Por Sebastián Valladares.
El rey de los monstruos en estado de hibernación y uno de los más reconocidos cineastas japoneses a nivel mundial en período de crisis cruzaron caminos en 2013, gracias a un proyecto que terminó por salvarle la vida artística a ambos.

El 3 de noviembre de 1954, nueve años después de la fatídica masacre de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, Japón vio una criatura de cincuenta metros y veinte mil toneladas azotar Shinagawa, Tokio, con sus estruendosas pisadas, aliento atómico, cuerpo indestructible y rastro radiactivo. Gōjira, “Godzilla” actualmente, fue el título de la obra que, gracias a sus efectos prácticos y la profundidad temática nunca vista en el cine de monstruos emergente, marcó un antes y un después en la ficción: El inicio de una leyenda que se ha reinventado más de cinco veces y que, en sus mejores momentos, ha logrado dejar una clara reflexión sobre el daño del hombre a la naturaleza y a sí mismo por su propia incompetencia, avaricia y dejadez.
Para hablar de Godzilla hay que ir por eras. La primera de todas es la Showa, la cual abarca los filmes desde 1954 hasta 1975. Se suele asociar este momento de la franquicia al nombre Ishirō Honda, cineasta nipón nacido el 7 de mayo de 1911, quien tuvo una visión muy clara de los monstruos desde sus inicios: Criaturas trágicas, demasiado grandes como para que alguien no huya ante sus movimientos, demasiado fuertes como para no destruir lo que el humano tardó años en edificar y sin un lenguaje para comunicar su sufrimiento a una especie como los humanos.
A este punto es archiconocido el motivo de la creación del primer Godzilla: Un reflejo de las heridas causadas por la catástrofe nuclear durante la Segunda Guerra Mundial. Un pueblo que se vio indefenso antes, durante y después no tuvo tiempo para asimilar todo lo que implicó la destrucción fría, la amenaza materializada por parte de los americanos. Godzilla entonces surge como la encarnación del miedo, una criatura que despertó para hacerles recordar a los japoneses que nunca estarían a salvo. Afortunadamente, la humanidad venció al final de la película, y logró acabar con Godzilla: el pueblo japonés mantiene la esperanza de superar una adversidad latente en el mundo.

No pasó mucho tiempo para que el público japonés vuelva a ver a la lagartija haciendo de las suyas: Gojira no Gyakushû, “El contraataque de Godzilla” traducido literalmente, llegó a salas niponas el 24 de abril de 1955 (solo seis meses después de la primera película). En esta ocasión, un cuanto menos simpático anquilosaurio se enfrentaba al gigante, en una riña supuestamente prehistórica, mientras destruían todo lo que podían de Osaka. Godzilla mata a su rival, lo incinera con su aliento y se escapa, para posteriormente ser derrotado por los humanos. Una vez más, los humanos ganan. Pero algo anda mal, no para los personajes, sino para un espectador que puede verla actualmente: El subtexto se ha perdido, y la trama humana no es ni la mitad de interesante, al centrarla en pocos personajes en lugar de abordar al monstruo como un conflicto que afecta a Japón, como nación. Y no sería la última vez que pasaría esto.
“Godzilla Raids Again”, llamándola por su título americanizado, no fue dirigida por Ishirō Honda. Este aparecería en los créditos de la película de otro monstruo en 1965: Sora no Daikaijū Radon,“Rodan! The flying Monster!”. Este pteradonón-esco ser ahora pretendía ser la encarnación del peligro nuclear proveniente de la Unión Soviética. En 1961 llegó Mosura, “Mothra”, donde Honda nos presentaba a la a posteriori icónica polilla monstruosa con orígenes divinos. No sería hasta 1963 que el director volvería directamente a Godzilla, para dirigir el tercer filme de su saga: King Kong tai Gojira. En esta ocasión, Godzilla se enfrentaba al archiconocido primate en un duelo que vuelve a destruir todo a su paso. Acción pura y dura, más daño colateral y sensibilidad sobre lo conflictos que afectan a los humanos y la milicia, pero sigue estando lejos de impactar como el original. A decir verdad, solo con ver el título (y notar que es una co-producción estadounidense), ¿acaso se podría esperar más?
