Ambas películas saben que el cuerpo negro ha sido deseado y castigado con la misma intensidad. Que se lo ha querido esclavizar, curar, santificar, redimir. Que se le ha dicho qué hacer, cómo amar, cuándo callar. En Get Out, el cuerpo de Chris es subastado en una escena escalofriante, apenas disimulada por la estética de coctel. En Sinners, el cuerpo se reprime a través del sermón, del juicio moral que condena el placer, el gozo, el blues. El pecado, nos dice la película, no es más que la vida que se resiste a ser domada. Por Saúl Araujo.
Rumbo al #Oscar2026: ‘Sinners’ (2025) de Ryan Coogler es música, identidad y liberación espiritual.
El título de la película, Sinners, se resignifica: ser un “pecador” aquí no es una condena, sino un acto de resistencia contra normas impuestas que buscan controlar cuerpos y almas. Los personajes son imperfectos, pero su humanidad, su música y su espíritu indómito son celebrados como los verdaderos triunfos frente a la opresión.

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