Especial: Cine Mexicano (Primera Parte)

Septiembre es el mes en que celebramos con orgullo nuestras raíces y tradiciones, y una de las mejores formas de honrar nuestra cultura es a través del cine. Acompáñanos en este recorrido cinematográfico para descubrir las joyas del séptimo arte que han definido y enriquecido el panorama cultural de México.

El Arte de Engañar (1972) – Carlos Enrique Taboada

Por Jose A. Mora

¿A que le tiras mexicano cuando filmas? Recuerdo que en algún momento de la clase de Apreciación Cinematográfica, el profesor en turno hizo una recomendación que hasta hace poco no había puesto a prueba. Él comentó «Si quieren saber que tan buena es una película, pongan su tele en mudo y compruébenlo.”

Según su teoría, el correcto uso del lenguaje cinematográfico haría que los diálogos o música no fuesen necesarios para entender la acción dentro del filme. La cámara sería la única interlocutora. En fin, hace un par de semanas, durante una noche de sábado en el Canal NU9VE de Televisa (otrora Galavisión), por azares del destino, comencé a ver El Arte de Engañar del gran Carlos Enrique Taboada.Obviamente cuando hablamos de la filmografía de Taboada este filme de 1972 protagonizado por Julio Alemán y Anel no es el primero en ser mencionado. Pero este fue el filme con el que pude experimentar aquel consejo del profesor de Apreciación Cinematográfica.

Sobra decir que no fue mi elección verlo sin volumen pero las circunstancias así lo requirieron y gracias a esto fue bastante sencillo identificar el desarrollado y exquisito uso del lenguaje cinematográfico por parte de Taboada. No fue necesario escuchar dialogo alguno para entender lo que sucedía en pantalla. Taboada hace un soberbio uso de la cámara y su idioma para expresar el depravado actuar de los protagonistas. Taboada mantiene casi en su totalidad la cámara fija, en un solo ángulo con planos americanos, y a través de tenues y magistrales paneos logra transformar la atmosfera de la escena.

El Arte de Engañar exuda intimidad, lujuria y vileza bajo la manufactura de un director que conoce su oficio. Cada decisión en este filme proviene del instinto, de la habilidad innata para narrar a través de la cámara. Y todo esto solo provoca que en mi broten cientos de preguntas como… ¿está dentro del mexicano la habilidad innata para dialogar en el cine?

¿Cómo surgió? ¿Todo comenzó con Toscano y los Rosas documentando la revolución? ¿O quizá con el hambre y la curiosidad de los Rodríguez? ¿O con el aprendizaje adquirido por Figueroa al ser asistente de Gregg Toland? ¿o durante el cine de oro en la segunda guerra mundial? ¿Cómo fue que ese instinto se gestó y desarrollo hasta tener una camada de ganadores al Oscar en la última década? ¿Cómo fue que el mexicano se volvió tan bueno hablando con la cámara? ¿Cómo?


Rojo Amanecer (1989) – Jorge Fons

Por Saúl Araujo

A inicios de octubre de 1968, en el corazón de la Ciudad de México, una familia de clase media comparte un desayuno mientras discuten las tensiones políticas que agitan al país. Con los Juegos Olímpicos a la vuelta de la esquina, las expectativas y preocupaciones crecen mientras un movimiento estudiantil se enfrenta a un gobierno decidido a mantener el control. La aparente normalidad de esa mañana se desmorona la noche siguiente, cuando los hermanos mayores irrumpen en el departamento, trayendo consigo personas heridas y el horror de lo que acababa de suceder: la Matanza de Tlatelolco.

Rojo Amanecer , dirigida por Jorge Fons y protagonizada por Héctor Bonilla, María Rojo, Jorge Fegán, junto a los hermanos Demián y Bruno Bichir, fue realizada de manera clandestina con un presupuesto de poco menos de 30 mil pesos. La filmación comenzó en mayo de 1989 y, al terminarse, fue llevada a los Estudios Churubusco, donde permaneció «enlatada» por medio año debido a la censura impuesta por las autoridades, preocupadas por la «mala imagen» que se proyectaba del Ejército Mexicano. Solo la presión social y el apoyo de figuras clave como José M. Fernández Unsaín, entonces director de la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México), permitieron que la película finalmente viera la luz, aunque con la edición de ciertas escenas. Según la propia María Rojo, quien interpretó a la madre de la familia, el filme originalmente tenía un final aún más violento.

