Alguien pasa
y mientras pienso
si será el,
la luna de medianoche
se cubre de nubes.
–Murasaki Shikibu–
Murasaki Shikibu ha trascendido en la literatura japonesa y universal como la autora de Genji Monogatari, la primera novela psicológica de la historia. También escribió un diario —Murasaki Shikibu nikki— y varias colecciones de poemas, unas como parte de sus obras narrativas, y otras independientes de estas; formó parte del Nyōbō Sanjūrokkasen, o Las treinta y seis mujeres inmortales de la poesía una lista antológica de poetas de la Era Kamakura.
Nació entre el 974 y 978. Fue hija de Fujiwara Tametoki y, por tanto, miembro de una de las ramas de la célebre familia Fujiwara. Su bisabuelo fue el gran poeta Fujiwara no Kanesuki. En relación al nombre por el que trascendió, Shikibu corresponde al título que alcanzó su padre y respecto a Murasaki, existen al menos dos versiones. Una refiere que lo recibió en alusión a la heroína de su célebre novela. Y la otra explica que mientras su madre ejercía como dama de la corte del emperador este le brindó nombre a la niña, según un antiguo poema:
«Cuando la hierba púrpura —murasaki— está en el apogeo de su color,
apenas se distinguen las demás hierbas del campo».

Su padre fue gobernador de las provincias Harima, Echizen y Echigo, y ella y su familia debieron acompañarlo a Echizen cerca de 996. Fujiwara Tametoki le brindó educación, aunque trasciende su lamento debido a que Murasaki no hubiera nacido varón. Lo cierto es que la avispada niña aprendió los caracteres chinos, saber prohibido en la época a las mujeres, al ver estudiar a su hermano:
«Cuando mi hermano […] era un niño que estudiaba los clásicos chinos, solía escucharle y, cuando él tropezaba o no entendía alguna cosa, me veía capaz de ayudarle y sacarlo del atolladero. Mi padre, al oírnos, solía repetir, suspirando: «¡Qué lástima que el niño no sea ella!». Pero pronto me di cuenta de que la gente empezaba a murmurar: «Ya parece mal que un hombre exhiba su saber…», de modo que en adelante me abstuve incluso de trazar el número uno en caracteres chinos».
Tras un año lejos, Murasaki regresó a Heian y se casó cerca de los 20 —en el 999— con otro Fujiwara, llamado Nobutaka. Tuvo al menos una hija, aunque algunos autores refieren dos: Daini no Sanmi, a quien se le atribuye el Sagoromo monogatari —si bien en realidad se desconoce el autor de este texto—. Enviudó en el 1001, debido a la peste que atacó a Japón en tal fecha, luego de un matrimonio al parecer feliz. En su diario, Murasaki Shikibu se lamentó profusamente de la muerte de su esposo. Todo indica que empezó a escribir Genji monogatari en ese tiempo, mientras vivía apartada de la ciudad. Entre 1005 y 1007, entró a la corte, primero al servicio de Michinaga y luego en calidad de dama de honor o nyōbō de la consorte imperial —segunda esposa o chugu— Shōshi o Akiko (988-1074), la hija de Fujiwara no Michinaga, y esposa del emperador Ichijō. Es de suponer que su obra, ya en circulación, había despertado el interés de Shōshi y fuera tal el motivo de la invitación al palacio. Lo cierto es que Murasaki Shikibu devino así hasta cerca de 1013, parte esencial de un círculo cortesano y literario femenino junto a autoras como Izumi Shikibu y Akazome Emon, en franca rivalidad con aquel que aglutinó otra de las esposas del emperador, la consorte Teishi o Sadako (977-1000), que contaba entre sus damas a la reconocida Sei Shōnagon.
En 1014 Murasaki Shikibu acompañó a su padre a la provincia de Echizen, hasta que aquel renunció a su cargo. Entre sus cuarenta y cincuenta años desapareció de la vida pública; pudo haber fallecido entre los años 1015 y 1031. En algún lugar del norte de Kioto se encuentra ubicada su tumba.
A fines del período Heian y luego en el Kamakura (1185-1333) y durante el Edo (1603-1868) se censura la imagen de autoras preeminentes, y ni siquiera Murasaki Shikibu, que durante su vida se mantuvo alejada de escándalos a diferencia de algunas de sus contemporáneas, escapó de tal visión negativa, eco de la perspectiva budista: se decía que había ido a parar al infierno a causa de las inmoralidades descritas en su novela.