Poco a poco, la saga se hace más longeva, y adopta un molde: Godzilla pelearía en cada entrega con un monstruo nuevo, mientras se desarrollaba alguna subtrama de humanos en segundo plano (y a veces tomaría mayor relevancia). Así, un reparto variopinto se uniría al lagarto verdoso para causar caos y destrucción en maquetas de ciudades. A pesar de que Honda fue el primero en llegar, otros directores tomaban también la dirección de las entregas de Godzilla, con más o menos talento para contar los relatos, yéndose directamente a lo más ridículo en más de una ocasión.

En el ’64 llegó Gojira tai Mosura, traducida como “Godzilla vs Mothra”, la cual convirtió oficialmente a la polilla gigante en rival y aliada de la lagartija. El mismo año llegó San Daikaijū: Chikyū Saidai no Kessen, “Ghidorah, the Three-Headed Monster”, el cual nos presentó al majestuoso dragón de tres cabezas y lo enfrentó a Rodan, en un duelo de proporciones épicas que terminó por establecer a Godzilla ya no como una amenaza, sino como un “defensor” de la Tierra por intereses propios (y métodos tan destructivos como cuestionables). Ambas fueron dirigidas por Honda, y no es de extrañar que sean de las más icónicas de la Era Showa. A destacar de esta misma Era también los filmes de 1971 Gojira tai Hedora, “Godzilla vs Hedorah”, en el cual Goji se enfrentó a una amenaza tóxica; y la pseudo-duología de 1974-1975: Gojira tai Mekagojira, “Godzilla vs Mechagodzilla”, y Mekagojira no Gyakushū, “Terror of Mechagodzilla”, las cuales presentan los estragos de un godzilla mecánico.
Fue con “Terror of Mechagodzilla” que se terminó la Era Showa de Godzilla. Honda regaló su última visión del monstruo con este filme de 1975. Fue esa visión la que lo diferenció de sus contemporáneos, al verdaderamente preocuparse por la percepción del mundo hacia una “amenaza” como lo es Godzilla. Independientemente de lo satisfactorias de muchas de sus películas, y del hecho que ninguna alcanzó la repercusión o aprobación de la original, fue una despedida apropiada para una época.
Afortunadamente, para los fans del kaiju, en 1984 se inició una nueva era: La Era Heisei. Con ella, llegó Gojira, llamada internacionalmente “The Return of Godzilla”. Nuevamente, la gigantesca entidad peleaba con viejos conocidos, ocasionalmente aliándose con alguno. Mothra, King Ghidorah, todos con diseños nuevos. Un Godzilla más imponente, al cual de buenas a primeras la humanidad no le importaba precisamente, se enfrentaba a un Godzilla clonado genéticamente, un Godzilla espacial, a su antiguo enemigo Mechagodzilla, y, por último, en 1995, se terminaría el período con Gojira tai Destoroyah, de 1995.
Es cierto que la Era duró poco tiempo, pero las propuestas a lo largo de sus películas no fueron en absoluto desdeñables. Al tomarse en serio a sí mismas, Heisei hiló una sola historia de principio a final a lo largo de sus películas. Se tomaron ideas más complejas que en la primera saga y convirtiendo a Godzilla en una criatura nuclear andante por completo, un peligro casi invencible. Además, los efectos especiales verdaderamente demuestran un avance, así como los diseños de los monstruos (el diseño del Godzilla “Minus One” tiene mucho del Godzilla Heisei)
Hablar de directores de la Era Heisei es más complicado, pues ninguno dirigió más de dos películas de la nueva saga, con excepción de Takao Okawara (“Godzilla vs Mothra” de 1992, “Godzilla vs Mechagodzilla II” de 1993, y “Godzilla vs Destoroyah” de 1995). Con un total de 7 películas, la era trajo consigo un espectáculo digital mucho más vistoso visualmente, con combates más destructivos e intensos, y que no se tuvieron que extender por mucho tiempo para dar un cierre perfecto. Por su parte, Ishirō Honda Honda no manifestó mucho aprecio por los filmes de la Era, y los calificó de “poco imaginativos”.