En menos de dos horas, y con la destacada colaboración de todo su elenco, este thriller dramático, ambientado en una única locación, demuestra que no es necesario mostrar la violencia explícita para transmitir el horror del 2 de octubre de 1968. A través de la persecución, el trauma, la represión y la desesperanza, Rojo Amanecer retrata las profundas cicatrices que este suceso dejó en el pueblo mexicano, consolidándose como una obra fundamental para comprender la historia contemporánea de México. Esta película no solo es un testimonio de una época oscura, sino también un llamado a recordar y reflexionar sobre las lecciones del pasado.


El Esqueleto de la Señora Morales (1960) – Rogelio A. González

⁠Por José Ramón Figueroa FloresMonchoVader

En El Esqueleto de la Señora Morales (Rogelio A. González, México, 1960), Arturo de Córdova interpreta a un taxidermista que vive atado a una relación enfermiza con su tullida, religiosa, manipuladora y hermosa esposa (una increíble Amparo Rivelles), en donde la convivencia y el hastío llevarán las acciones hasta las últimas consecuencias. Es una comedia negra muy divertida que critica con mucha acidez el vivir y actuar de la sociedad tradicional conservadora de la época (Buñuel sin estar hecha por él), el fanatismo religioso, la falsa moral y la hipocresía humana de la pareja, la familia, los vecinos y la comunidad religiosa.

Con un uso inteligente de los planos holandeses, somos testigos de lo turbia que es la relación y decisiones de los Morales, al mismo tiempo que vemos lo metiche que era, en esos tiempos, a sociedad mexicana y el clero para intervenir en las vidas privadas y ajenas de los demás, solo por querer imponer lo disque moralmente correcto, cuando lo que movía mas era ser partícipe del mitote, del chisme, algo similar a lo que pasa actualmente con la casa de los famosos, donde sin conocer todo el panorama e ignorar cosas a simple vista, se suele tomar partido por gente desconocida que ni nos va, ni nos viene, y solo queremos exponer que tenemos la razón, que al posar nos sentimos superiores, y que al opinar, lo que digamos sea lo único importante. El amor acaba, nada es para siempre, por más que el catolicismo tradicional se empeñe en decir lo contrario, nadie está para aguantar tanto, pero puede que la frase “hasta que la muerte los separe” sea cierta.

Cuando el vaso de la paciencia se llena, y se derrama la última gota, a veces toca recurrir a medidas desesperadas para encontrar de nuevo la felicidad, aunque esto signifique tener que cometer un crimen. Y aunque el crimen perfecto no existe, lo que sí existe es un conjunto de actuaciones y momentos melodramáticos cargados de humor e ironía inolvidables, que desencadenan en un final digno del mismísimo maestro del suspenso Hitchcock. El Esqueleto de la Señora Morales es una de las mejores películas mexicanas de toda la historia (y diría que del mundo), digna de ver, digna de reír, y sobre todo, digna de sentirse orgulloso.


Sueño en otro idioma (2017) – Ernesto Contreras

Por Marisela Sánchez

Sueño en otro idioma (2017), dirigida por Ernesto Contreras y con guion de Carlos Contreras, nos ofrece una profunda reflexión sobre el lenguaje, la identidad y la reconciliación.

La historia sigue a Martín (Fernando Álvarez), un joven lingüista que viaja a un remoto pueblo en la selva para estudiar y documentar el zikril, un idioma indígena en peligro de extinción. Para lograr su objetivo, Martín debe resolver el conflicto entre los dos últimos hablantes vivos del idioma, Don Isauro (José Manuel Poncelis) y Don Evaristo (Eligio Meléndez). La enemistad que ha durado décadas entre ellos ha aislado el idioma y ha llevado a la pérdida de la rica herencia cultural que representa, sin embargo, Martín está decidido a convencerlos de resolver sus diferencias para poder grabar una conversación en zikril, con el fin de documentar y preservar el idioma.

Un dato muy interesante de esta película es que el zikril no es un idioma real, sino que fue diseñado para la película para represenar un idioma en peligro de extinción, la producción contó con el apoyo del lingüista Francisco Javier Félix Valdés quien creo su propio alfabeto y reglas. La decisión de utilizar una lengua ficticia fue tomada para respetar las lenguas indígenas reales.

Sueño en otro idioma nos invita a reflexionar sobre cómo las lenguas representan la esencia de una cultura y su historia. Destaca la importancia de preservar las tradiciones y el conocimiento ancestral, y retrata el impacto emocional que la pérdida de un idioma puede tener en una comunidad.

Esta hermosa película fue ganadora de 6 premios Ariel en 2018 incluyendo mejor película, mejor actor y mejor guión original.


