Vivir un poquito antes de morir

A quiet place: Day one (2024) o Un lugar en Silencio: Día uno, es una película que nace a partir del imaginario de horror creado por John Krasinski que habíamos visto en A quiet Place (2018) y A quiet Place II (2020), creo que funciona como precuela. La escribió, la dirigió y la produjo Michael Sarnoski, y déjenme decirles que lo hizo muy bien.

Sam es una mujer con una enfermedad terminal que busca “sobrevivir” a una invasión de alienígenas que tienen oídos supersónicos; si te mantienes en silencio, no te cazan, esa es la forma de sobrevivir. Mientras la historia se va desarrollando alrededor de obtener una porción de pizza de una pizzería específica del Harlem, vas descubriendo que Sam no es cualquier enferma terminal, es una poeta, y “sobrevivir” es para ella una forma de vivir un poco antes de morir. Tiene un gato: Frodo, que tampoco es cualquier gato, y no les cuento más porque será muy bello que ustedes descubran por qué el gato en esta historia tiene un rol fundamental y poético.

Ya iba siendo hora de que la poesía se manifieste en este universo de horror creado por Krasinski, porque si el silencio es el elemento narrativo principal en la historia, hablar, susurrar, gritar y callar se convierten en actos poéticos de vida y/o muerte.

El silencio como metáfora del miedo a morir y el gato como respuesta metafórica de afrontar las dificultades y finalmente abrazar la vida y desabrazar la muerte. Una de las cosas que más me gustó en esta película fue la construcción de los personajes, finalmente no son personajes complejos, son personajes de a pie, con todos los miedos y defectos que cualquiera trae consigo; pero también con una inherente capacidad de crecer en la medida de sus necesidades, en este caso: VIVIR. Se desarrollan lento y crecen cada uno apoyado en el otro, pero sin perder su individualidad, una nueva forma de manifestar el amor, pienso. Más allá de eso, la película tiene todo lo que una película convencional de horror debe tener, y ha sido puesto todo en su lugar, finamente y con una carga poética notable.

Lupita Nyogo y Joseph Quinn desarrollan muy bien a dos personajes que parecen simples pero que tienen mucha textura en su humanidad. Actuaciones remarcables, la verdad. Además, a más de uno le encantará ver en pantalla gigante al queridísimo Eddie Munson de Stranger Things.

¿Se las aconsejo? Sí, lloré tres veces (es la primera vez que lloro en una película de horror). ¿Vale la pena verla en cine? Definitivamente, sí. 


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