La nueva temporada de Nadie Nos Va a Extrañar no supera a su antecesora. No obstante, ofrece un cierre emotivo y satisfactorio para una producción que recupera una época en la que el ingenio dentro de las aulas no dependía de la inteligencia artificial. A través de la nostalgia, la serie demuestra que va más allá de su contexto y presenta dudas, miedos y amistades que acompañan el paso hacia la adultez y que, a pesar del tiempo, siguen vigentes.

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