Dos monjes (1934) – Juan Bustillo Oro

Por Bardo Gabriel Martinez

Juan Bustillo Oro que fué un director ampliamente prolífico y reconocido dentro del cine de oro mexicano por sus melodramas y cintas de la época revolucionaria y porfirista, dejó para la posteridad la que muy probablemente sea la cinta expresionista más importante de los años 30.

Después de incursionar en el teatro y en películas como El Fantasma del Convento de Fernando Fuentes en 1933, Bustillo Oro de la mano de artistas como el estridentista Germán Cueto y el director de orquesta Raúl Lavista e influenciados por el expresionismo pictórico y cinematográfico alemán crean Dos Monjes.

Narrativamente la estructura del filme es sencilla, dos amigos Juan y Javier (interpretados por Víctor Urruchúa y Carlos Villatoro) se enamoran de la misma mujer, Ana (Magda Haller), ambos ya convertidos en monjes por la decepción amorosa y moral cuentan al sacerdote del monasterio su versión de lo sucedido. Como en el conocido filme de Kurosawa, Rashomon o en la reciente El Último Duelo de Scott, ambos relatos o «verdades» se entrelazan para finalmente mostrar el trágico desenlace de sus personajes en donde la última verdad la tiene quien está viendo la cinta.

Al igual que su estructura narrativa de tres actos, visualmente, la obra puede dividirse en tres partes. La más simple es la segunda donde todo el peso lo lleva la parte narrativa y donde se desarrolla el melodrama, sin embargo, no por eso hay que descartar los decorados realizados por Cueto. En cada plano observamos interiores donde los juegos de luz y sombras acentúan los sentimientos de cada personaje. Afectos qué se ven acentuados por una estructura infinita que crece hacia el cielo y qué nos permite observarlos en toda su desgracia.

En la primera y tercera parte, relacionadas al inicio y fin del filme es donde el apartado visual goza de una mayor virtud. El monasterio donde se desarrolla la acción se nos presenta como una inmensa fortaleza, por una parte es la casa de Dios y por otra una gran masa donde no hay esperanza de redención. La composición de Bustillo Oro da prioridad a la configuración diseñada por Cueto y a primeros planos donde podemos apreciar el ya clásico maquillaje expresionista qué da viva voz a la emoción de los personajes.

Todos estos elementos se conjugan para finalmente y en lo que será la conclusión del melodrama crear lo que podría llamarse una gran misa de muerte.


Trotacalles (1951) – Matilde Landeta

Por Lily Droeven

Bajo la dirección de la pionera Matilde Landeta y protagonizada por Miroslava Stern y Elda Peralta en los roles principales, Trotacalles (1951) cuenta la historia de Elena y María, dos hermanas que llevan una relación distanciada cuyas vidas se vuelven a cruzar por el amor del mismo hombre. En privado ambas sufren en silencio, Elena está casada con un acaudalado banquero a quien no ama y María vive en una colonia apartada de la ciudad donde dedica al trabajo sexual y cada noche tiene que soportar los constantes abusos de sus clientes. El único apoyo y confianza de María es por parte de un grupo solidario de mujeres que al igual que ella ejercen el trabajo sexual. 

Landeta construye una visión en el que proporciona dos personajes que utilizan su cuerpo y belleza como un método de supervivencia para poder garantizarse un bienestar económico. El guion es una adaptación de Landeta que coescribió junto a José Águila a partir de un argumento del novelista Luis Spota siguiendo los lineamientos de los melodramas de cabaret realizados durante la época del cine de oro mexicano en el que las mujeres abandonadas eran castigadas y se detallaba una desoladora crónica de su colapso y repudio social. 

Está filmada con un estilo neorrealista y en su lenguaje visual los encuadres amplios que enmarcan los espacios abiertos se yuxtaponen a los sentires de las protagonistas al enfatizar la asfixia y opresión que siente cada una, por un lado, Elena vive en una enorme casa lujosa de la que se siente prisionera; María en cambio trabaja en la calle donde la soledad y la tristeza siempre la acompañan como sombras que parecen no desaparecer. En diversas ocasiones se muestra a María deambulando en medio de los edificios enormes. Esa imagen sirve como un reflejo de que la misma sociedad patriarcal la minimiza y la repudia por lo que la calle siempre será su único refugio. 

A pesar de seguir los lineamientos de la época, Landeta prefiere centrarse en explorar la solidaridad femenina de las trabajadoras sexuales ante la explotación y abusos por parte de los hombres mientras hace una crítica profunda a las dinámicas de poder patriarcales y la opresión que pueden vivir las mujeres sin importar su estrato social, aportando en su narrativa una mirada más subjetiva y empática.


