25 AÑOS DE ‘SEXO, PUDOR Y LÁGRIMAS’.

Al borde de un abismo de incertidumbre que representaba 1999 y la llegada del nuevo milenio a través de aquel infame fenómeno llamado ‘Y2K’, las carteleras mexicanas se vieron acaparadas por otro fenómeno muy poco común entre el público del país. En las calles se hablaba de una película con un extraño aura de mito y éxito comercial a la vez; aquellos que éramos niños evidentemente no podíamos verla, pero la conocíamos perfectamente a través de la constante comenta alrededor de ella y un melancólico éxito radial que a muchos de aquellos niños nos permitió cantar la palabra «sexo» y conocer el término «pudor». Al parecer el reset no solo se dio en los sistemas informáticos, sino también en la forma de presentar la comedia al público joven ávido de productos de fácil identificación, en el consumo del respetable por el cine nacional, y en la vida del músico responsable de una de las bandas sonoras más importantes en la historia del cine mexicano.

Era 1999…

Sexo, pudor y lágrimas es una película de 1999 escrita y dirigida por Antonio Serrano, basada en la obra de teatro del mismo nombre y del mismo autor. La película se convertiría en uno de los títulos importantes del cine nacional llevando el estandarte de la disrupción en el llamado ‘‘Nuevo Cine Mexicano’’ logrando poco más de 27 semanas consecutivas en taquilla; se volvió la voz de toda una generación que buscaba verse reflejada en personajes que trataban temas tabúes de su tiempo sobre las relaciones sociales y amorosas, y que hablaban con un lenguaje despojado de tapujos — ‘‘yo hago el amor porque soy una persona muy sociable, pero lo mío, lo mío, lo mío, lo mío, es la chaqueta’’— que quizás no era tan común escuchar en las pantallas pop de aquel entonces.

A esta película le debemos, por ejemplo, la filmografía de Manolo Caro. Véase directamente No sé si cortarme las venas o dejármelas largas (2013), la cual también está basada en la obra de teatro del mismo nombre y de la autoría del mismo Caro, para notar el impacto directo de la película de Serrano en otros autores y en otras historias sobre la convivencia diaria y relaciones interpersonales.

Como parte del éxito de la película protagonizada por Susana Zabaleta, Demián Bichir, Cecilia Suárez, Jorge Salinas, Mónica Dionne y Víctor Huggo Martin, es importante también mencionar el impacto brutal de la canción del mismo nombre interpretada por Aleks Syntek como parte de la banda sonora, llevando de la mano el fenómeno de la película y convirtiéndose en el vehículo de salvación para la entonces agonizante carrera y turbulenta vida personal del cantante como la canción más exitosa e importante de Syntek a la fecha. La canción y su video musical, el cual fungió prácticamente como trailer de la película con la participación del reparto principal, han logrado sobrevivir a la agriedad del paso del tiempo, irónica y contrariamente a la película misma e incluso a la popularidad de su intérprete.

La clave de todo esto es el momento que se vivía. Como se menciona, la película tocaba temas que en su época no eran usualmente tratados de una forma tan natural en pantalla, quizás siendo su referencia más directa la también gigantesca serie Friends (1994) que trataba tópicos similares, pero de forma mucho más edulcorada —por no decir mustia—. Siendo así Sexo, pudor y lágrimas una revolución de su tiempo… pero eso: muy de su tiempo, tanto como una cápsula del humor más acedo del viejo milenio roída por el paso del mismo y los materiales que la resguardan. Una película muy de su tiempo y los tiempos han cambiado. ¿Ha envejecido bien? Aunque presenta situaciones que siguen siendo tema de conversación hasta el día de hoy, la manera de abordarlos por parte del guion se vicia hacia una lucha simplona de hombres contra mujeres que evidentemente tenía asegurado su éxito en taquilla por lo que, desde la perspectiva particular, la respuesta para esta guerra de los sexos es que no, no ha envejecido nada bien; sin embargo, si hay algo que darle por bueno a esta película, es que al menos sus actores demostraban convicción, naturalidad real y carisma con sus personajes, caso contrario a los actores que vendrían décadas después, y es por ello que el público se vio hechizado por ellos manteniéndolos en un nostálgico altar hasta el día de hoy.

