Por Aura Metzeri Altamirano Solar.
México es como he dicho antes, un semillero de culturas, ombligo de la luna y centro del Universo. Hay un mito que deseo rescatar de la lejana memoria mexica para explicar el impacto actual que tiene este sitio arqueológico: Este es el mito de Cipactli, la gran bestia reptil de la que se formó el Universo, parecida a su pariente nórdica, Jörmungandr, quien rodea el océano del mundo y sostiene su estructura. Ambas criaturas pertenecen al mundo primitivo, dónde rondan los leviatanes. Cipactli es vencida y descuartizada por Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, como otra figura nórdica, el gigante Ymir su cuerpo se usa como materia prima del mundo.
Está crónica será más corta que otras, pero significativa. Teotihuacán es uno de esos sitios donde me la pasaba metida de escuincla. Disfrutaba subir en las pirámides (cuando se podía) y ver desde arriba una realidad tan tierna y distinta a la de la cercana Ciudad de México.
Hay dos procesos a relatar y reflexionar que surgen de mis dos visitas a este icónico sitio. Ambos procesos se ven relatados tanto en las pirámides como tal, como en el museo de sitio. Primero la muerte y la fertilización dada por esa muerte, se derrama sobre la tierra para multiplicar la vida. Un mito que se repite en múltiples ocasiones. Hemos mencionado ejemplos al inicio, otro más, la Gólgota. Después una figura más cercana a nuestra época, Coatlicue, la diosa desollada. México como lento atanor, compone y teje mil culturas en su vientre, todas estas culturas vienen de orígenes rotos y misteriosos. Muchas han caído, desaparecido o sufrido transformaciones radicales. Tenemos por dar ejemplo, un fuerte injerto del mundo europeo desde la conquista . Los españoles, a su vez, tienen un injerto de la cultura árabe, así las culturas se entrelazan desde una transformación y fusión profunda, nos vamos acercando a una síntesis cultural.

Las viejas culturas prehispánicas están en su mayoría inactivas, mezcladas, perdidas. Algunas sobreviven con heroísmo y se rigen por leyes propias (como los wixaricas), sobreviviendo a las narrativas modernas. México en esencia tiene una identidad camaleónica, no es fija sino adaptable y flexible. Visitar sitios arqueológicos de tanta magnificencia, nos hace desear entrar en contacto con antiguas narrativas y seguirlas tejiendo, de paso, es necesario terminar de derribar narrativas que califiquen a la conquista de acto civilizatorio. Se debe entender como acto egóico que sin embargo, abrió ventanas, puertas y puentes entre el viejo y nuevo mundo, un primer dolor que abre las puertas a la expansión, bien se sabe que el crecimiento puede ser proceso incómodo y doloroso.
Así concluyó que aunque me fascina estos sitios, poco se de sus maravillas, al menos poco en comparación a cuanto seria bueno y quisiera conocer. Queda la semilla de sus culturas vivas, la información de sus sitios, los códices y museos pero hay sin duda una tarea pendiente a completar.
Es México y su antigua historia por reconstruir, un crisol a punto de explotar en su nueva identidad, en una palabra: renacer y vencer una modernidad que se come de estrés a sus habitantes en las burbujas citadinas, con mandatos profanos y desprovistos de todo sentido. El museo expresa la sacralidad cotidianidad y dualidad de la vieja Teotihuacán de la que mucho podrían recuperar y valerse las ciudades encerradas en la histeria capitalista.
El segundo proceso surge y es uno que por fortuna te tenido oportunidad de experimentar dos veces , al menos de manera parcial: La apoteosis. El camino de la tierra, al Averno, al paraíso y de vuelta. Teotihuacán, el sitio de los dioses, planta las posibilidades de comprender y explorar nuestro lado luminoso o divino, donde residen los templos y los dioses es donde también reside todo lo que consideramos bendito y sagrado, por mera correspondencia, uno podría terminar contagiado por el poder y las virtudes que sugieren los mitos y ritos de cada cultura.

Aquí se abren puertas hacia lo sagrado, en medio de una naturaleza árida. Cuando visito estos sitios algo nuevo ocurre, una pesada tela cae del cuerpo y el alma respira, todo el que pise estos sitios con atención notará una vieja sabiduría que se desata, al menos en deseo, en potencialidad.
El museo da idea de los cultos, generalidades de la cosmovisión mexica y una que en particular nos distingue, la concepción de la muerte como un umbral. La vemos con mayor detenimiento y valentía que la herencia ideológica de occidente . Menos negacionista, se acepta que se tiene que pasar por el Mictlán, volverse psicopompo y regresar del Averno para conocer también el alcance de la luz.
Las dos veces que he podido ir han sido diferentes, con amigos entrañables, nuevos y viejos. Hay mensajes y sincronicidades. Yo también era una vieja criatura que ya no se podía sostener en el caos, he de entonces morir (simbólicamente) y renacer como nuevo mundo. Pérdida y renovación hacen que una finales y principios, re-conocí con nuevos ojos las ruinas que amaba de niña, dónde el dominio del caos, lleva a la búsqueda y alcance de lo divino.

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