibo uno de mis aromas favoritos: ¡Café!

Me levanto lo más rápido que puedo, con un poco de suerte tal vez me ofrezcan galletas marías remojadas en café con leche.

La casa se ha quedado en silencio nuevamente, todo es tranquilidad. Solo quedamos ella y yo, entro a la habitación y sigue dormida, no quiero molestarla, la esperaré en la sala. Paso por el espejo de cuerpo completo que está en el pasillo, y me detengo a observar mi reflejo, mi barba está cada vez más larga, mi pelo negro salpicado de canas. Me han dicho que mi mirada refleja la nobleza de mi alma, yo creo que tengo una mirada juiciosa. Me gusta como luzco, aún tengo buen porte.

Me cuesta un poco sentarme en el sofá, los años no pasan en balde. Apenas me siento y escucho el crujir de la cama, pequeños pasitos que se dirigen al baño; al salir se asoma a la sala y al verme en el sofá me pregunta que si estoy cómodo, le dirijo una mirada de reproche y pienso que estaría mucho mejor con unas galletitas y café, Pero eso ella ya lo sabe.

Me voy atrás de ella para presionarla y se aliste rápido. No para de hablar, como sé que le gusta hablar conmigo, finjo interés en lo que me dice, mi interés se vuelve real cuando escucho que dice que solo se servirá un café y podremos irnos a nuestra caminata matutina, resoplo, acepto el soborno de las galletas marías remojadas en café con leche y la apresuro esperándola en la puerta porque quiero alcanzar a saludar a mis guapas amigas Doly y Didi.

Por fin saldremos, abre la puerta, aunque antes de dar un paso hacia afuera me gusta comprobar el clima ¡Odio la nieve, el frío y la lluvia!

Es una suerte, hoy el clima es muy agradable; huele a tierra mojada y a pasto recién cortado.

Empezamos a caminar, a ella le gusta hablar conmigo, me gustaría ponerle atención Pero veo a Doly y Didi a lo lejos, ellas salieron más temprano a caminar y ya van de regreso a su casa, si pudiera andar más rápido tal vez podría alcanzarlas; espero verlas mañana.

Me encanta la sensación de caminar por el pasto, ver las gotitas de rocío, sentir el calor del sol en mi piel, escuchar a los pajaritos cantando, hay tantos olores en el ambiente ¡Me siento extasiado! Veo a algunos conejitos saltando, me encantaría poder correr tras ellos, atrapar una ardillita para jugar con ella. Pero está señora que vive conmigo no me lo permite. Sigue hablando, me da un sermón; dice que vaya más despacio, que no me aleje de ella, que esos animalitos son mis amigos, que no la mire de esa manera, que ¿Por qué soy tan adorable?, que no sabe qué haría sin mí, que ¿Por qué me querrá tanto?

Me gustaría contestarle que porque soy su mejor amigo, su compañerito, su perrito el whisky…

Pero solo sonrío, salto y muevo mi colita de felicidad.


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Un comentario sobre “Mañanas de whisky y café.

  1. Encantador amiga, confieso que estuve engañado todo el tiempo… incluso pensé «un poquito salido del plato el señor» al final recordé que tu perrito se llama Whisky 😂…me gustó mucho ❤️

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