Este especial es un homenaje a las directoras que, con talento, determinación y una mirada propia, están cambiando la forma en que se hace cine. Sus películas hablan de temas como la identidad, las desigualdades de género, la maternidad, la vida cotidiana y las relaciones familiares, narrados desde la experiencia femenina.

Las playas de Agnès (2008) – Agnès Varda
«Si abriéramos a la gente, encontraríamos paisajes. Si me expusieran a mí misma, encontraríamos playas».
Agnès Varda.
Documental autobiográfico de la fotógrafa, directora, y feminista francesa más famosa: Agnès Varda.
La cineasta, a la que le gustaba grabar y ordenar sus recuerdos en cuadernos y acumular muchas fotos, enumera los momentos más destacados de su vida (privada y artística) que serían como las imágenes reflejadas por espejos esparcidos en la playa de Sète.
La realizadora francesa explora sus memorias, de forma cronológica, a través de fotografías, videos, entrevistas, representaciones y narraciones de su vida.
Este hermoso trabajo es un generoso cuaderno de viaje que nos mostrará parte de su vida, de su familia pero sobre todo, de su carrera como la gran cineasta y encantadora mujer que fue.
Sus memorias parten desde su niñez en familia, vivir la Segunda Guerra Mundial, su primer trabajo, sus estudios y su primera película. Las grandes amistades que hizo, su relación con Jacques Demy, quien fue su amor eterno, la familia que formó, y claro, qué la llevó a hacer las cintas que hizo.
Agnès Varda, la querida madrina de la nueva ola francesa, vuelve a las playas que formaron parte de su vida y demostró en este maravilloso autorretrato de una vida bien vivida, que envejecer es algo para celebrar.
La cineasta hace una introspección en su persona y su biografía como nunca antes. Por medio de videos, cintas viejas y fotografías que parecieran salir de una caja de recuerdos,
compuesto por extractos de películas y escenificaciones dramáticas, logra ser tiernamente reflexivo, divertido y a la vez, lleno de sabiduría.
Varda revisita nostálgica y físicamente varios de los lugares que jugaron algún papel importante en su vida. A manera como de un rompecabezas, se unen múltiples elementos para narrar dichos fragmentos de su vida, recreando incluso algunas escenas de su pasado. Dicho rompecabezas se siente también como un collage de vestigios recolectados de su vida, el cual siempre regresa a las playas como punto de partida. Esta talentosa mujer se armó de una cámara y sus referencias visuales plasmadas en pinturas para rodar su primera película en la década de los cincuenta. Con el paso del tiempo, nunca olvidó lo que era importante para ella: contar las historias que tenía en mente. Con cincuenta años de experiencia, la cineasta seguía filmando su cotidianidad desde su videocámara casera, únicamente por el gusto de filmar y documentar sus entornos. Por medio de su lenguaje cinematográfico tan peculiar, Agnès nos recuerda que el arte nace desde la pasión misma de hacer arte, no del equipo o de la trayectoria que se tenga para realizarlo.
Un valioso y muy recomendable documental que nos regala una inspiradora lección no sólo de cine sino también de vida.
«Tuve un mundo, no creo que haya tenido una carrera. Hice películas».
Agnès Varda.

April (2024) – Dea Kulumbegashvili
Dea Kulumbegashvili, directora y guionista georgiana, presenta April cinco años después de su ópera prima Beginning. La película fue galardonada con el Premio Especial del Jurado en el 81° Festival de Cine de Venecia.
La cinta presenta a Nina (Ia Sukhitashvili), una doctora ginecóloga-obstetra que se ve envuelta en una investigación por negligencia, señalada como responsable de la muerte en parto de un bebé. Fuera del hospital, Nina lleva a cabo abortos en secreto para mujeres de pueblos lejanos, un acto de ayuda que la expone a rumores y juicios severos. Aunque el aborto es legal en Georgia, la sociedad condena y margina tanto a quienes lo realizan como a quienes lo necesitan.
Tanto en su ópera prima como en esta cinta, Kulumbegashvili se distingue por un estilo marcado por largos silencios, planos fijos y una potente atmósfera sonora. El sonido es un elemento fundamental en su dirección. A menudo, la cámara se mantiene fija en un punto mientras la acción principal se desarrolla fuera de cuadro. De esta manera, la directora georgiana logra sumergir al espectador, invitándolo a interpretar y deducir los eventos a partir de lo que escucha.
