Malandrines, un análisis del arquetipo mercurial (Reseña)

El embaucador, el prestidigitador, el comerciante mañoso, el mentiroso, tantos personajes que llegan a convulsionar la cotidianeidad, son reunidos de forma curiosa en esta serie de crónicas. Una cosa me llama la atención sobre la mitología nórdica. Dentro de la cosmovisión griega, Hermes hace la vez de patrón de los mensajeros, los comerciantes y los ladrones, para los nórdicos, observamos que la dualidad se separa en dos partes claras y bien definidas (cosa importante para el tema que tratará Isabella Portilla en Malandrines) , por un lado, el queridísimo Heimdall, guardián del umbral, quien con su trompeta anunciará a los dioses los horrores del ragnarok, la última suerte apocalíptica, desencadenada, precisamente por quien será arquetípicamente, el sujeto de estudio de este libro maravilloso, Loki, el Dios del engaño. Otro ejemplo de aquella característica elocuente, mercurial y flexible: el ajolote o monstruo de agua, que busca burlar su destino y escapar del requerido sacrificio para la creación del mundo, la metamorfosis es entonces el arma y herramienta de nuestros personajes.

La autora Isabella Portilla

A través de este libro, exploramos las diversas ocurrencias y la brillante genialidad de personajes colombianos, que en sus jugarretas, nos sorprenden con la maravilla que puede incentivarse desde la malicia, la llamada mala fe. El carisma, como buena espada, tiene un doble filo, la palabra conlleva un poder antiquísimo del cual, el mismo Génesis nos ha advertido antes, desde la palabra se crean realidades, y desde la astucia y capacidad para engañar, los personajes de Malandrines nos conmueven , horrorizan y llenan de una observación plácida sobre la ingenuidad de las víctimas, tanto como el papel correctamente interpretado de los victimarios. 

Hermes, dios asociado al comercio, el engaño y la comunicación

Cuando uno lee periodismo, y más uno narrado de manera amena, cotidiana y remitiéndose a la extraordinaria simplicidad de los hechos, cosa que la autora logra de buena manera, entiende no solo a Colombia, sino a Latinoamérica entera como un país que supera toda ficción, toda posibilidad de crear personajes complejos, mercuriales, que saben moverse por una serie de espectros donde la palabra y su propia convicción, logra hacer mella en la verdad objetiva. Isabella Portilla nos muestra la capacidad del ser humano para distorsionar la realidad a través de la inteligencia y por tanto, la necesidad de un discernimiento bien planteado.

Comenzando por historias sumamente picantes, tal como la de Juan Carlos Guzmán, el escapista, la cronista nos sume en un hilo que recuerda las alarmas que ya diera Carlos Monsiváis en sus «Mil y un velorios» , mostrando sombras de la naturaleza humana inauditas, tanto por sus mismas raíces, como por sus efectos. Exploramos a través del libro, la historia una bruja oscura, timos piramidales, bribones en sotanas, asesinos, usurpadores de identidad y hasta un falso embarazo. Isabella retrata personajes tanto masculinos como femeninos por igual, de diferente condición y nivel de engaño. 

La serie de crónicas, crea un hilo conductor, en los casos en los que los hechos lo permiten, entre la formación de los genios dedicados al engaño y sus circos. Figuras arlequinescas se despliegan, retratando las maravillas de la astucia humana. 

Aquí un símil tiene cabida. El libro explora la capacidad del aire, del palo de las espadas del tarot, la capacidad humana de separar por categorías. Otro punto debe de ser tomado en favor de esta maravilloso trabajo de investigación, el periodismo, por sí mismo, es una corriente de la comunicación que guarda también el carácter mercurial, la flexibilidad, inteligencia y capacidad de filtro hacen de estas crónicas una lectura amena, divertida y sorprendente, agregando la dimensión de la desgracia y los vicios humanos, teniendo crónicas que rozan con el terror y el cuestionamiento sobre los niveles que pueden alcanzar las sombras humanas.


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