20 años después…

‘‘Los hijos son el eterno recordatorio de lo que uno todavía tiene que trabajar’’, menciona el personaje de Andrea (Suárez) como premisa a esta continuación de aquella película que en 1999 llegaría para marcar su nombre en la historia del cine mexicano y que 20 años después anunció su regreso para adaptarse a los tiempos actuales con una secuela cuya esencia temática se mantiene, pero con el cambio del ojo desde el que se mira y el cuerpo desde el que se vive.

Tras su anunció en 2019 y una turbulenta filmación pandémica, fue el turno de los hijos de esos personajes que dejaron huella en toda una generación de regresar para contar la historia de sus vínculos sexoafectivos dejando de lado la lucha de hombres contra mujeres y buscando tratar temas de absoluta relevancia principalmente entre el público joven, tales como las relaciones abiertas, las orientaciones sexuales y, como ellos las llaman, las nuevas formas de amar.

Sin embargo, el problema inicial de Sexo, pudor y lágrimas 2 —o 20 años después, nunca se pusieron de acuerdo en el título oficial— fue tomar a la primera película sólo como un punto de partida para contar una nueva historia, pero venderse como una continuación de las vidas de Andrea, Miguel, Ana, Carlos, María, Tomás y hasta Cirilo; resultando así en el poco desarrollo de los personajes originales e incluso llegar a la ridiculización innecesaria de éstos.

Es por eso mismo que al ser padres, hijos, y amigos de ambos, los nuevos personajes tampoco lograron ninguna profundización dejando sin explotar esos tópicos de relevancia mencionados y tratándolos de una forma muy superficial que exaltó todavía más la llegada tardía de esta secuela a una época euphorica en la que el nicho al que se dirige está ya tan repleto y casi saturado de referencias similares que ya no tuvo nada nuevo que aportar.

Tan es así que las dos principales resoluciones a los conflictos, que a su vez fungen como vínculos entre ambas generaciones y que son los que la podrían defender como una secuela, resultan en el más puro y trillado melodrama que se ha visto infinidad de veces en cine, series y particularmente en telenovelas; esto incluso mejor desarrolladas y con diálogos que no suenan tan forzados y leídos directamente del guion como en esta película.

Escrita y dirigida esta vez por Alonso Íñiguez, y contando con una nueva versión del exitoso tema musical ahora en voz de Alejandra Guzmán —como se había planeado originalmente dos décadas atrás—, esta continuación tampoco permitió el lucimiento de la nueva generación de actores y fácilmente podría considerarse de los peores trabajos de José Ángel Bichir, Naian González Norvind, Ximena Romo, Paco Rueda y Victoria Volkova. Mucho menos permite un retorno brillante, ni siquiera digno, de aquellas estrellas de la vieja escuela, quienes parecieran haber tomado el primer hueco en sus agendas para grabar un par de escenas que ni ellos mismos tomaron en serio.

No deja de ser curioso como muchos de los actores que buscan alejarse de su vida y/o pasado telenovelero terminan aceptando este tipo de proyectos, ¿se darán cuenta de que están haciendo las mismas telenovelas con otro tipo de exhibición? ¿leerán los guiones que les llegan?, solo ellos sabrán.

Por mientras, Sexo Pudor y Lágrimas 2 ha tenido uno de los peores recibimientos tanto por la crítica como el público general en los últimos años, quienes sintieron mancillada su nostalgia al ver una de sus llamadas ‘‘joyas del cine mexicano’’ siendo tan deshonrada; sin embargo, y sin intención de defender su pobre nivel, esta secuela sirvió para destapar de forma lamentable la expresa transfobia contra la que la comunidad sigue luchando mientras dicho discurso de odio se sigue disfrazando de ‘‘resistencia anti-woke’’.

Dicho lo anterior, hay dos cosas que llaman la atención personal respecto al culto que se le tiene al título Sexo, pudor y lágrimas:

  1. El escozor que, casi de forma contradictoria a la previamente mencionada saturación de referencias actuales, sigue causando la sexualidad en el público mexicano sobre todo cuando ésta sale de los cánones conservadores. La supuesta evolución y apertura mental que se ha vivido en veinte años pareciera quedarse en eso: un supuesto.
  • Resulta curioso el cómo aquellos que vitorearon a la primera película por su transgresión, irónicamente se han convertido en aquellos a los que esa película transgredía. El tiempo no perdona ni dentro ni fuera de la pantalla.

Ambas películas se encuentran disponibles en HBOMax.


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