Fando y Lis (1968) – Alejandro Jodorowsky

Por Rhodas Roux Aguilar

Si bien siento que la decisión de hablar de Fando y Lis es un poco tramposo dentro de este especial de cine mexicano, la película forma parte importante del imaginario fílmico nacional debido a la narrativa de su producción, censura y exhibición de la cinta.

El primer largometraje del entonces dramaturgo y poeta chileno Alejandro Jodorowsky es una adaptación de una obra de teatro creada por Fernando Arrabal, amigo y colega del cineasta con quien fundó el Movimiento Pánico en París. Fando y Lis nos relata una historia de los protagonistas homónimos que están en busca de la tierra de Tar, un lugar donde encontrarán la felicidad que han estado buscando durante toda su vida, y en el camino a Tar tendrán que superar obstáculos emocionales y traumas para alcanzar la felicidad absoluta.

Ambos protagonistas son personas que tienen traumas que los marcaron y que reproducen en la relación que ambos tienen. Jodorowsky utiliza el absurdismo como ethos del viaje que realizan Fando y Lis para encontrarse a sí mismos y, en ese mismo camino, encontrar la felicidad. Lo interesante del simbolismo que se le da a Tar es que la libertad de la vida misma radica en la misma muerte: el viaje a Tar es el poder morir en paz consigo mismo. 

Cuando la película fue estrenada en Acapulco en 1968 la película fue sumamente controversial. Repudiada por muchas figuras importantes del cine en México, tuvo un periodo de censura donde incluso se condenó a Jodorowsky y se le pidió la expulsión del país. Sin embargo, recibió el aclamo de Roman Polanski, quien vino al país a estrenar El Bebé de Rosemary

Olvidada y perdida por muchos años, Fando y Lis parece ser la obra menor dentro de la interesante y pánica filmografía de Jodorowsky. Sin embargo, fue el primer intento del cineasta de dejar una marca surrealista única dentro del cine que seguiría explorando con películas posteriores como El Topo o La Montaña Sagrada. Fando y Lis es un fenómeno único e inigualable dentro de la historia del cine mexicano.


Misterio (1979) – Marcela Fernández Violante

Por Fernanda Toral

“Alex abre los ojos lentamente. Bosteza, pero sin llevarse la mano a la boca…”

Esas instrucciones las escuchamos en voz en off y vemos como el actor las realiza. Después el director dice ¡Corte!, y se encienden las luces. Lo que se presenta en pantalla es un foro de televisión.  

Es así como comienza la película Misterio (1980), dirigida por Marcela Fernández Violante, una película donde vemos a la producción de una telenovela, la cual se empieza a tornar extraña cuando el protagonista Alex (Juan Ferrara) se da cuenta que su vida cotidiana es la telenovela que están grabando, y todas las acciones están dirigidas por el director (Víctor Junco). 

Durante un poco más de una hora vemos la desesperación de Alex por salir del set a la “realidad”, pero también las dinámicas de poder que se presenta en una producción audiovisual. El rol del director como alguien omnipresente, que toma las decisiones de absolutamente todo en el set. 

Es curioso que exista una película así en la historia del cine mexicano, aunque si nos adentramos a su origen podamos notar similitudes con la historia de nuestro protagonista y la directora. 

Fue una película hecha por encargo de las instituciones gubernamentales, quienes decidieron que fuera ella después de que varios directores la rechazaran. Fernández era secretaria técnica del entonces CUEC, con dos largometrajes anteriores. Las condiciones para grabarla eran paupérrimas: tenía poco tiempo para rodarla (3 a 4 semanas), actores impuestos, pocas locaciones y un cambio de productor en medio de la filmación (todos los detalles de la filmación los pueden encontrar en este video en voz de la propia directora).

Volviendo a las similitudes entre Alex y Marcela filmando esta película, aunque ella es la directora de la película, todas las condiciones para grabarla fueron delimitadas por las instituciones, pero como Alex, ella tampoco dejó que eso influyera completamente en el producto final. Fernández pudo cambiar ciertos aspectos del guion de Vicente Leñero como el final de la historia en la que originalmente se suicida. Fernández no quería un final pesimista, así que decidió que Alex matará al director de la telenovela. ¿Es un final feliz o final triste? es un final y basta, como diría cierta caricatura, que fue elegido por la propia directora a pesar de las exigencias de personas con más poder.


El Imperio de la Fortuna (1986) – Arturo Ripstein

Por Roberto Vudoyra

Cuando muere la madre de Dionisio Pinzón, esa es la noche que cambia su suerte.