Más allá de ser una película sobre el aborto, April se distingue por su reflexión sobre otras cuestiones. Algunos de los temas cruciales en la cinta son la búsqueda de libertad sexual por parte de las mujeres, los dilemas éticos y morales en la profesión médica, las leyes de aborto y las notorias deficiencias del sistema de salud. Esencialmente, la narrativa se convierte en una exposición sobre la dualidad entre lo correcto y lo incorrecto, así como las repercusiones, sean estas de índole divina o terrenal.

Ella (2015) – Libia Stella Gomez
Hablar sobre la muerte puede generar incomodidad en ciertas personas o interés en otras; es un proceso natural que todos los seres vivos experimentaremos en algún momento; sin embargo, la garantía de disponer de un sepelio digno está sujeta a la capacidad económica de los dolientes o de lo que haya dejado el fallecido. Por tanto, en un país profundamente desigual como Colombia, encontramos historias donde tener unas exequias íntegras es un lujo para una gran parte de la población. Es en ese contexto donde nace Ella, una película dirigida y escrita por la cineasta y guionista colombiana Libia Stella Gómez, que aborda la dignidad y la indolencia ante la pérdida de un ser querido.
Alcides y Georgina son una pareja de la tercera edad que vive en un inquilinato de la localidad de Ciudad Bolívar; junto a ellos vive su vecina Guiselle, una niña de 12 años que es maltratada por su padre Facundo. Un día, tras una discusión violenta entre Georgina y Facundo, la mujer muere. Por lo que Alcides se enfrenta a la responsabilidad de llevar a cabo el sepelio de su difunta esposa. Esto lo conducirá a una estación de policía, un centro de salud, una iglesia y una ONG en busca de ayuda, mientras transporta el cuerpo de su amada en una carreta; sin embargo, Alcides se encontrará de frente con la indiferencia. Entre tanto, Guiselle se convierte en una figura de apoyo y afabilidad dentro de una sociedad indolente y apática. Las dificultades por las que tiene que pasar Alcides para llevar a cabo su cometido lo encaminan a cambiar su relación con las demás personas y su entorno.
Ella explora una fotografía en blanco y negro, con toques puntuales de azul y rojo, que se une con un sonido magistral que logra dar profundidad a las escenas; por ejemplo, el toque de las campanas de la iglesia como símbolo del fallecimiento de Georgina. Ella es una historia donde la muerte está presente en cada momento, y nos invita a reflexionar sobre la dignidad humana, la culpa, la violencia, la insensibilidad, la pérdida, el duelo y la complicidad. Ella es una película que examina cómo el acto de morir se ha convertido en un negocio que deja de lado la compasión y la empatía, pero que a su vez brinda unión y esperanza.

Lady Bird (2017) – Greta Gerwig
Cuando pronunciamos el nombre de Greta Gerwig automáticamente pensamos en el éxito taquillero de Barbie (2023), pero antes de ver el live action de la muñeca favorita, pudimos presenciar a Greta hacer su debut como directora en este largometraje.
Greta lleva a la pantalla la historia de Christine, una estudiante que ronda los 17 años y que asiste a una escuela católica, algo que suena típico para una chica que vive en Sacramento, California. Sin embargo la vida de Christine que decide hacerse llamar Lady Bird.
Lady Bird vive en un ambiente caótico y eso pareciera que podría afectar su educación universitaria ya que su mamá se muestra renuente a la idea de que su hija tome una educación universitaria, ni pensar que esta pueda ser fuera de la ciudad en la que viven.
La vida de una adolescente de 17 años puede dar muchos giros, como descubrir que su novio es gay, pretender que vive en otra casa porqué le apena el espacio en el vive o por ejemplo perder a la que fuera su mejor amiga y buscar nuevas amistades con tal de encajar.
En Lady Bird podemos ver muchos de los conflictos de la adolescencia reflejados de una manera cotidiana y que nos pone a recordar lo que hicimos en ese momento o como salimos de esa situación, pero lo mejor de todo es ver la maestría con la que Greta dirige este largometraje y logra impactar tanto en el gusto del espectador que al día de hoy, 8 años después de su lanzamiento, Lady Bird ha logrado posicionarse como un referente en el cine LGBTIQ+.