Ishirō Honda falleció el 28 de febrero de 1993, dos años antes del final de esta Era. Por otro lado, “Godzilla vs Destoroyah” significó el último trabajo en la banda sonora de Akira Ifukube. De hecho, fácilmente podría haber sido la despedida definitiva, o al menos por un largo tiempo, del titán más querido por todos. Pero el silencio no es suficiente para generar dinero, y la Tōhō entonces decidió lanzar solo cuatro años más tarde una nueva historia para el gigante bípedo: La era Millenium.
Pero, quedándonos en 1995, una de las obras de ficción japonesa más importantes del medio audiovisual también vio la luz en pleno clímax del período Heisei. Considerada por muchos como la obra maestra del anime, y de su creador insignia, Shin Seiki Evangerion, “Neon Genesis Evangelion”, lanzó su primer episodio en Japón el 4 de octubre el mismo año que Godzilla enfrentó a Destoroyah. Un todavía joven Hideaki Anno, de 35 años de edad, estaba al mando de un proyecto que se volvería su más personal obra. Trabajando en el reconocido estudio que él mismo fundó junto a compañeros (entre los cuales se encuentra Shinji Higuchi, nombre importante), Gainax, ya había realizado una serie de anime previamente, Fushigi no Umi no Nadia, “Nadia: The Secret of Blue Water”, en la cual se encuentra la primera colaboración con el compositor Shirō Sagisu (otro nombre muy importante para el futuro).

Hablar de Evangelion es meritorio de un artículo propio. Se ha dicho todo de la serie, aunque es válido refrescar la memoria: Un niño huérfano de madre es llamado por su padre ausente a operar un robot gigante, llamado el “Eva-01” para enfrentarse a monstruos extraterrestres llamados “ángeles” y defender la Tierra (aunque concretamente, la ciudad Neo Tokio-3). Es la forma más inocua de definirlo. A lo largo de sus 26 episodios se presentan personajes, el misterio principal, y conflictos externos, pero lo que más le importó a Hideaki fue lidiar con un tema: La depresión. Los conflictos internos de niños que no pasan de 15 años fueron el objeto del director, el daño psicológico fácilmente extrapolable a cualquier espectador, y su sensibilidad para indagar en el lado más perturbado de personas que deberían ser inocentes fue lo que cautivó a su público.
La serie fue un completo éxito en recepción, pero no en cuanto a la producción. El presupuesto se había consumido en las deslumbrantes peleas de los robots gigantes contra los ángeles. Los episodios finales son recordados de dos formas: Infames o catárticos. Sea como fuese, el resultado no dejó indiferente a nadie, a día de hoy incluso es posible apreciar el cierre de esos dos últimos episodios hechos con un presupuesto minúsculo para el que venía manejando la serie. Un final “alternativo” llegó en formato de película: Shin Seiki Evangerion Gekijō-ban, “The End of Evangelion”, para “compensar” los dos últimos episodios. Y fue con esta película que Hideaki alcanzó una de sus cimas.
No es descabellado decir que The End of Evangelion es uno de los finales más impresionantes realizados dentro de la industria del anime. Una obra tan personal, llena de pathos, emociones directamente extirpadas del corazón de Hideaki Anno, llena de la imaginería más preciosa que se ha visto dentro del anime (igualada por muy pocos), vino cargado de un mensaje universal. Toda la destrucción que Hideaki Anno presentó en el filme trajo consigo un mensaje: La voluntad de vivir es el primer paso para alcanzar la felicidad. Es una película que funciona como cierre definitivo para los personajes que el público ama a día de hoy, y que no ha envejecido para nada.

