Al contrario de los otros autores que normalmente forman parte de mi librería, Gardea no traspasó la prueba del tiempo y, podría decirse de alguna manera, cayó dentro del olvido. No quisiera entrar en detalles sobre esta gran máquina que es la industria literaria y cómo pareciera que preselecciona por nosotros los autores que debemos de leer, porque sé que es mucho más complejo que eso; tengo la seguridad de que también el estilo que maneja Gardea tiende a ser muy detallado, sobrecargada, de léxico amplio y formal, así como también suele mencionar temáticas que le pueden caer como una bola de acero encima del pecho al lector. Por Roberto Vudoyra.

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