Por David Corona.
Una propuesta que el cine mexicano soltó en el año 2019 fue Perdida de Jorge Michel Grau, adaptación de la cinta original del director colombiano Andrés Baiz, La Cara Oculta.
Perdida es la historia de Carolina, Eric y Fabiana; los primeros dos, una joven pareja que se muda a una amplia y lujosa casa a las orillas de la Ciudad de México. Eric, director de Orquesta, ve poco a poco consolidadas sus aspiraciones personales cuando Carolina acepta entrar en la vida de Eric en la espera del fortalecimiento de vínculos afectivos; enamorados, la pareja se desenvuelve en una atmósfera de prosperidad y deseo mutuo, Carolina se pone a cargo de los pormenores de su nueva casa y Eric se ve complacido en y con las decisiones de Carolina.
La casa recién comprada perteneció a la amante de un ex funcionario mexicano que una vez pasados los tiempos de bonanza y sin la solvencia económica para mantenerla decide venderla no sin antes mostrarle a la nueva dueña un ínfimo detalle: la casa tiene un búnker. La entrada al búnker es un gran y bello espejo que está en el dormitorio principal de la casa. Un lugar razonable. Dueña y ex dueña dan un paseo al interior del búnker y secretos más, secretos menos al interior de él, la llave del sitio oculto le es entregada a Carolina y junto con la llave ella decide también quedarse para sí misma el secreto de lo que hay detrás del espejo de la habitación donde duerme con Eric.
Muchas de las veces llegamos a la verdad de formas inesperadas, es cierto, la verdad es la que respiramos, la que tocamos, no es la verdad eso que es intangible o eso que está condicionado meramente al margen de lo conceptual. La verdad es eso que vamos hilando por medio de las acciones: los momentos que vivimos. Algunos le llaman presente.
En estas líneas se intenta abordar el cuestionamiento sobre el Castigo y sus efectos entre quien lo aplica y quien lo recibe y su inequívoco efecto de que quien genera el castigo también termina siendo el castigado. Dualidad peligrosa que termina extraviando su rostro inicial en una galería inmensa de máscaras que terminan diluyendo el rostro original por otros igual de convincentes.
La Real Academia Española (RAE) define la palabra Castigo como “Pena que se impone a quien ha cometido un delito o falta. (2) ”
El tiempo presente, por ser breve, de forma consciente casi siempre se ve consumido por el pasado, por el recuerdo, por la memoria. Esos demonios de dientes filosos que descansan cuando terminaron de masticar y casi de engullir la mínima presencia del aquí y el ahora; son los mismos demonios que las demás personas van adornando con gratitud su vida, es decir, su presente y otra vez el mismo círculo.
El pasado pesa por todo el presente que se ha tragado y entonces ¿acaso no importa de qué tipo de pasado estemos hablando? ¿es el mismo demonio –aquel que ya mencionamos al inicio del párrafo- sin distinción de emociones y experiencias? Resulta inevitable no poder ver como un monstruo al tiempo pretérito debido a su implacable cualidad de alejar de súbito a la impresión de la experiencia vivida. Si algo resulta ser agradable resulta que es poco el presente y si es desagradable entonces fue tan veloz su acción que no alcanzó el tiempo para aprender de ella: el pretérito parece que nos termina castigando. Bueno o malo todo en un instante se pierde.
El pasado todo lo posee. Sobre el tiempo futuro es vago lo que pudiésemos dialogar, los efectos del tiempo futuro en realidad no determinan nada salvo las condiciones del humor o del temple personal, porque, en la naturaleza del futuro está enramada la esperanza; la esperanza como expectativa, si hubo acciones en el relativo presente entonces se puede decir que efectivamente hay expectación por ella.
Ahora, retomado la diégesis de la película en cuestión, diremos que Carolina se ve rodeada por la incertidumbre de quien lo deja todo por el ser que ama: proyectos profesionales, amistades e ideas vagas de una vida que le espera al lado de quien ha elegido como su compañero en la vida. Carolina, al borde del idilio, toma parte de la felicidad de su pareja pero sabe que en realidad esa felicidad no es la suya, cómplice pero no independiente en esa línea de las realizaciones.
Carolina sospecha que Eric le es infiel y está determinada en comprobárselo, con esta determinación ella buscará aleccionar a su pareja y así acomodar el desorden que deja el secreto y la falacia. Carolina ha pensado en el castigo ideal para su infiel pareja: desaparecer. Sin dejar rastro alguno, tan solo una videograbación de despedida, Carolina da comienzo a una escalada de lecciones para su relación.