A día de hoy, The End es recordada por muchos como una obra maestra de la ficción junto con su serie original (francamente merecido el reconocimiento), así como por muchos es una maraña de simbología pretenciosa apantalladora de novatos. El mismo Hideaki podría encontrarse en problemas al enfrentar su propia creación, una en la cual plasmó sus peores miedos e inseguridades. Tras Eva, el director pasó al cine de acción real, con dos películas sumamente recomendables: Love & Pop (1998) y Ritual (2000). Con la llegada del nuevo siglo, entre otras obras de anime para Anno, también un monstruo se actualizó.
Un “nuevo” Godzilla, nuevos enemigos, más alteraciones a lo que en verdad podría considerarse “canónico” o no dentro de la ya complicada línea temporal de Godzilla, y muchísima más acción digitalizada fue lo que ofreció la nueva Era que daba la bienvenida al nuevo siglo. En esta incluso se pudo ver al Godzilla más peligroso de todos, hasta el momento. Presente en la tercera entrada a esta franquicia continuada, Gojira, Mosura, Kingu Gidora: Daikaijū Sōkōgeki, “Godzilla, Mothra, King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack”, está antagonizada por la criatura con el trasfondo más interesante, luego del original ligado a las bombas atómicas. Sin ánimos de arruinarle la sorpresa a quien no la haya visto (muy recomendable, de las más destacables en la trayectoria del kaiju si busca entretenimiento bien escrito), este Godzilla está cargado de rencor e ira por almas que no descansan en paz.
Quizás el punto más alto alcanzado por la franquicia llegó al finalizar este período. Solamente duró cinco años y seis películas. El cierre Gojira: Final Wars, “Godzilla: Final Wars”, que llegó en 2004 es tan vasto que podría escribirse un artículo propio para él. Lo imprescindible es saber que Godzilla entró en un estado de hibernación creativa dentro del cine por un período de una década. La Tōhō no mostró señales de vida del monstruo, pero sí lo hizo otra productora: Legendary Pictures, en el año 2014.
La multimillonaria representación de Godzilla, dirigida por Gareth Edwards, era un reinicio que establecía nuevos orígenes y un futuro, cuanto menos, prometedor si se esperaba ver un monstruo gigante destruir territorio norteamericano. Si algo había recogido de las películas japonesas de Godzilla, aparte del monstruo en forma, era el lado menos sensible y el más destructivo. Poco quedaba del Godzilla original, aquel que (paradójicamente) era producto de un ataque estadounidense. Como curiosidad, a la Tōhō, distribuidora japonesa de la película, no le pareció tan mala la idea de este nuevo Godzilla. Aun así, más de un fan, no de Godzilla sino de Gojira, habría quedado con el sabor de ver una vez más en pantalla al monstruo en la casa. Y sería la siguiente entrega la que cambiaría todo, porque por fin volvería a nacer la criatura en la bahía de Tokio.
Por su parte, Hideaki Anno venía trabajando en un nuevo proyecto: “Rebuild of Evangelion”. Lo que el director quería hacer ahora era contar la historia que había cautivado a tantos, pero en un nuevo formato para atraer a más gente, ahora con una mentalidad distinta. Por eso, en el 2007 vio la luz la primera entrada de lo que sería una tetralogía: Evangelion Shin Gekijōban: Jo, “Evangelion: 1.0 You Are (Not) Alone”. Volver a contar la historia, en este caso el primer pequeño “arco” de la serie, con visuales contemporáneas parecía inofensivo a simple vista; pero, en realidad, Hideaki estaba alterando algunos eventos menores de la obra original, lo cual ya despertaba la curiosidad de los curiosos de internet. Dos años después llegó Evangelion Shin Gekijōban: Ha, “Evangelion: 2.0 You Can (Not) Advance”, para continuar el tramo “correspondiente”. A ambas películas les fue bien en taquilla, y la crítica fue amistosa con ellas. Pero todo cambió en el año 2012, con la llegada de la tercera entrega: Evangerion Shin Gekijōban: Kyū, “Evangelion: 3.0 You Can (Not) Redo”.