El diario de Murasaki Shikibu
Murasaki Shikibu escribió su diario en la etapa en que vivió en la corte, entre 1005 y 1013. No existen sin embargo copias del siglo XI, ni tampoco manuscritos de la época o los siglos posteriores. Los textos que han llegado al presente datan de los siglos XVII y XVIII. Gracias a esta obra se ha podido confirmar que es suya la autoría de Genji Monogatari.
Su nikki constituye una importante crónica de la vida de las clases altas durante la etapa. La autora explora con mirada atenta múltiples temas. Destacan los relativos a los espacios femeninos y sus protocolos, así como a vestimentas, peinados y maquillajes. Es pródiga en su descripción de los trajes —uchikis—, y peinados, así como en juzgar la elegancia de la época:

«Al regresar a mi aposento desde los de la emperatriz miré en el interior del de Saisho no Kimi, y vi que estaba durmiendo. […] Llevaba un atuendo formado por uchikis de color rojo oscuro forrados de verde y de color púrpura forrados de granate, encima de los cuales se había puesto un uwagi de seda brillante carmesí. El conjunto resultaba espectacular. Creyendo hallarme ante una figura de una ilustración, retiré la manga que cubría su rostro.
—¡Pareces una princesa de cuento! —le dije».
De manera especial el Murasaki Shikibu nikki atiende los rituales relacionados al parto de la esposa imperial Shōshi, su traslado a la casa paterna, los médiums y exorcistas llamados para recibir los malos espíritus y el empleo inusual del color blanco; a la par las celebraciones relativas al nacimiento que abarcaban varios días:
«El día diez, desde las primeras horas de la mañana, se procedió a cambiar las cortinas, los biombos y las ropas del aposento de su majestad, y se la instaló en un lecho de cortinajes blancos. Su excelencia, sus hijos, y una serie de cortesanos del cuarto y del quinto rango se afanaban colgando cortinas y trayendo colchones, colchas y almohadas. […] Los hombres gritaban ensalmos para ahuyentar a los malos espíritus».
Murasaki Shikibu alterna entre la vivencia y el recuerdo y su diario incluye también fragmentos de alguna carta o poemas. Realiza la meticulosa semblanza de varias damas de la corte, y forman parte de su crónica los intercambios de la etapa, e incluso su abierta rivalidad con otras escritoras como Izumi Shikibu y Sei Shonagon, a las que criticaba por su conducta o estilo literario.
Destaca como parte del diario, el cortejo de la autora con el poderoso Fujiwara no Michinaga, un romance o flirteo con marcado énfasis intelectual, pues sin dudas debió ser la cultura uno de los atributos más poderosos de la dama:
«Su excelencia se dio cuenta de que su hija la emperatriz tenía La novela de Genji junto a ella. Una vez más soltó sus bromas de siempre, y, tomando un papel que envolvía unas ciruelas, escribió:
Aunque es bien conocido
tu saber ácido,
¿quién podría pasar de largo delante de tu madurez
y no desear cogerte?
Y yo improvisé la siguiente respuesta:
Ninguno de los que pasan
me ha probado aún.
¿Cómo saber
si soy ácida o no?»
Reflexiona asimismo Murasaki Shikibu acerca de la posición de la mujer en la etapa, e incluso si no hace una crítica abierta en relación a esto, por momentos trata el tema con enojo y cierta ironía, que alterna a ratos con la hipérbole. Lo cierto es que manifiesta una consciencia plena de la situación femenina durante el Heian, hecho que se trasluce también en su novela:
«Cuando la soledad amenaza con abrumarme, saco uno o dos libros para ojearlos; pero mis sirvientas se reúnen a mis espaldas para murmurar.
—¿Qué clase de mujer lee libros chinos? ¡Ahí está la causa de sus desgracias! —repiten—. Antes ni siquiera estaba bien visto leer los sutras».
Aunque se atiene a las normas y exigencias de la época, e incluso critica a quienes se alejan de lo establecido, se percibe en la escritora una cierta insatisfacción relativa a la posición de la mujer, así como una tendencia a la afirmación de un «yo» muy particular:
«Hermosa pero tímida, poco amiga de miradas ajenas, retraída, amante de las viejas historias, tan aficionada a la poesía que casi todo lo demás no cuenta para ella, y desdeñosa del mundo entero, he aquí la opinión desagradable que la gente tiene de mí. Y, sin embargo, cuando me conocen me consideran dulce y muy distinta de lo que les han hecho creer. Sé que la gente me tiene por una especie de proscrita, pero me he acostumbrado a ello y me digo para mis adentros: yo soy como soy».
