‘Un Lago’ (2024): Escribir, idealizar y nadar entre el caos.

Por Ana Gabriela Espinoza.

Mi buen amigo Jaime López, periodista de profesión y cinéfilo de corazón me invitó al cine a ver Un Lago (2024), ópera prima del mexicano Rafael Martínez Sánchez. Honestamente, desconocía dicho proyecto hasta hace unos días cuando en X (antes Twitter), la cuenta de Benuca Films leyó un comentario en el que opinaba sobre la mínima información acerca de la peli; me respondieron que, al tratarse de una producción independiente los recursos de estreno son limitados, pero que iban a intentar llevarla a la mayor cantidad de ciudades posibles y fue ahí cuando supe que tenía que apoyarla.

Un lago, es una historia sencilla y justo por eso funciona. El director no necesita de giros de tuerca abruptos que nos hagan saltar del asiento, ni de flashbacks que nos den contexto, tampoco de escenas explícitas que nos escandalicen, simplemente nos presenta a un tipo común, con frustraciones derivadas de la edad, sueños por realizar, presiones sociales que cumplir y la necesidad de aferrarse a vivir del arte. Emociones y pensamientos que todos hemos experimentado alguna vez en la vida, en especial si eres un treintón.

Martínez Sánchez encuentra la fórmula perfecta al interpretar él mismo a su protagonista, esa en la que al espectador le resulta fácil identificarse con Rich, un joven comunicólogo apasionado del cine que busca algo de inspiración en la casa de descanso de su padre. Con una vista privilegiada al lago y un bloqueo creativo enorme, espera ansiosamente que las musas hagan lo suyo sin tener mucho éxito, pues al paso de los días no hay guion cinematográfico, ni planes, sólo su padre insistiendo que ya busque un trabajo. Cuando Rich se encuentra inmerso en la monotonía de una temporada en la que sí o sí tiene que decidir qué hacer con su vida, se topa con Dani (Camila Acosta), una chica que le atrae de inmediato y que al principio no muestra interés por él, pero que más tarde cede ante su compañía.

Con toques de comedia, conversaciones entre amigos que resultan familiares para el espectador y falsas ilusiones en un amor que al parecer no será, somos testigos de cómo el protagonista se replantea su propia idea del amor, se cuestiona las relaciones personales que aspira a tener y su necedad de escribir una película o volver a la Ciudad de México y declararse un “fracasado” en el arte. Por eso conectamos con la trama, porque todos nos hemos aferrado a seguir nuestros sueños antes que convertirnos en un “godín” o ejercer la carrera que “si nos va a dar dinero”.

Aunque su fugaz enamoramiento de Dani funciona como un pequeño rayo de esperanza y fuente de inspiración en su escritura, nos damos cuenta que Rich termina siendo como la mayoría de personas “intensas” en el mundo (incluida yo): idealizamos demasiado a la gente con nuestras expectativas y terminamos frustrados por nuestra propia forma de amar a otros. Me ha pasado, te ha pasado y es más normal de lo que suponemos. Al ver las escenas de Rich y Dani, personalmente recordé los intentos de poemas que he escrito cuando me gusta alguien, las cartas de amor que envíe después de un brote inesperado de romance e inspiración, las canciones que he dedicado o los viajes que he hecho para ir a ver a alguien que quiero. Todo eso lo hice por personas de las que hoy no sé nada, nuestros caminos están más que separados, ¿me arrepiento? no, porque como dijo Rich: Tal vez, al mundo le hace falta más gente intensa”.

Un lago, es una referencia de la vida misma y lo que queremos alcanzar, pero que por miedo, dudas, incertidumbre o tibiezas no nos atrevemos a explorar. Y sí, se vale ser una mala copa, enojarse con tu mejor amigo cuando te dice tus verdades. El verdadero truco que nos enseña el protagonista es tener a tu lado a un buen amigo que te sostenga mientras lloras a moco tendido, pero también cuando por fin te atreves a nadar todo el lago.

La historia nos mueve porque todos nos hemos imaginado casados y con hijos con alguien que ni siquiera nos ve como amigos. Porque yo también hubiera hecho la cara de Rich cuando escuché la palabra “poliamor”, porque también hemos comprado chocolates para regalar, aunque seamos tachados de cursis, porque hemos llorado por nada y por todo al mismo tiempo en una borrachera de fin de semana en el hombro de un amigo. Porque hemos estallado, nos hemos hartado de intentar una y otra vez, porque la página en blanco asusta y porque confrontarnos a nosotros mismos resulta más un acto de valentía que un efecto del alcohol. Porque todos hemos soñado con nadar todo el lago, en especial aquellos que cada vez nos acercamos más a los 30.

Como apasionados del séptimo arte no podíamos dejar pasar una propuesta así y es que las cifras respecto al cine “indie” en México son poco alentadoras. A pesar de contar con historias que valen cada minuto de producción y edición, el hecho de realizarse fuera de los estudios convencionales y de sufrir la falta de presupuesto, si bien nos va, a las que alcanzamos a ver en salas no comerciales, terminan ocupando sólo el 2.8% de las pantallas de exhibición a nivel nacional. Se necesitan más películas así en nuestro cine, que nos ayuden a conectar con esa parte sencilla pero profunda de nuestro ser. Apoyemos producciones independientes para que lleguen a más personas que también deseen nadar todo el lago.

Un Lago se encuentra disponible en cines selectos de México, aquí el tráiler:


Ana Espinoza (Puebla, México, 1998) es Licenciada en Administración de empresas por convicción, cinéfila por afición y escritora por puro amor. Ha incursionado en diversos géneros literarios, principalmente en narrativa a través de cuentos, ensayos y reseñas. La pasión por el séptimo arte la descubrió en años recientes como herencia de su madre, convirtiéndose en fan, especialmente del cine mexicano.


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