El prefacio y la ruptura estaban hechos, Hideaki tenía el dream team trabajando en la franquicia. Y, aun así, la reacción mayoritaria de Evangelion 3.0 fue de confusión, frustración y enojo por parte de los fans. Para no entrar en detalles de la trama, basta con saber que la película, que a pesar de todo fue un éxito en taquilla, no cumplió las grandes expectativas del público tras el final de 2.0, al tomar un rumbo particularmente diferente de lo esperado. Es cierto que Evangelion como obra siempre ha estado ligada íntimamente a su creador. La serie que inició siendo una de “villano de la semana” poco a poco se volvía más oscura e introspectiva, influenciada por el propio estado mental de Hideaki Anno.
Nuevamente se puede ver plasmada la inseguridad del director en sus creaciones a través del protagonista. El foco que hace en los personajes, y ya no en la trama, es un sello personal, pero que causó discrepancias con el público. Y así, tras una decepcionante recepción, nuevamente el creador de Evangelion se sumió en una severa depresión. Ya no sabía qué hacer exactamente con Evangelion, es más, ya no sabía siquiera si era un buen director, pues una obra en la cual había trabajado por casi seis años se había estrellado sobre lo que sus dos películas anteriores habían construido.
Afortunadamente, no todo estaba perdido. Una propuesta surgió de entre las ideas de la Tōhō a inicios del 2013: Una nueva película del kaiju más temido necesitaba director. No se tenía absolutamente nada, solo la idea concreta de que debía ser una película de Godzilla. Quizás la principal razón por la cual se eligió a Hideaki Anno para dirigirla fue no solo por su mano firme a la hora de escribir (cosa que seguro él negaría en ese período), sino por su particular visión del mundo. Una visión que no teme destruir por completo, para construir sobre esos escombros; una visión que muestra lo más bajo, casi con misantropía, para salvar aquello que justamente nos mantiene como seres humanos.
Que Hideaki acepte la propuesta fue difícil. El director, en un estado todavía complicado, no se encontraba seguro si era una buena decisión. Si había “arruinado” Evangelion (la cual, para colmo, todavía estaba incompleta), ¿qué le garantizaba NO arruinar a Godzilla? Aquel duelo interno se habría mantenido eterno, si no fuese porque, afortunadamente, su gran amigo Shinji Higuchi le convenció. También fue por lo sincero del deseo de la Tōhō, y la confianza que estaba depositando en él. Atomó el rol, y para mayo ya sabía el tipo de “Godzilla” que quería hacer. Por supuesto, es imposible no mencionar a Higuchi en la dirección (al ser una película co-dirigida), pero enfocándose el crédito para él en los geniales efectos visuales, los cuales son su especialidad.
Dentro de su creatividad, el director decidió que una sátira sería lo mejor para una nueva película de Godzilla. El director eligió un enfoque bastante diferente en cuanto a las tramas humanas: A través de los políticos que gobiernan el país se trataría de tomar medidas contra Godzilla. Pura comunicación de crisis que, gracias al tono discreto, se usó a favor de la narrativa para exponer el ridículo de los trámites burocráticos por parte de líderes políticos completamente incapaces. Pero ninguno de ellos es el protagonista, un joven funcionario de nombre Randō Yaguchi, quien lidera el lado simpatético de la película con un altruismo que solamente podría pertenecer a un joven.