Lo cierto es que la escritura de Murasaki Shikibu brilla por su conocimiento y manejo del mundo femenino, así como por las reflexiones que aporta con respecto a la situación de las damas de su tiempo al menos en el contexto cortesano, de modo que resalta su conciencia de género, sin muchos puntos de comparación en la literatura de la etapa a nivel global.
Genji Monogatari
No debe pensarse
que, indiferente, voy errante de flor a flor,
Pero la campánula de esta mañana
¡Cómo quisiera cogerla!
–Murasaki Shikibu: Genji Monogatari–
Genji Monogatari es una obra de ficción con una trama compleja y caracteres de gran profundidad. Retrata la vida en Heian a lo largo de setenta años en cincuenta y cuatro capítulos o libros —para un total de cuatro mil páginas—. No se centra en un acontecimiento único. Narra la historia de Genji desde que nace y sus múltiples y excesivas peripecias amorosas. Los primeros treinta tres libros versan sobre la angustia de Genji por recuperar los derechos que derivan de su nacimiento, al ser hijo de un emperador. Su muerte ocurre más o menos a los dos tercios de la novela, de modo que los capítulos finales —los llamados libros de Uji, del cuarenta y dos al cincuenta y cuatro— se enfocan en la trayectoria de dos jóvenes, Niou, un nieto de Genji y Kaoru, un supuesto hijo suyo que en realidad desciende de otro hombre.
Se supone que inicia en el reinado del emperador Daigo Tennō (897-930) y muchos consideran que el modelo para Genji fue Minamoto no Takaakira (914-982) o Nishi-no-miya, décimo hijo del emperador que, como Genji, no recibió el apellido paterno, y resultó primero exiliado y luego llamado a la capital.
Hasta para la época, en que la poligamia era permitida y se les concedían ciertas libertades a los aristócratas hombres, Genji se perfila como un antihéroe por su moral licenciosa e infinitas relaciones con mujeres de las más diversas clases sociales —alrededor de doce en el libro—, pero si algo se puede decir a su favor es que nunca abandona a una dama después de poseerla. No obstante, sus escarceos abarcan desde acostarse con la mujer de su padre —con la que llega a tener un hijo—, hasta la violación de la jovencita Murasaki a la que antes ha secuestrado y llevado a su casa para educar con la intención de convertirla en su mujer:
«Al encontrarse sola, Murasaki levantó la cabeza de la almohada y descubrió una hoja de papel doblada escrita con una caligrafía sin pretensiones. El poema decía así:
«Hemos pasado muchas noches como dos hermanos. Tarde o temprano tenía que llegar el momento».
El hecho de que Genji hubiese estado esperando aquel momento la desconcertó mucho. No podía imaginar que aquel suceso desagradable de la noche anterior supusiera el inicio de una amistad distinta y mucho más íntima entre ambos. ¿Cómo había podido mostrarse tan boba y confiar en aquel sujeto grosero y poco escrupuloso?»

Incluso si es una novela realista, lo sobrenatural encuentra cabida en la historia a partir de la trama relativa a la dama Rokujo, una de las amantes del protagonista, viuda de su tío, quien a razón de los celos se transforma en ikiryo, un espíritu viviente y posee a las dos mujeres con las que mantiene relaciones Genji, Yugao y Aoi —la esposa oficial de este— hasta causarles la muerte.
«Y con voz suave y afectuosa recitó:
—¡Cosed el dobladillo de mi vestido para que no escape el alma dolorida que quiere huir a otra parte!
Aquélla no era la voz de Aoi ni su modo de hablar. Genji advirtió súbitamente que aquella voz pertenecía a Rokujo, y quedó petrificado. Había oído decir que aquellas cosas ocurrían, pero siempre le parecieron supersticiones sólo aceptadas entre gente vulgar e ignorante. Y he aquí que, ante sus propios ojos, tenía una prueba palpable de que aquel fenómeno monstruoso que le habían contado resultaba perfectamente posible. Estaba horrorizado: todo aquello le superaba y repelía.
