Crónicas Jupiterianas en España II: Valencia, una ciudad repleta de verde y arte

Escrito por Aura Metzeri Altamirano Solar

Escribir crónica es un proceso constante de autoedición, entre las palabras y los recuerdos, encuentra una las distintas capas de sí misma, y en momentos de cambio extremo, escribir se vuelve una tarea retadora. A inicios del año pasado, una revisión sobre mi revolución solar (técnica astrológica) me dejó grabado que tendría un año de muchas transformaciones, resalto de quien me hizo la lectura (la gran astróloga, escritora y amiga Barbarella), observar este año como una oruga dentro de la crisálida.

El proceso de metamorfosis implica desintegración, un nuevo cuerpo se asoma de entre los restos, llenando a la oruga de incomodidad. Entre viajes, mudanzas y un nuevo idioma en proceso de ser aprendido, la pluma se ha alejado de mi mano y me he sumergido entre tareas, trámites y procesos de adaptación de diversos tipos. Alemania, en este invierno plagado de nieve, me demuestra la necesidad de regresar a lo esencial, atender lo que es urgente, hasta dejarme el tiempo de poder escribir.  

Sin embargo, a menos de un mes de regresar a la ciudad preciosa de Valencia, he de escribir sobre ella y continuar con las crónicas Jupiterianas. El viaje de Madrid a Valencia, inicia con el estrés de apenas alcanzar el tren, unas cuantas horas bastan para llegar a la maravilla de ciudad donde dos pendientes acechaban, primero, el encuentro con mi segundo libro publicado, Relatos de la era del ermitaño, con la gran editorial Talón de Aquiles, para después conocer en persona a Kuma Almasy, creador de la Cámara de los libros, quien dio espacio para la presentación de mis libros, mostrándome una cara de Valencia activa, llena de cultura y hambre por abrir nuevos espacios para el arte. La Cueva de Medusa albergó el nacimiento de los Relatos Ermitaños, siendo el lugar perfecto para un libro lleno de magia y sanación.

Cabe decir que, cuando uno viaja, comprueba la teoría de los seis grados de separación, dónde una persona, al estar ligada a otros cinco miembros, termina por conectarse  a una red que abarca la humanidad entera. Distintos lazos me unían a una ciudad que no conocía, ciudad con restos arqueológicos romanos,  capital de España durante la guerra civil, y ciudad azotada por las inundaciones, me encontré con uno de mis sitios favoritos en una tierra a la que aprecio de por sí profundamente. 

Al respecto del número seis y las conexiones que generamos con el mundo, puedo agregar el paralelismo que esto tiene con el sexto arcano del tarot, la carta de los enamorados, una carta dedicada a la capacidad de elección, lo estético, lo vincular y relacional, arcano que tuve presente en mi visita y que llenó de belleza mi encuentro con esta ciudad. Viajar guiándome por la intuición y las sincronicidades, resulta un ejercicio en sumo provechoso, viajar desentraña misterios y desbloquea partes de una que de otra manera no son conocidas.

Sexto Arcano del Tarot Waite Smith

Uno de los encuentros más apreciados y esperados, fue con Valentín (Cartero Místico), quien se encargó de hacer la portada de mi Bestiario, un gran amigo y colega artístico. Así pues, Valencia me recibió primero con el regalo de la amistad, la maravilla de encontrarme en el verano, después de un invierno duro que relato en las Crónicas neptunianas de Ámsterdam, y andar entre kilómetros llenos de verde, observar la mítica Ciutat de les Arts i les Ciències, complejo de edificios de estilo neofuturista, y a lo lejos, el mar hace que la ciudad se corone. 

Existe un paralelismo cuando una comienza a viajar y conoce ciudades con las que se encuentra tan vinculada, como bien se expresa en la forma narrativa del viaje de la heroína, el viaje no incluye sólo los estímulos externos, más bien, dentro de él, se describe la injerencia del mundo interno con el externo y viceversa, creando un proceso cuasi alquímico. Al investigar sobre la ciudad, me encuentro con que ha sido destruída varias veces a lo largo de los siglos, por vez última, y dolorosamente reciente, por las inundaciones DANA, antes también bombardeada durante la guerra civil, ha pasado por diversas transformaciones, dando reminiscencias al proceso de metamorfosis que he descrito al inicio. 

Distintos puntos de encuentro, como las Torres de Quartz o las Torres de Serranos, delatan un pasado donde la ciudad fue amurallada. Todo el casco viejo es un viaje en el tiempo que no puede ser pasado por alto, sorprende igualmente, la gran cantidad de parques, áreas botánicas y espacios dedicados a la naturaleza, tal como muestra la foto de esta crónica.

Calle de Quart, imagen tomada de stock

Otro signo de transformación y resignificación que vale la pena observar en la ciudad, es el gran parque de Turia, viejo cauce de un río desviado, que se ha convertido en un oasis en medio de una ciudad llena de movimiento y arte, cabe destacar el Parque de Gulliver, una recreación del cuento de Swift, sitio que invita siempre a la reconexión con el niño interior, en mi experiencia personal, después de varios meses de trabajo arduo, encontrarme resbalando por las faldas del gran gigante, constituyó un momento de reparación y relajación. Al respecto de este parque, cabe agregar un detalle interesante, surge como una propuesta para dar giro a la actividad de los falleros, artesanos que se dedican a crear las fallas (grandes estructuras de madera que se queman durante las festividades del mismo nombre), buscando diversificar sus quehaceres. Esto conforme quizás  un ejemplo para resignificar una tradición que es ampliamente criticada por su impacto ambiental, poniendo de manifiesto la necesidad de replantearse las tradiciones, Valencia es, sin duda, una ciudad que por su historia demuestra una constante necesidad de cambio y adaptación. 

El murciélago que corona varias estructuras, como en la primera que lo vi, La puerta del mar, es testigo de la necesidad de la ciudad por aprender a escuchar a la naturaleza, pues se cuenta que este mamífero tan particular, fue crucial para la recuperación de la ciudad durante la invasión árabe. Valencia se conforma por ser entonces, una ciudad llena de creatividad, que se debate entre la conservación de lo antiguo y la modernización, cosa que logra de manera magistral, convirtiéndose en una de mis ciudades favoritas.

 A lo largo de mi estancia por Valencia y en meses posteriores, fui encontrando que es una ciudad que genera semilleros para el arte, la sensibilidad y creatividad afloran de manera fluida, es sin duda, una gran fuente de inspiración para próximas creaciones. Lamentablemente, la mayor parte de las fotos han quedado perdidas por un error de mi celular, dando otra excusa para regresar. Me encontraré próximamente ahí impartiendo un primer taller literario, hasta entonces, o hasta la siguiente crónica Jupiteriana.


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