En cuanto al origen del monstruo se llevaron a cabo muchos cambios fundamentales. La película toma como referencia dos incidentes reales: El terremoto y maremoto de la costa del Pacífico en la región de Tōhoku y el consecuente desastre nuclear de Fukushima, ambos ocurridos en el 2011. La burocracia conoció la catástrofe, y la falta de acciones verdaderamente útiles también fueron un obvio referente. Finalmente, la existencia de la energía nuclear como herramienta que tan beneficiosa es para el ser humano, así como tan peligrosa si no es manejada correctamente (y gracias a prejuicios que ha implantado la ficción en torno a ella), es fundamental. Pero no solo el presente es tomado como base, sino también los pecados del pasado: Los desechos radioactivos desperdigados en el océano afectó una especie de fauna acuática. El monstruoso resultado de su evolución es el “Shin Godzilla”: una criatura peligrosa solo por el hecho de existir, pero que no lo sabe; una entidad incomprensible que destruye todo a su paso, pero que sufre por ser solo un animal indefenso incapaz de comunicar su sufrimiento.

Es puntual precisar un criticismo que la diferencia de la Godzilla del ’54: la ausencia de planos que muestren explícitamente el sufrimiento de las personas, para simpatizar con ellas. Una película tan fría con sus ciudadanos fácilmente podría acusarse de misantrópica. Y, en parte, puede tenerse razón. Después de todo, a Hideaki Anno no le tiembla la mano para causar todo el daño posible en su cine (a gran escala, destruyendo ciudades y castigando a la humanidad como en Evangelion), pero también debemos rescatar algo importante: Él siempre tiene fe, al final del camino, en el valor de cambiar. A pesar de que el foco de la película esté puesto sobre políticos, es fácil dividir a este grupo en dos: una generación vieja, dinosaurios (nunca mejor dicho) cuya ridícula burocracia está planteada con inteligencia, y una generación más joven, consciente verdaderamente de los errores que la nación ha cometido en su Historia, y que sabe que tiene que hacer algo para cambiarla. Es por esto que el protagonista es un joven, un miembro más de un grupo voluntario que, a pesar de tener todo en contra, trata de sacar lo mejor de la humanidad.
La mejor prueba de la visión de Hideaki se vería plasmada cerca del final de la película. La derrota de Godzilla no es a mano de un ejército enorme, de algún monstruo gigante, de una bomba atómica: Es a mano del propio ingenio de un grupo de jóvenes que querían salvar el futuro de su Historia. Posiblemente uno de los momentos más emocionantes es ver una estampida de trenes yendo a los pies del monstruo para hacerlo caer, y esto es porque, desde sus inicios, Godzilla siempre ha destruido los trenes que se le acercan. Esto se debe a que, luego de la Segunda Guerra Mundial, Japón instaló el sistema eléctrico en las vías de trenes, y dio por inutilizables las locomotoras a vapor. Obviamente, como símbolos de la modernización posguerra, no es extraño pensar que Godzilla también iría en contra de ellos. Así fue, hasta que por fin los trenes tomaron su venganza contra el gigante, al ser fundamentales para su derrota.

Pero también debemos hablar propiamente del monstruo. A Hideaki Anno le entusiasmaba la idea de que el monstruo evolucionase, y a la Tōhō le convenía tener más figuras para vender. Por primera vez vemos a Godzilla evolucionar y mostrar un total de cinco formas: desde su base, como una criatura marina intoxicada, hasta la quinta y última, la del lagarto que todos conocemos, la criatura pasa por una transformación repulsiva y sanguinolenta. Lo explícito de ver a un ser cuadrúpedo con ojos muertos (ojos de pez) esparcir sangre de mientras ruge no es por diversión gratuita.
