Rumbo al #Ariel2026, con 2 nominaciones: ‘La Eterna Adolescente’ (2025) abraza la oscuridad transgeneracional.

Durante una de las secuencias iniciales de La Eterna Adolescente, largometraje del cineasta tapatío Eduardo Esquivel, vemos un apagón dentro de la casa de una familia en Guadalajara conformada por Brunito (Andrés David), el hermano menor; Cristina (Emma Dib), la hermana mayor y su hija Tatis (Ruth Ramos), quienes esperan la llegada de su hermana Sony (Teresita Sánchez) la cual ha estado alejada por muchos años del núcleo familiar y que se ve obligada a regresar tras un triste suceso que involucra a su madre Gema (Magdalena Caraballo). Es precisamente mientras están a oscuras que Tatis, retando todo mandato, hurga en la sombra colectiva de la familia en forma de videos y fotografías siendo así como nosotros, los espectadores, descubrimos la existencia de una cuarta hermana, Moni (Melissa Rosales), cuya historia ha sido guardada en la penumbra de un cajón bajo llave. La presencia de Mónica pareciera haber quedado atrapada en su tiempo, más allá de los fantasmas que describía Del Toro en El Espinazo del Diablo o de las Rebecas de Hitchcock, como si fuera una eterna adolescente, pero es tal el peso de su recuerdo que se convierte en la protagonista de esta película.

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