‘Cónclave’ (2024): Más Allá de La Religión y El Poder.

Por Orlando Betancourt

Cónclave significa “con llave”. Los cardenales dispuestos a elegir a un nuevo Padre están bajo llave, separados del mundo, exentos de influencias ajenas. El colegiado vetusto reunido bajo la bóveda de la Capilla Sixtina sabe que la decisión agregará una baldosa más al edificio histórico del poder católico.

Para muchos es su última oportunidad de coronar la vida que se les va. Al concentrarse en determinar a su nuevo líder, los eclesiásticos se guiarán por sus razones, convicciones, intereses, alianzas y ambiciones personales.

En Cónclave (Edward Berger, Alemania, 1970) el secretismo es el hilo conductor. Desde la muerte del Papa que será sustituido, hasta el papel (determinante) de la única mujer en el encuentro; desde el sentido del voto de cada cardenal, hasta el giro final de la historia. Cónclave es el encuentro de los monstruos, la liturgia como pretexto para reproducir el poder al costo que sea.

Quizá en la novela de Robert Harris el desenlace sorpresivo sea tratado con mayor profundidad, pero en el filme es, a mi juicio, insustancial. Lo trascendente es el proceso. Lo es porque la encerrona rebasa los muros anquilosados de El Vaticano para entrometerse en los resortes internos que mueven al ser humano en sus relaciones sociales.

Photo: Internet

El filme machaca sobre nuestra más pura humanidad. Aparenta ser una lección de alta política, al mismo tiempo convenenciera y diplomática, falaz y fina, pero en realidad Berger retrata en los cardenales sus pasiones más primitivas. Esas pasiones que todos, incluso fuera del mundo religioso, experimentaremos alguna vez en la vida, lo reconozcamos o no.

Cuando el peligro aceche y ponga en riesgo nuestros más caros objetivos tanto en el amor, en el trabajo, en el negocio o en la familia, sacaremos ventaja de algún secreto de otros, indagaremos subrepticiamente en rincones que nos son vedados, humillaremos si es necesario a quien nos saque ventaja, destruiremos reputaciones y buscaremos aliarnos con quien nos garantice la seguridad de nuestros anhelos.

Somos cardenales de nuestro propio destino. Somos cardenales eligiendo caminos. Algunos dirán que no, que hay escala de valores, que hay moral, que hay ética y que ni siquiera hacemos política en el recorrido de nuestras vidas. Habrá casos, pero quién, a estas alturas, podría desmentir al viejo Homero y a sus recreaciones clásicas de las eternas pasiones humanas que caracterizan a la especie. Cónclave es un recordatorio de lo que somos. 


Orlando Betancourt Escalante. ORBE. Desde 2021, dirijo la editorial Mind Memoria Indeleble. Escribo letras para canciones, pero nomás no encuentro al músico que me ayude a musicalizar. La editorial El Canto de la Alondra me ha incluido en tres antologías poéticas recientemente. Soy licenciado en Comunicación por la UNAM, con estudios de maestría en administración pública (inap). Rebasé hace rato los cincuenta años… ¡y tengo aún tan­tos proyectos pendientes! Remojar más seguido mis pies en el mar, embelesarme con alguna obra de Donizetti en el Opera House de NY o asistir a un Grand Slam de tenis (bueno, aunque sea a un solo juego). Años atrás sumé tanto que ahora empiezo a despedirme de personas, amores y sueños.


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