Basado en el argumento de Juan Rulfo, Arturo Ripstein nos presenta esta representación triste y desolada de un México rural. Asfixiante, solitario, en ruinas. Idea que no solo se queda presente en el paraje visual; se extiende en la historia contenida de la película y dentro de los personajes. El principal, llamado Dionisio, pasa por toda una serie de eventos que logran convertirlo en un magnate. Mientras, al contrario, su esposa Bernardita, se desarrolla del modo contrario. Aceptando que su destino es estar pegada al sillón cerca de la mesa de juegos, pues Dionisio llega a la conclusión de que, sin ella presente, no puede ganar cada que apuesta.

Enfrente de mis ojos el mensaje es ese: la oscuridad que existe dentro del corazón. La ceguera ocasionada mediante el dinero o el estatus. La facilidad con la que cualquier persona puede quebrarse ante la búsqueda de reconocimiento o poder. Dionisio es este personaje que siente una necesidad de demostrar que siempre ha sido mejor que los otros, a pesar de aquellas condiciones que lo puedan limitar.

Poner ambas imágenes a la exposición de los ojos del espectador es lo que se me hace doloroso. Una feria es un ambiente festivo, pero se adentra en los aspectos más crudos como las apuestas, las peleas, los borrachos y los juegos. Ambientes que por más que pasen los años aún mantienen algo de ese espíritu que suele evocar partes oscuras que existen dentro del mexicano. Los gritos envueltos en un vapor de alcohol que se fermenta desde las entrañas, los balazos soltados a la media noche, las peleas ocasionadas por una mala mirada, las ganas de vengarse y demostrarle superioridad al otro.

Esta película acierta en esta figura. Con el vacío que puede sentir en el estómago el espectador cuando termina de ver la cinta. Profunda tristeza derivada de empatía al reconocer aspectos que siguen estando vigentes sin importar las diferencias sociales que puedan existir. Todo recae dentro de nosotros: nuestras acciones, nuestro modo de comprender la vida, nuestra interpretación de lo que significa ser mexicano.

Cuando se muere la esposa de Dionisio Pinzón, es la noche que cambia su suerte. La noche que lo pierde todo.


Perfume de violetas (2001) – Maryse Sistach

Por Armando Navarro

Lo que más lastima de una película tan cruda como Perfume de violetas (2001) es su vigencia. A 23 años de su estreno, el primer episodio de La Trilogía de la Crueldad de Maryse Sistach sigue siendo un retrato vivo de los embates de la miseria y la desatención en los adolescentes, humildes vidas que comienzan y se enfrentan a un entorno social abrumador, que no terminan de entender. 

Las jovencitas Yessica (Ximena Ayala) y Miriam (Nancy Gutiérrez), son dos amigas que asisten a una secundaria pública en la Ciudad de México; mientras la primera proviene de un hogar sórdido y lleno de carencias, la segunda existe rodeada de inocencia, sobreprotegida por Alicia (Arcelia Ramírez), su madre. Ambas, sin embargo, comparten un elemento clave: la soledad, por lo que su amistad se desenvolverá como un bálsamo, entre juegos y bailes hasta que la tragedia brote desde las sombras. 

En una de las secuencias más siniestras del cine nacional, Yessica es violada dentro de un microbús, “vendida” al chofer por su propio hermanastro Jorge (Luis Fernando Peña). El lamentable incidente, provoca un cambio en la relación fraternal de las dos amigas, llevando a Yessica a un aislamiento peligroso y a Miriam a un rechazo a su compañera, inducido por Alicia. El cúmulo de desgracias, llevará a las niñas a la fatalidad de un camino sin retorno, con un plano final inquietante y los timbrazos telefónicos que nadie quiere recordar.

Tristemente basada en hechos reales, Perfume de violetas es el reflejo de una sociedad que vapulea sin piedad la inocencia; el simbolismo de la fragancia, se presenta aquí como una vía de escape para Yessica, ante la lúgubre realidad que vive, con una madre (María Rojo) frustrada y el ambiente violento en el que tiene que crecer. La obsesión por una existencia que no es la suya (igual que el perfume que roba), la llevará a adueñarse de la vida que anhela, el cariño que no tiene y la atención que merece. ¿Cuántas jovencitas habrá en estos momentos pasando por situaciones similares, ahora, envilecidas por la tecnología, las redes sociales y la miseria que no da tregua? 

La obra maestra de Maryse Sistach, ganó cinco de los doce Premios Ariel a los que estuvo nominada, representó a México en los premios Goya y forma parte de la lista de las cien mejores películas mexicanas de todos los tiempos. Su actualidad es indiscutible. Pareciera, que fue filmada en pleno 2024.


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