Fish Tank (2009) – Andrea Arnold
Cuando hablamos de películas realistas y sociales, Andrea Arnold, nacida en Dartford, Kent, Inglaterra, es de las máximas representante dentro de este subgénero fílmico que cautivo desde sus inicios con sus cortometrajes: Milk (1998), Dog (2001) y Wasp (2003), este último galardonado al Oscar, en el 2005. Pero con Fish Tank (2009), su segundo largometraje, nos mostró su maestría al retratar las vicisitudes de una adolescente que lucha por sobrevivir dentro de los suburbios marginados ingleses.
La historia se centra en Mía (Katie Jarvis), una adolescente que vive con Tyler (Rebecca Griffiths), su pequeña hermana y su madre (Kierston Wareing), quien no le presta atención y ejerce violencia, por lo que el único escape de la joven es bailar break dance. Sin embargo, todo cambia cuando conoce a Connor (Michael Fassbender), el nuevo novio de su mamá, con él tendrá una conexión inmediata y será su apoyo tanto emocional como económico.
Uno de los mayores aciertos es el fichaje de Jarvis, con tan sólo 16 años y sin experiencia en la actuación, entrega una interpretación sobresaliente por su naturalidad, colocándola a la par del ya consolidado Fassbender, reconocido por aparecer en 300 (2006) y Shame (2011). Por otra parte, Wareing (It’s a Free World, 2008)y Griffiths, pese a ser personajes secundarios, logran resaltar en cada escena que aparecen.
Otro factor importante en Fish Tank, es la dirección de Arnold junto con la fotografía, ya que cuenta con tomas en cámara a mano que nos da la sensación de un documental y con encuadres cerrados, creando un ambiente claustrofóbico, pero con la intención de reafirmar el sentir de la protagonista al encontrarse atrapada en un entorno hostil, sin embargo, también cuenta con escenas intimas y bellas acompañadas por una buena selección musical, como es el caso de Mía bailando en medio de la habitación oscura, pero a través de la ventana se filtra un rayo de luz, mientras es observada por Connor.
Fish Tank es un largometraje honesto sobre la cotidianidad de la clase baja con problemas sociales reales que logra ser emotiva sin caer en el melodrama y con una sensibilidad que sólo Arnold logra en cada uno de sus proyectos. Por todos los elementos antes mencionados, no es de sorprender que sea un filme multipremiado, destacando Mejor Dirección en los British Independent Film, en 2009 y Mejor Película Británica en los BAFTA, en 2010.

Lost In Transalation (2004) – Sofia Coppola
Entre luces de neón, karaokes desentonados y habitaciones de hotel donde el tiempo parece suspenderse, Lost in Translation se convierte en una de esas películas que no buscan gritarte su mensaje, sino susurrártelo al oído. Dirigida por Sofia Coppola, esta cinta no es solo un romance improbable entre dos almas perdidas; es una de las representaciones más delicadas, ambiguas y emotivas de la desconexión humana en el cine contemporáneo.
Bob (Bill Murray), un actor estadounidense envejecido, llega a Tokio para filmar un comercial de whisky. Charlotte (Scarlett Johansson), una joven recién casada y académicamente frustrada, lo acompaña en el mismo hotel, mientras su esposo trabaja como fotógrafo. Ambos están solos, desorientados, atrapados en una ciudad que no entienden del todo —ni por el idioma, ni por la cultura, ni por la etapa de vida en la que se encuentran. Se reconocen mutuamente en ese vacío, y sin que medie gran cosa, nace entre ellos un lazo profundo, tierno y complejo.
Sofia Coppola, en su segundo largometraje, escribe y dirige con una sensibilidad extraordinaria, alejándose de los cánones del melodrama y de la narrativa tradicional del romance. Aquí no hay grandes gestos, no hay clímax explosivos. Todo es tenue, íntimo, retenido. Su mirada como directora escapa del discurso masculino típico del cine hollywoodense: ella filma el deseo sin sexualizar, la nostalgia sin manipular, la belleza sin imponer. En lugar de subrayar emociones, las deja respirar.
