A casi un siglo de su estreno, El Fantasma del Convento es un ejemplo excepcional del cine de terror sobrenatural construido meticulosamente tanto en su narrativa como en su sorprendente lenguaje visual y uso de sonido con una narrativa que examina las consecuencias de los conflictos pasionales desde el punto de vista de la religión católica y que en la actualidad destaca como la principal cinta de terror mexicano a inicios de la etapa sonora que coloca a Fernando de Fuentes como uno de los máximos exponentes que dejó una huella indeleble con sus aportaciones creativas en la industria.
El escapulario (1968): una joya visual que confirma el genio de Gabriel Figueroa.
El ambiente, filmado casi por completo en Tepotzotlán; la atmósfera totalmente sumergida en el suspenso y enmarcada en la época de la Revolución —haciendo eco con la música de la época y el lenguaje coloquial que usan sus personajes—, me recordó a los Cuentos de la Revolución por el retrato del hombre rural, hosco, curtido a los rayos del sol y las carencias. Varias de las tomas reflejan fielmente la clásica imagen de la época de conmoción social.
Manipulación y fantasía infantil: ‘Veneno para las hadas’ (1986) de Carlos Enrique Taboada.
En esta película Taboada se deshace de lo paranormal y nos deja solamente con hechos que surgen en la mente de sus protagonistas y su fantasía encadenada entre hechizos, brujas y pactos con el diablo. La ambivalencia entre la imaginación y la maldad evidente de Verónica hacen de la trama un choque que viaja entre la desaprobación y el ingenio descarado de la pequeña para salirse con la suya.

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