Escrita y dirigida por el director georgiano Zaza Urushadze. Es una coproducción Estonia-Georgia. Un drama bélico en el que un par de veces vas a sonreir, y hay que prestar mucha atención en esos momentos en los que la sonrisa sale, porque son los más profundos en esta modesta película. El guión es maravilloso, redondo, casi perfecto. Ivo es un carpintero estonio que vive en el área rural de Georgia que ante el conflicto de la guerra civil Abjasia-Georgia, decide quedarse en su casa a modo de ayudar a su amigo Margus en la cosecha de su campo de mandarinas, Margus está solo y apenas puede avanzar cosechando, Ivo le hace cajas de madera en las que pueda transportar las mandarinas para hacer algo de dinero; y la película empieza así, y termina así: en el taller haciendo cajas.
Un enfrentamiento entre ambos bandos sucede en la puerta de la casa de Ivo, de ahí rescata a un superviviente, luego con Margus llevan los cuerpos de los muertos a enterrarlos en una fosa común, allí descubren que hay otro sobreviviente, sin preguntar nada lo llevan a casa. Salvan la vida de estos dos sin saber que cada uno pertenece a sendos bandos, en ese momento la película, que no ahonda en temas políticos, se convierte en una historia de humanidad y tolerancia. Niko es un soldado georgiano, Ahmed es un mercenario checheno (contratado por el bando que busca independizarse) intentando hacer algo de dinero para su familia, Ivo y Margus son los dos últimos pobladores de una vieja colonia estoniana donde se produce mandarina de la que todos los habitantes se han ido por la guerra, menos ellos dos que han hecho su vida y han visto nacer y morir a sus hijos en esa tierra. Lo interesante de esta película es que el discurso es tan sencillo que no cae en moralismos, y si algo hay que decir sobre la guerra y la muerte, el director tiene el cuidado de simplemente mostrarlo dejando al espectador para que entienda aquello desde su propio lugar. Extraigo este diálogo:
“ Margus: ¿Sabes cómo llamo a esta guerra? La guerra de los cítricos.
Ivo: ¿Qué quieres decir?
Margus: Es una guerra contra mis mandarinas.
Ivo: No seas tonto. Están luchando por la tierra.
Margus: Por la tierra donde crecen mis mandarinas.”
Zaza Urushadze teje muy fino esta historia, con nudos precisos y elegantes, llenos de una delicadeza casi poética que hace que si el producto final debe ser un textil, éste sea un encaje. En el transcurso de la historia estos nudos se manifiestan arreglando la cinta de un casete, puliendo madera, encendiendo el fuego, y acá también el director nos muestra algo para comprender que si bien una guerra no se termina si ambos bandos se sientan a la mesa, toman un té y comparten un pan, sino cuando las personas cambian; y ese cambio, el que no se ve, es aquello en lo que te quedas pensando luego de ver la película. Cuando una bomba explota no son sólo cuerpos los que se despedazan, son muchas cosas y en los vivos quedan las esquirlas.
Es muy bella, 83 minutos a un ritmo casi melancólico en el que además la banda sonora ayuda muchísimo a mover las fibras hacia esa calma en busca de sosiego donde este director te va llevando. Me encantó y les sugiero que la vean.

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