Astrología y cine II: Venus, el impulso del amor y ‘Ponyo’ (2008).

Observamos en esta película, el impetuoso poder de Venus retratada como la madre tierra, donde la fertilidad, la comunidad y la vida tienen un apogeo maravilloso. Se resalta el valor del amor, la comunidad y la compasión en casi todos sus personajes, representando el gusto de Venus por la exhuberancia, la unión y el conciliar dos partes. Por Aura Metzeri Altamirano Solar.

Especial: Adaptaciones literarias al cine.

Escribimos sobre grandes adaptaciones literarias al cine. Historias que nacieron entre las páginas de un libro y nos emocionaron al verlas en la gran pantalla. Una selección donde encontraremos clásicos inolvidables, obras de culto y trabajos muy actuales.

El bebé de Rosemary/Hereditary: El horror se hizo carne.

Si la retorcida, en tanto que onírica, imagería en El bebé de Rosemary era una lectura de agresión, represión sexual y subyugación, en Hereditary es la plena manifestación de la culpa, autoflagelo e incapacidad por recuperar la cordura. Tanto la figura diabólica podemos comprenderla como la de una sociedad que encarcela a la mujer y reprime su sexualidad, como los demonios internos en una situación desesperada, y traumática. Por Sebastián Valladares.

Especial: Homenaje a Ernesto Gómez Cruz.

Nacido el 7 de noviembre de 1933 en el puerto de Veracruz, Don Ernesto Gómez Cruz fue uno de los actores mexicanos más prolíficos, dueño de una vasta filmografía con más de 200 películas. Ante su lamentable partida el pasado 6 de abril, nuestro homenaje es un recorrido por cinco de sus inolvidables interpretaciones. Hasta siempre, maestro.

Astrología y cine I: Marte, el Guerrero divino y la Princesa Mononoke.

Observamos que la película transcurre en un contexto sumamente bélico, es aquí donde en esta obra maestra de Hayao Miyazaki, observamos la dualidad de Marte, mientras en la luz es representado por Ashitaka, quien no lucha innecesariamente, escoge de manera estratégica sus batallas pero no duda en tomar acción cuando se trata de defender a los inocentes, notamos un personaje imparcial que, después de ser maldecido por un dios/demonio, se ve obligado a emprender el camino del héroe, acompañado únicamente por Yakul, su fiel compañero. Por Aura Metzeri Altamirano Solar.

El corazón en la oscuridad: Blade Runner y Metrópolis.

Ridley Scott nos sitúa en el año 2019, mientras que Lang, en el 2026. La diferencia de épocas no implica que no exista similitud temática: Alienación, como producto del sistema en el que los obreros no son reconocidos como personas y laboran en grupos enormes, y la búsqueda de identidad. Pero de entre miles de habitantes de una ciudad que parece nunca dormir, ¿es posible para alguien hacer un cambio? Aquí es cuando nos empezamos a dividir entre ambas obras. Por Sebastián Valladares.

Los fantasmas de las amistades muertas son ‘The Banshees of Inisherin’ (2022).

Una folklorica versión de Guerra Civil comienza en Inisherin ante la renuencia de Pádraic por aceptar la petición de Colm de dejarlo en paz, por lo que entre situaciones un tanto divertidas y también conmovedoras, enmarcadas por los bellos paisajes irlandeses y una constante aparición virginal, estos dos amigos tendrán que llegar a una resolución que llega a implicar sangre y muerte. Por Anahi Vargas Carbajal.

#Oscar2024: ‘Killers of the Flower Moon’ (2023) de Martin Scorsese.

Cada escena cuidadosamente bañada del más profundo simbolismo, cada toma perfectamente posicionada bajo el lenguaje significante de la cámara, cada color y cada sonido que embriagan a una audiencia sedienta de buen cine. La Santa Trinidad de Martín (familia, religión y violencia) cobra vida una vez más para crear a esos personajes consumidos por la ambición desmedida y la culpa, hasta el punto en que una suplanta a la otra, carcomiéndose sus entrañas. Scorsese no es ajeno al dolor, nunca lo fue. En este su último film, ese dolor se transforma en la reivindicación, en el reconocimiento a labor de la imagen, de aquellos hombres y mujeres Osage que fueron indignamente asesinados por los coyotes de siempre. Por Santiago Jordán.

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