A casi un siglo de su estreno, El Fantasma del Convento es un ejemplo excepcional del cine de terror sobrenatural construido meticulosamente tanto en su narrativa como en su sorprendente lenguaje visual y uso de sonido con una narrativa que examina las consecuencias de los conflictos pasionales desde el punto de vista de la religión católica y que en la actualidad destaca como la principal cinta de terror mexicano a inicios de la etapa sonora que coloca a Fernando de Fuentes como uno de los máximos exponentes que dejó una huella indeleble con sus aportaciones creativas en la industria.
Buñuel contra la fe: el milagro incómodo de Nazarín.
La película cuestiona la fe, la religión, una sociedad convulsa y la fragilidad del papel de las mujeres en una época en la que su lugar era constantemente debatido y definido por otros. El protagonista, el cura Nazario, es el vehículo del cuestionamiento, la redención y la fe puesta a prueba a lo largo de toda la historia.
El escapulario (1968): una joya visual que confirma el genio de Gabriel Figueroa.
El ambiente, filmado casi por completo en Tepotzotlán; la atmósfera totalmente sumergida en el suspenso y enmarcada en la época de la Revolución —haciendo eco con la música de la época y el lenguaje coloquial que usan sus personajes—, me recordó a los Cuentos de la Revolución por el retrato del hombre rural, hosco, curtido a los rayos del sol y las carencias. Varias de las tomas reflejan fielmente la clásica imagen de la época de conmoción social.
La muerte inevitable: ‘Macario’ (1960) de Roberto Gavaldón.
Con un guion del propio Gavaldón y Emilio Carballido, basado en la novela de Bruno Traven, Macario es una reflexiva aproximación onírica a la miseria, las diferencias sociales y sobre todo, a la ineludible muerte que a todos y cada uno trata por igual. El realismo mágico inunda cada fotograma con elementos que rodean tradiciones y costumbres como el día de muertos, donde el misticismo de realidad y fantasía se difumina.

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