La ciudad de Tokio no es solo un fondo exótico, sino una extensión de los personajes: abrumadora, luminosa, ajena. La fotografía de Lance Acord captura esa mezcla de desconexión y asombro con luces suaves, encuadres contemplativos y un uso evocador del espacio urbano. La música, por su parte —con temas de Air, Phoenix y Kevin Shields— funciona como un latido que acompaña cada paso silencioso de los protagonistas.
Y aunque Lost in Translation podría parecer “una película donde no pasa nada”, lo cierto es que todo pasa: en los silencios, en las miradas, en lo no dicho. Es cine sobre lo intangible. Sobre lo que se siente pero no se explica.
Para quienes quieran salirse del carril habitual y descubrir el cine desde otras perspectivas, Coppola ofrece una alternativa valiosa: íntima, femenina, universal. No es solo ver cine dirigido por mujeres. Es ver lo que el cine puede ser cuando se escribe y se filma desde otras voces.
Porque hay películas que no te cambian la vida, pero te acompañan cuando más lo necesitas. Lost in Translation es una de ellas.

Aftersun (2022) – Charlotte Wells
Aftersun es la ópera prima de la directora Charlotte Wells. Sigue a Calum, interpretado por el increíble Paul Mescal, y a Sophie durante unas vacaciones en un resort en Turquía. Este viaje padre/hija explora la relación entre el duelo, la memoria y la melancolía, a través de sus personajes y una cinematografía que evoca la nostalgia de los noventa.
Sophie existe en un espacio liminal: demasiado grande para jugar con las niñas pequeñas, pero aún muy joven para convivir con los adolescentes… y para entender a su papá. Así, el verdadero foco de la cinta es Calum, un hombre de treinta y un años que se esfuerza por ser un buen padre a pesar de la melancolía que lo consume.
Las escenas de una mujer adulta buscando a Calum en una pista de baile oscura, más adelante revelada como la Sophie del presente, indican que esta es la historia de una hija tratando de reconstruir a su padre desde el umbral borroso de la memoria. Calum se nos presenta a través de fragmentos: los momentos en que su máscara de buen papá se desliza y deja ver a un hombre profundamente deprimido, sus problemas económicos, relaciones fallidas, el hábito de fumar que oculta, los libros de autoayuda, las técnicas de Tai Chi… Todo compone el retrato de alguien que intenta ser mejor, que quiere ser un buen padre a pesar del dolor que lo habita.
Ese retrato también se construye desde las herramientas de la memoria: vemos a Sophie grabarlo constantemente con una videocámara. La película insiste en estos elementos (videocámaras, fotografías instantáneas, imágenes en movimiento) como formas de atrapar algo que, en su momento, no se pudo entender del todo. Asimismo, el uso constante del color azul encapsula perfectamente el tono nostálgico de la cinta.
Así, Wells construye esta historia a través de sutilezas. No hay necesidad de monólogos: se enfoca en los detalles que solemos ignorar, especialmente de niños, como la fragilidad de nuestros adultos de confianza. Al final, comprendemos la tristeza de Calum y la ingenuidad de Sophie, aunque nunca lo digan en voz alta. Ese es el mayor logro de Wells: una historia íntima y emocional que explora los límites de la memoria, el duelo y el crecimiento. Una mirada femenina: empatía, humanidad, intimidad, y la sensación de que toda una vida puede caber en una fotografía instantánea.

The Slumber Party Massacre (1982) – Amy Holden Jones
Era 1982 y una joven Amy Holden-Jones se encontraba en una encrucijada. Por un lado, Roger Corman, el rey del cine independiente y de bajo presupuesto, le ponía sobre la mesa la oportunidad de dirigir por primera vez y mientras tanto, el genio de Hollywood, Steven Spielberg le ofrecía ser la editora de su nueva película, E.T.
Amy había logrado prosperar en una industria dominada por hombres y estaba enfrentando la decisión más importante de su carrera. Ella sabía que si tomaba la labor de editar la próxima cinta de Spielberg automáticamente entraría a las grandes ligas y con una bebé en casa no le veía con malos ojos un ingreso estable y cuantioso.