Aquí es cuando se une al contenido temático la banda sonora del gran Shirō Sagisu. El compositor ha trabajado en la industria en animes como Bleach y la trilogía del arco de la Edad de Oro de Berserk, y con Hideaki Anno en la obra más icónica del dúo: La saga de Neon Genesis Evangelion. A pesar de los míticos temas que llevan su nombre, quizás el pináculo del ingenio, y de relación compositor-director, se encuentra en Shin Godzilla, pues, dejando de lado las piezas ya existentes (incluyendo el icónico tema de Akira Ifukube que suena en los créditos finales) el tema que eleva la banda sonora del filme a una pieza fundamental en la narrativa es “Who Will Know”.
Lo que Shirō Sagisu hizo con Who Will Know fue darle personalidad al monstruo. En su letra se encuentra aquello sobre a lo que Hideaki Anno le encanta escribir: Problemas existenciales que parecen ser más grandes que el propio ser.

La música de Sagisu estaba pensada no solo para darle color al combate entre Godzilla y las Fuerzas de Autodefensa, inspirado claramente en el sentimiento que Ikifube le daba al asedio de Godzilla con el tema principal en la película original, sino para evocar otras obras dirigidas por Anno. Quizás la más reconocible sea Evangelion, gracias al tema “EM20_rhythm_GZM”, el cual es explícitamente similar a “DECISIVE BATTLE”, perteneciente a la serie de anime. Para el compositor, más que un guiño a un trabajo anterior, se debe la visión grandilocuente de Hideaki Anno hacia el entretenimiento, su apertura para experimentar de diversas formas. Por eso, tomó una pieza recordada de Evangelion para tomar por sorpresa al público.
Es más que interesante ver establecida una intención de simpatía no solo por los humanos, que lucha por sobrevivir, sino por el monstruo que también está luchando no solo pro sobrevivir, sino comprender lo que está pasando. El Godzilla de Hideaki Anno es un producto del descuido de los japoneses, de su dejadez para cuidar su mundo de sus propios desechos.
El tema que Hideaki eligió para Shin Godzilla es uno que podemos ver ya en clásicos como Ikiru de Akira Kurosawa: La inhumana burocracia que no hace más que entorpecer los procesos urgentes para la ciudadanía. Claro que, gracias a la sátira, aquí es posible llevar todo al extremo y presentar al monstruo como ese “problema” que se debe solucionar en un período extremadamente limitado de tiempo. Combinado el debate político con la acción kaiju más aterradora vista en una película de Godzilla en solitario se tiene como resultado la que es, a día de hoy, considerada como una de las mejores películas del icónico kaiju (si no la mejor).
Por fin, Hideaki Anno resurgió. El proceso para que Shin vea la luz tomó casi tres años en total. El autor decidió no dejar que aquella perpetua fatiga que lo perseguía tome el control de su vida. A diferencia de su “yo” que trabajó en Neon Genesis Evangelion, ahora tenía más amigos, estaba casado, y se estaba reconciliando con el anime. Era cuestión de tomarse un tiempo para crecer personalmente, lidiar con sus demonios internos. Poco a poco empezó a recuperar la fe en sí mismo. Como dato curioso, él hizo la voz del protagonista de la que fue, en su momento, la “última película” de su gran amigo Hayao Miyazaki: Kaze Tachinu, “The Wind Rises”. A finales del año siguiente, 2014, Hideaki Anno ya estaba casi en forma para volver a dirigir. Así, cuando Neon Genesis Evangelion cumplió 20 años, en el 2015, el director decidió enfrentarse nuevamente al final de la obra que marcó su vida, y demostrarles a los fans que lo había apoyado que muy pronto la serie vería su final prometido.
En 2016 se pudo por fin apreciar todo lo expuesto en estos párrafos. En julio, nuevamente las salas vieron renacer al legendario monstruo de la mano del gran director: Shin Godzilla había nacido, así como también un nuevo camino lleno de seguridad y confianza para Hideaki Anno.

Sebastián Valladares nació en Perú en el año 2002. Apasionado de las historias, pero fundamentalmente del cine y sus formas de contarlas. Espera algún día poder contar las suyas. Wong Kar-Wai, Tarkovsky y Kaufman son sus 3 pilares.
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