Si un día alguien nos suelta la siguiente frase: What is love, seguramente pensaremos en la canción de Haddaway, sin embargo para mi tomó la siguiente interpretación: La puerta de acceso a Suzanne Jackson una artista multidisciplinaria nacida en Missouri que ha explorado la escultura, pintura, dibujo, poesía y artes visuales que tiene su propia exposición en el MoMA de San Francisco.

Es común el error de pensar que los artistas se enfocan en una sola disciplina y difícilmente podrán transitar alguna otra, sin embargo “What is love” logra juntar gran parte del trabajo realizado por Suzanne a lo largo de sus 50 años de carrera, mismo que refleja también la incansable labor para que la obra de otros artistas afrodescendientes pudiera ser realizado y exhibido en distintas galerías, esta especificación es importante, pues recordemos que durante mucho tiempo su obra e incluso su existencia fue borrada de la vida pública.
Y es que todo el montaje nos lleva a conocer las distintas etapas de creación por las que ha pasado la artista, desde las pinturas que realizó más o menos en la década de los 60’s y que reflejaban, sí la niñez que vivió pero también abordaban temas como la contracultura que se respiraba en el ambiente durante ese momento histórico.

Las marchas, protestas y por ende los carteles que llevaban consignas buscando la igualdad de derechos entre los integrantes de la sociedad también formaban parte de esta exposición, aunque muchas de ellas solo fotografiados, pues el paso del tiempo perdona poco por mucho que puedan significar estos archivos históricos para las futuras generaciones.
No puedo omitir esas libretas en dónde estaban anotados todos esos poemas, que siendo honesta, eran tan hermosos como la escritura de Suzanne y los dibujos que acompañaban a algunos de ellos.

Podría pasarme un par de horas abordando cada objeto que tuve la oportunidad de ver, sin embargo quisiera enfocarme en una parte que me causó extrañeza pero mucha curiosidad, me refiero a la sala en dónde se encontraban estos montajes que colgaban desde el techo y llegaban al suelo de la habitación.

Su textura parecía plástica, como si fueran residuos fundidos y les juro que por un momento mis pensamientos intrusivos me traicionaron pues estuve a punto de extender mi mano y tocar lo que estaba ahí y que hasta ese momento, eran completamente desconocidos para mí.

Si echaron a volar su imaginación, en este punto podrían haber pensado que esto de lo que les hablo era pintura acrílica, sí mezclada con algunos residuos reciclables, pero eran unos largos lienzos de pintura, textiles y otros elementos que formaban una suerte de redes y esculturas coloridas que nos permitían ver otra faceta de la artista, una en dónde ni siquiera el origen de los objetos puede marcar un límite.
Avanzando ya en la sala, pude observar que había un espacio interactivo en el cuál podíamos, aquellos a los que nos comía la curiosidad, tocar una muestra de materiales de lo que estaban hechas las piezas.

Creo que ahí pude comprender que el arte no siempre es eso que se cuelga en la pared, se monta en un pedestal o se enmarca, el arte explora distintas áreas de la vida de cada artista, nos habla de sus etapas y de como la comunicación no tiene un límite.
En esta ocasión el MoMA me permitió conocer las muchas caras del talento de una artista como Suzanne y yo no podría estar más feliz, admito que para lograr escribir esto pasaron varias noches escribiendo, una plática con el curador de arte Juvenal Urzúa a quién agradezco infinitamente su paciencia y conocimientos, y la inquieta curiosidad que la obra despertó en mi ser.

Si andan por San Francisco, visiten el MoMA, pues la exhibición estará disponible hasta el 01 de Marzo y de verdad considero que es algo imperdible.
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