Manipulación y fantasía infantil: ‘Veneno para las hadas’ (1986) de Carlos Enrique Taboada.

Por Ana Saavedra

Una parada obligada en la filmografía de Taboada es la película Veneno para las hadas, filmada en 1984, principalmente en Tlaxcala; en locaciones como la Laguna de Acuitlapilco, el antiguo convento de Tepeyanco y el Molino de los Reyes en Los Reyes Quiahuixtlán.

Este largometraje es considerado una obra maestra del terror psicológico mexicano. Acreedora a varios premios Ariel, incluyendo el de Mejor Película para su director, Carlos Enrique Taboada; además de que la actuación infantil de Ana Patricia Rojo también fue reconocida con la «Diosa de Plata”.

Ahora analicemos el por qué. El guión tardó seis años en ser producido, a diferencia de la grabación que solo les tomó un mes y medio. Llama la atención que esta fue de las últimas filmaciones que dirigió Taboada, dedicándose después a escribir guiones para terceros. Pero, qué será lo que encontraremos en esta historia. Para comenzar, la entrada vuelve a experimentar con los cromas, los juegos de colores entre negros y la colorización de elementos como la sangre.

Desde la primera escena nos damos cuenta que estamos frente a una propuesta innovadora. Vemos una mecedora con las manos de una anciana, que nos recuerda la película Más negro que la noche, no solo por la toma sino por el encuadre incompleto en que nunca vemos el rostro de la vieja. Esto rápidamente se convierte en la apuesta de toda la película. Los adultos serán tan solo personajes secundarios que ayudan a avanzar la historia pero no tienen protagonismo; dejando de este modo a las dos niñas sumergidas en un universo que les pertenece por completo.

Esto, aunado a que la perspectiva de la cámara estará siempre a la altura de la mirada de las niñas. Ocultando además los rostros de todos los adultos mientras juega con sus actuaciones y movimientos para evitar que miren a la cámara, estén de espaldas o tan sólo veamos su sombra en la pared. Esta decisión visual es uno de los grandes aciertos del director, pues consigue que el espectador entre al mundo infantil sin mediaciones. Todo lo que vemos está filtrado por la mirada de las pequeñas, por su imaginación y por la lógica particular de la infancia. Así, los adultos se vuelven presencias distantes, casi fantasmales, que no tienen verdadero poder en el universo cerrado que habitan las protagonistas.

La historia sigue a Verónica, una huérfana que vive con su abuela, y Flavia, su compañera de clase. Entre ellas surge una relación que pareciera el inicio de una amistad, hasta que descubrimos que Verónica tiene ideas diferentes, en las que asegura ser una bruja. Desde las primeras escenas destaca la frialdad y desapego de la protagonista, que inventa lo que sea necesario para dar veracidad a la serie de mentiras que va construyendo en el camino de convencer a la tímida Flavia de que ella tiene poderes y no debe hacerla enojar.

Esta dependencia obliga a Flavia a seguirle la corriente y sentirse culpable de la muerte de su maestra de música, a quien el destino quitó la vida en el momento justo en que las niñas lo atribuyen a la magia indiscutible de Verónica. Aquí Taboada plantea uno de sus temas más profundos: la manera en que la fantasía puede convertirse en una forma de poder. El miedo se transforma en una herramienta de control, y la amistad infantil se pervierte hasta volverse sometimiento. En esta dinámica entre superstición y razón, la película nos recuerda que la línea entre inocencia y crueldad puede ser mucho más delgada de lo que creemos.

No cuento del todo lo que sucede, no solo porque es muy fácil buscar la sinopsis, sino porque no pretendo sustituir el disfrute de verla ustedes mismos.

Lo que puedo decirles es que la pequeña bruja logra una actuación digna de hacerse odiar por la forma de manipular hasta el extremo a su compañera, sin que esta pueda negarse. Pero detrás de esa manipulación también se esconde una niña sola, formada por las supersticiones de su abuela y la ausencia de afecto. En contraste, Flavia representa la razón y el mundo moderno, pero poco a poco su lógica se derrumba frente al miedo. Ese enfrentamiento entre fe ciega e incredulidad, entre la mentira y la imaginación, es el verdadero corazón de la historia.

El final solo se predice hasta segundos antes de que suceda. En la mente del espectador surge una idea, casi al mismo tiempo que en la mente de Flavia. Un logro maravilloso que nos une en tiempo y espacio y entrega un cierre de lo más cinematográfico, usando por primera vez una superposición en sus películas Mexicanas de suspenso. El fuego, elemento clave en la escena final, funciona no solo como clímax visual, sino como símbolo de purificación: el momento en que la fantasía se destruye junto con la inocencia.

Puedo entender el gusto que despertó en la crítica de la época. Las tomas abiertas, los juegos de cámara, las tomas cerradas y la música, que durante todo el film da un toque infantil y hasta juguetón a las acciones de las niñas, acentúan la ambigüedad entre lo siniestro y lo tierno. Esa contradicción es justamente lo que vuelve tan perturbador el relato: la maldad no viene de lo sobrenatural, sino del juego mismo, del deseo de creer y de dominar al otro.

En esta película Taboada se deshace de lo paranormal y nos deja solamente con hechos que surgen en la mente de sus protagonistas y su fantasía encadenada entre hechizos, brujas y pactos con el diablo. La ambivalencia entre la imaginación y la maldad evidente de Verónica hacen de la trama un choque que viaja entre la desaprobación y el ingenio descarado de la pequeña para salirse con la suya.

Por alguna extraña razón, esta película es difícil de encontrar para verla; o no está tan a la mano como otras del mismo director, a pesar de tener varios premios. Pero si se atraviesa en su camino, no dejen de disfrutar del suspenso psicológico y el final magnífico en que todos los espectadores descansamos un poco, quizá dándonos cuenta de que nadie está exento de maldad.

Por cierto, en la escena del incendio, el fuego estuvo a punto de salirse de control en la vida real. Esto último lo dejo como un dato curioso, que quizá despierte su interés en ir corriendo a buscarla.

Fecha de estreno: 2 de octubre de 1986 (México)
Director: Carlos Enrique Taboada
Historia y guion: Carlos Enrique Taboada
Duración: 1h 30m
Géneros: Cine de terror, Drama, Misterio, Fantasía, Thriller, Coming-of-age


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