Cuando se impone un castigo inmediatamente se piensa en una corrección, alineamiento y rescate del orden perdido, castigar no es una acción solitaria o quiero decir unidireccional porque el castigo siempre trae espejos, remordimientos y penas que en plenitud de la conciencia de las faltas cometidas es el temor el engrane que hace que circule la conciencia de lo que es correcto y de lo que no lo es. Por un lado Eric sabe que está faltando al pacto de monogamia y Carolina, sabe, que las sospechas no son razones suficientes para romper el pacto de confianza. Ambos reconocen que viven fallando. Bajo el mando de la falla la conciencia se castiga. La tensión, por otro lado, está justificada, dice De Montaigne: “Quien aguarda el castigo lo sufre de antemano y quien lo merece lo espera. La maldad trama tormentos contra sí misma” (2014, p. 64) (3). Es evidente que la relación ha perdido fuerza.
Sobre el castigo formula Nietzsche: “El castigo desea resguardar de un daño futuro, quiere provocar temor” (2010, p. 39) (4) . Carolina pone en marcha su plan, como se mencionó antes ella desaparecerá, se ocultará en el viejo búnker de su casa que aún permanecía como algo propio, algo suyo y nada más que suyo. Al entrar al búnker Carolina se encuentra en un mundo casi omnisciente, todo lo ve a través de su gran espejo, siente que su plan es infalible y que a partir de ese momento tendrá el control de las acciones que su implacable castigo pudiera desencadenar. Castigar el error de Eric y ser testiga de ello: “Quizá nuestro adversario nos haya hecho perder nuestra fortuna, nuestro estatus, nuestros amigos o nuestros hijos; con la venganza no recuperamos estas pérdidas, la reparación alcanza solamente a una pérdida accesoria que se suma a las pérdidas mencionadas” (2010, p. 38).
Ante la ausencia de Carolina, Fabiana aparecerá en la vida de Eric como un aliciente al fuerte dolor de la inexplicable pérdida que el joven director de orquesta ha experimentado. Eric y Fabiana desconocen que Carolina los observa detrás del espejo, no saben que Carolina no encuentra la manera de salir del búnker, no la ven, no la escuchan: Carolina ya no existe en la vida de la nueva pareja.
Carolina olvidó llevar consigo misma la llave que la sacaría del búnker cuando ella así lo decidiera. El castigo, en su inmaterialidad, posee brazos que abarcan a todos los involucrados en sus menesteres; sin importar la posición que se ocupe dentro del castigo sus efectos son altamente transgresores una vez que se ha conjurado su nombre y una vez que se ha solicitado sus servicios. El pago por utilizar al castigo como figura o cuerpo de condena a veces es el autosacrificio. ¿Es posible la conciliación una vez que se ha recurrido al castigo?. A decir de De Montaigne, Carolina atrapada en el búnker experimenta una tortura: “La tortura es, en conclusión y a decir verdad, un procedimiento lleno de incertidumbre y de consecuencias detestables” (2014, p. 67). La figura de una Carolina poderosa y calculadora se ha debilitado ante el primer error que fue el descuido y ante el segundo error que fue el olvido. Carolina ha sido castigada, alcanzada por los brazos inmateriales del castigo.
La tortura debilita y el castigo interioriza, a veces sin asimilar, las consecuencias de los actos. Durante la película de Michel Grau me preguntaba por lo escrupulosa que es la suspicacia, me inquietó mirar lo amargo de las lecciones que a veces pretendemos darle a los otros, castigar es una palabra bien compleja y digna de cuestionar su lugar entre las personas que habitamos este mundo.
La división de la personalidad va de la mano con la ejecución de un castigo pues, de alguna manera, nos vemos encadenados a sus efectos; los efectos del castigo indudablemente poseen un rebote que golpea la conciencia. El castigo no es unidireccional, de alguna manera nos cierne en el campo de la enseñanza tarde o temprano. La verdad de las cosas no está en el futuro ni siquiera está en la comedia de las intenciones, por momentos pareciera que existe en nuestros errores (el breve y minúsculo presente). Es tragedia cuando se alecciona en nombre del amor.
¿Cómo se librará Carolina del búnker? Bueno, eso es otra cosa.
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[1] Grau, J. (2019). Perdida [película]. Dynamo Producciones.
[2] REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la Lengua Española, 23 ed., (versión 23.7 en línea) https://dle.re.es (consulta 04 de junio de 2024).
[3] DE MONTAIGNE, M. (2014). De la amistad. México, Taurus.
[4] NIETZSCHE, F. (2010). El viajero y su sombra. Barcelona-España, Plutón Ediciones.
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