Pero también sabía que en el momento en el cual ella aceptara editar E.T., su sueño de ser directora de cine se esfumaría.
“¿Qué elegir?” se preguntaba ella.
Ahora la película propuesta por Corman no era una destinada a la grandeza de los premios o a la alcurnia de la elite cinematográfica.
¡Vamos! ¡Por Dios! ¡Es Corman! Legendario productor y director de cine bajo presupuesto con predilección por el sexo, la violencia y el terror.
La película ofrecida era un slasher.
Pero aun así, aunque fuese un slasher de bajo presupuesto, tenía un cierto encanto que embelesaba a la joven Amy.
El encanto radicaba en dos situaciones que la alimentaban la esencia del proyecto.
La primera era que sin ella este guion no sería realizado. Se perdería en una enorme pila en el escritorio del Sr. Corman ¡Ella era la única que podía darle vida!
La segunda situación era que el guion había sido escrito por Rita Mae Brown, una prominente activista feminista y escritora de la coming-of-age lésbica, Rubyfruit Jungle.
Ambos aspectos para Amy eran muy seductores.
Tan seductores que la idea de rechazar a Spielberg le parecía la mejor decisión.
Y así fue.
Le dijo que no al Rey Midas, y se embarcó en su debut como directora.
The Slumber Party Massacre no solo es la presentación como directora de Amy Holden-Jones, sino que es también una hábil cinta que cumple lo que le fue requerido: ser un slasher y ser feminista.
La maestría de Amy es patente al cumplir con los requisitos de Corman (sexo, violencia y horror) sin poner en jaque la individualidad de sus personajes femeninos.
Sus protagonistas son mujeres libres que rompen clichés y que se adueñan de dispositivos masculinos para salir avantes al final de la trama.
The Slumber Party Massacre es más que un slasher de bajo presupuesto; es el testamento de la determinante fuerza femenina tanto detrás como frente de las cámaras.

Trouble Every Day (2001) – Claire Denis
Estrenado en español bajo el título de Sangre caníbal, el sexto largometraje de la francesa Claire Denis la llevó a explorar una vez más el lado oscuro de las pulsiones humanas, cosa que ya había hecho antes en J’ai pas sommeil (No tengo sueño, 1994) al explorar la historia de un asesino serial. Pero en esta ocasión, entraría de lleno al género del horror, o al menos a su manera, pues esta es una película de vampiros aunque no lo parezca.
La cinta nos presenta a doctor Léo Semenau (Alex Descas), un hombre solitario y de pocas palabras que vive con su esposa Coré Corbjin (Béatrice Dalle), a la cual tiene encerrada en casa todo el tiempo. De cuando en cuando, ella logra escapar de su cautiverio e invariablemente termina atacando a algún hombre, quedando completamente cubierta de sangre, siendo Léo quien la limpia y se deshace de cualquier evidencia. Al parecer, Coré tiene algún tipo de aflicción que la lleva a comportarse de ese modo. Ella quiere morir para liberarse, mas Léo no se lo permite. Por otro lado, conocemos a Shane Brown (Vincent Gallo), quien viaja a París para su luna de miel, aunque ni siquiera el estar recién casado con su joven esposa June (Tricia Vessey) logra sacarlo de la melancolía que llena su ser. Shane tiene una agenda secreta, pues busca al doctor Semenau. Mediante conversaciones con otros personajes descubrimos que ambos trabajaron juntos en el pasado, desarrollando un nuevo medicamento hasta que tuvieron una diferencia cuando Brown quería hacer pruebas en sujetos humanos y Semenau dijo que no estaban listos.
Como siempre ocurre en el cine de Denis, el espectador debe poner mucho de su parte para deducir lo que ocurre. La cinta sugiere que Shane y Coré, además de compartir un amorío, experimentaron con ellos mismos y esto los transformó en monstruos modernos, producto de la ciencia en vez del folklore. Su apetito sexual se convierte en una insaciable sed de sangre. Es por eso que Shane no puede consumar su matrimonio, pues teme perder el control y acabar con la vida de June. Pero también podemos ver en la trama una alegoría del miedo a la sexualidad femenina, pues Coré es vista como una fuerza incontenible que los hombres padecen: varios se vuelven sus víctimas, mientras que Léo intenta contenerla o curarla y Shane busca terminar con ella.