—No sé con quién estoy hablando. No me dejes en la duda… —dijo él.
Era ella, Rokujo, estaba seguro. Aterrorizado, expulsó a las mujeres que había en la estancia».
Posteriormente Rokujo también fallece y deviene shiryo o fantasma vengativo, de modo que vuelve a poseer a otras amantes de Genji: Murasaki y Onna san no miya —la tercera princesa—. Rokujo, incluso en su representación despiadada y como víctima de los celos, resulta un personaje bien interesante en tanto le da voz y expresión en la historia a otras mujeres que no alcanzan reivindicación.
Mezcla esta obra, novela psicológica, saga familiar, aventuras eróticas, fantasía —aunque lo que podría interpretarse como fantástico se sustenta en creencias de la época— y bildungsroman. Resulta de interés también por su manejo narrativo, empleo del monólogo interior y el estilo indirecto. El lenguaje se utiliza de manera convencional tanto en esta novela como en otros textos del Heian. Así, según indican los especialistas, una palabra como sueño —yume— puede aludir al acto sexual, lo mismo que conversar —katarau—.
También resulta relevante Genji monogatari por el despliegue poético que se desarrolla a lo largo de sus páginas. Murasaki Shikibu concibe como parte de la novela, setecientos noventa y cinco poemas waka —estilo tanka con el patrón de mora 5-7-5 / 7-7 —en tanto estos resultaban fundamentales como parte de la vida y el cortejo cortesano. Esta obra se preservó en el tiempo también por el interés que generó desde esta perspectiva.
Algunos estudiosos consideran apócrifos los libros del cuarenta y dos al cuarenta y cuatro, por su tono de transición en relación a la obra. También otros afirman que los capítulos finales, con la historia de Kaoru, son obra de otra autora, y por tradición se le adjudican a Daini no Sammi, la hija de Murasaki, aunque esto resulta mera especulación y bastante difícil de comprobar. Ciertos especialistas comparten la creencia de que a lo largo del tiempo se han perdido fragmentos de la obra, en tanto no se explica, por ejemplo, el comienzo de la relación de Genji y la princesa Rokujo, o detalles relativos a la muerte del protagonista, e incluso toda la novela culmina de modo abrupto.
Como se ha dicho, es probable que Murasaki empezara a escribir su novela a raíz, de la muerte de su esposo en 1001 y debió terminarla aproximadamente en 1010. Lo cierto es que ya en 1021 se encontraban concluidos sus cincuenta y cuatro libros o capítulos, según indica la autora del Sarachina nikki. La novela resultó un éxito desde el inicio, y quienes contaban con todos los libros podían considerarse afortunados. Además, era bien conocida hasta en las provincias alejadas de la capital, incluso por lectores de género masculino, quienes aunque por lo general solían despreciar la literatura de ficción escrita por mujeres, se acercaron a esta obra.
Han llegado al presente manuscritos relacionados con la historia de Genji que proceden de fines del siglo XII, o sea un siglo luego de que esta obra fuese escrita. En particular un rollo con ilustraciones: Genji monogatari emaki. El primer texto completo en su totalidad data del siglo XIV. Ya en 1381 fue necesario un diccionario especializado que ayudara a entender el lenguaje de la obra debido a la continua evolución de la lengua japonesa.
Fue la poeta y ensayista Akiko Yosano (1878-1942), quien concibió la primera traducción de la obra al japonés moderno (1912-1914). En la actualidad destacan numerosas versiones, entre las que se encuentran las tres del novelista Junichiro Tanizaki, la libre de Fumiko Enji y la más popular, de la monja budista Jakucho Setouchi. Muchos prefieren leer la versión clásica del inglés de Arthur Waley que sale a la luz en los años veinte del siglo XX. A lo largo del tiempo abunda también la literatura que tiene como objeto de estudio Genji Monogatari, una obra capaz de impactar la cultura japonesa en términos generales, y las artes visuales y el teatro —de manera puntual el nō, sobre todo a nivel argumental—.
A lo largo del tiempo Genji monogatari, ha sido comparado a grandes clásicos de la literatura universal, como Don Quijote por su impacto, pero también a Guerra y paz de Tolstoi, o En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, no solo por su extensión sino a razón de la multiplicidad de tramas, la profundidad de sus personajes y la consistencia filosófica y dilatada de su argumento.
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