Mimi metalúrgico herido en el honor (1972) – Lina Wertmüller
Carmelo, Mimì, Mardocheo (Giancarlo Giannini) es un albañil, el cual vive con su familia y se siente frustrado sexualmente con su esposa Rosalía (Agostina Belli). Un día Mimì escapa del pueblo de donde vive porque es despedido de su trabajo, esto debido a que se enteraron de que él votó en contra del candidato que tiene relación con la mafia y que está en contra de sus ideales comunistas. En un inicio tiene temor de empezar en una nueva ciudad, pero ahí conoce a una nueva mujer Fiorella (Mariangela Melato) y tiene un nuevo trabajo. Vive tranquilamente hasta que un nuevo problema con la mafia hace que tenga que volver a su lugar de origen.
Lina Wertmüller empezó su carrera como actriz, pero es en 1962 que empieza su camino en el cine siendo la asistente de dirección de Federico Fellini, lo cual daría como resultado que al siguiente año ella dirigiera su primera película Il basilischi. Una de las características que harían la diferencia con Fellini es que, si él en sus películas era más de ambientes más íntimos y cercanos, Lina era más política y cercana a los temas sociales de su época, lo cual se ve claramente reflejado, sobre todo, en sus películas que realizó en la década de los setenta.
Mimi metalúrgico herido en el honor es la primera película de esta época fructífera en el trabajo cinematográfico de Wertmüller, la cual es visual y narrativamente fascinante, sin aleccionar es una crítica al machismo de la época (y que no es muy diferente al actual), un hombre que tiene fuertes ideales de izquierda, que quiere hacer algo para que la mafia no controlé su pueblo, pero que no puede hacerse su propia comida, todas la mujeres de su alrededor (sus hermanas y sus parejas) parecen ser las responsables de sus frustraciones y cuidados. Esta comedia negra no solo es un reflejo de su época, resuena en muchos aspectos a nuestra actualidad porque desafortunadamente el machismo está latente en todo momento.
Si quieren ver un cine crítico y entretenido recomiendo ver las demás películas que Lina realizó en los setenta como Amor y anarquía (1973), Insólita aventura de verano (1974) y Siete bellezas (1976) por la que compitió en los Premios Óscar en las categorías de actor, dirección, película extranjera y guion original.

Jeanne Dielman 23, quai du Commerce 1080 Bruxelles (1975) – Chantal Akerman
Jeanne Dielman (Delphine Seyrig) es una mujer viuda, con un hijo (Jan Decorte) de 16 años. Ambos viven en Bruselas, donde su existencia transcurre entre la cotidianidad y el hastío. Por las mañanas, Jeanne Dielman se dedica minuciosamente a las tareas del hogar, más tarde, se prostituye con hombres que aparecen en su domicilio, previa cita.
En Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975), la cineasta belga Chantal Akerman entrega un estudio contemplativo sobre la relevancia del tiempo y la alienación de las sociedades, donde la paciencia del espectador se verá recompensada en una apoteosis alucinante, resultado del cúmulo de tensión en la protagonista, que explota como bomba de tiempo.
No es una película para cualquier público: sus casi 200 minutos de metraje se vuelven una experiencia hipnótica, teniendo al encuadre como una ventana estática que permite adentrarse a una rutina gris y repetitiva; su retador estilo, donde se adjudica más importancia al tiempo que a la narrativa, impone una experiencia cercana al hiperrealismo, con la ilusión de ser testigos en tiempo real de los andares de Jeanne.
Esta joya de Chantal Akerman, es además una elegante crítica al patriarcado, un grito de autoridad que se incrustaba en el movimiento europeo feminista de aquella época; la película se atrevía a mostrar lo que regularmente el cine esconde: el tedio, la soledad y las largas jornadas donde una mujer busca permanecer ocupada para evitar enloquecer.
Estrenada en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes de 1975, Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles dividió en su momento a crítica y audiencia, entre quienes la encontraban soporífera y pretenciosa, y aquellos que la enaltecían como una de las primeras obras maestras feministas en la historia del cine.
El tiempo, siempre tan justo, colocó el filme en un altar de culto, además de obtener el reconocimiento definitivo de los críticos: en 2022, una encuesta de la revista Sight & Sound la distinguió como la mejor película de todos los tiempos, dejando atrás a los clásicos hasta entonces inamovibles Ciudadano Kane (1941) de Orson Welles y Vértigo (1958) de Alfred Hitchcock.
En aquellos subversivos años 70, la prolífica obra de la leyenda Chantal Akerman terminó de despegar, para convertirse paulatinamente en una de las cineastas con mayor influencia en la industria, en el que nombres como Todd Haynes, Gus Van Sant y Céline Sciamma, han bebido del estilo poético y minimalista de la directora originaria de Etterbeek, Bélgica.
La imponente belleza de Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles deslumbra por su sencillez, en el que menos, es más; una trama en la que los hábitos de una mañana solitaria (preparar la comida, lavar los platos, etc.), contrastan con las tardes de visitas masculinas, donde Jeanne Dielman apenas contacta con ese universo exterior, que su alienación le mantiene restringido.
En los últimos minutos, la visceralidad de los acontecimientos cimbran a la protagonista y al voyeur que ha sido testigo de su rutina. La placidez con la que Jeanne espera su destino, mientras es bañada por esos destellos de luz, es de una perfección radiante.

Prayers for the stolen (2021) – Tatiana Huezo
Sin duda en un especial dedicado a las mujeres cineastas que con sus mundos creados (o re-creados) en películas y que nos regalan una forma especial de narrarlos, no podemos dejar de fuera a las directoras mexicanas contemporáneas que, pese al estrecho camino de encontrarse oportunidades, han logrado hacer de sus filmografías narrativas complejas y esperanzadoras. Entre ellas podemos nombrar a Issa López, Maryse Sistach, Fernanda Valadez, Michelle Garza, Ángeles Cruz, o Lila Avilés, peromentre todas ellas, hemos de hablar sobre la méxico-salvadoreña Tatiana Huezo y una de sus películas más crudas y nobles: Noche de fuego, estrenada en el 2021 y que nos regaló, además de unas actuaciones entrañables, un acercamiento microscópico a la vivencia de la brutalidad de un país tan aterrador como impune.
Prayers for the Stolen (oraciones por los robados) cuya traducción más literal del inglés nos da mejores pistas sobre la trama, es una filme basado en la novela homónima Ladydi de Jennifer Clement, que nos habla de la sobrevivencia de mujeres en Guerrero obligadas a esconderse en hoyos bajo tierra con tal de no ser secuestradas por el narco y luego llevadas a redes de trata de blancas en Estados Unidos.
La película nos cuenta la historia de Ana, una pequeña que vive con su madre en la lejanía de una comunidad de la sierra, donde el pueblo es arrebatado por una ola de violencia detentada por el narco que cada cierto tiempo -e irrumpiendo el silencio del ambiente- llega a secuestrar a las niñas del pueblo. Rita, la madre de Ana, desarrolla toda una logística para buscar la manera de protegerla: la rapa, la viste masculina y la oculta en un hoyo creado en el patio de su casa. Es así como Ana, junto con sus amigas María y Paula, tienen que aprender a ser niñas de la forma más difícil. Después de una serie de crímenes cometidos en el pueblo, Ana encontrará en el cariño de su madre, sus amigas y sus vecinos, una nueva forma de enfrentar las adversidades.
Lo más importante de señalar en una película así, es que Tatiana no tiene la intención de hacer de ella una película más sobre los estragos de la violencia a gran escala, sino que decide poner su atención en la resiliencia y la determinación de sus personajes para dejar de verlos como unas víctimas resignadas de sus circunstancias. Es así como, en medio de los problemas, Ana descubre a su primer amor, experimenta cambios físicos y emocionales propios de su edad, encuentra en sus amigas compañeras que atraviesan por las mismas dificultades y entiende, de la forma más real y penosa, que ser mujer en un país como el nuestro resulta ser casi una desgracia. Y sin embargo, Tatiana nos lleva más allá de eso, mostrándonos una sinergia entre los personajes femeninos que poco es visto en el cine, demostrando también que la complejidad, solidaridad e inocencia de los lazos que pueden unir a unas niñas que experimentan un mundo tan hostil es también parte de un panorama esperanzador para los peligros que vivimos todos los días y que aunque hay victimarios que destruyen vidas enteras y perturban la vida en comunidad,siempre existirán resistencias que no dejan que la crueldad quiebre los espíritus.

El caballo de dos piernas (2008) – Samira Makhmalbaf
Samira Makhmalbaf filmó “El caballo de dos piernas” en el año 2008 en Afganistán. Los protagonistas no eran actores previamente, sino niños que mendigaban por las calles de aquel país, y los escogió cuidadosamente. Tuvo dificultades para filmar esta película en su propio país, por eso tuvo que hacerlo en su vecino Afganistán. Se dice que la filmación estuvo envuelta en un clima de peligro constante por los ataques con granadas.
Samira Makhmalbaf es una cineasta iraní, nacida en 1980 dentro de una familia de directores reconocidos. Forma parte de la llamada Nueva Ola de cine iraní junto a su hermana Hana. En 1998, con solo 17 años, participó en Cannes con su película “La manzana”. Al año siguiente volvió, ahora con su cinta “La pizarra” y ganó el Premio del Jurado. La mayoría de sus películas están cargadas del realismo más humano y maduradas desde una mirada profundamente sensible.
Durante todo el siglo XX Irán estuvo interesado en los productos cinematográficos, se hizo cine desde distintos movimientos y corrientes, hubo incluso una etapa en la que las mujeres no aparecieron en las películas, pero fue hasta finales de los mediados de los noventa que, con el clima de censura y la poca posibilidad de expresión política que podían permitirse los creadores, el cine se convirtió en el medio de enunciar sus posturas políticas.
La historia inicia cuando el padre de un niño sin piernas busca un empleado que lo cargue y lo transporte en su día a día mientras él sale de viaje. El empleado ganará un dólar al día y el elegido es un jovencito con retraso mental pero suficiente fortaleza física que lucha por ganarse el puesto. A lo largo de la cinta experimentarán situaciones en las que el ejercicio del poder y la sumisión serán clave.
Mucho se ha dicho sobre la crueldad que retratan las situaciones que viven los niños en la cinta: el abandono, la deshumanización, la humillación, la pobreza. Esto, sumado al contexto de pobreza y marginación y los conflictos bélicos. La cinta genera la sensación del tedio a partir de la repetición constante de las acciones, que conforman a su vez, la repetitiva rutina del esclavo y el incansable brío del amo. Además, explora los límites de la dignidad humana y de la transformación interior posterior al maltrato, en palabras de ella: “cuánto aguanta un ser humano por necesidad antes de transformarse”.

American Psycho (2000) – Mary Harron
Por Eli Morales
Falta de remordimiento, poca empatía, manipulación, incluso tendencia a la seducción son algunas de las características que definen a un psicópata, ser tan temido (según algunas personas hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos) que no dudaría en hacernos pasar por nuestras peores pesadillas en vida. En los 2000 se realizó la adaptación cinematográfica de la novela escrita por Bret Easton Ellis «American Psycho«, de la mano de Mary Harron, un filme que nos adentra en el tema de la psicopatía con un toque de suspenso.
Con una memorable actuación por parte de Christian Bale podemos disfrutar de un Patrick Bateman totalmente desquiciado pero con una parte de él atrapado bajo el yugo del remordimiento. Bateman es un hombre de negocios cuyo objetivo es alcanzar la perfección y encajar, codeándose día a día con la gente de las altas esferas citadinas, compitiendo por quien es el mejor así sea con pequeñas demostraciones para marcar territorio (ejemplo cuando se muestran sus tarjetas de presentación y saca de quicio que la de cierto sujeto tenga letras grabadas con mejor relieve) pero este enloquecido hombre de 27 años, que se rige por una estricta rutina, además de predilección por la música de Whitney Houston aunque gusta de asesinar con violencia y a sangre fría, también muestra sus preocupaciones por evitar ser detenido, causándole conflicto lograr una coartada convincente y, una vez más, perfecta, que culmina con su torpe confesión en un momento de debilidad ante su abogado. Patrick es capaz de llorar, mostrarse nervioso, de alguna forma encuentra las palabras para pedir ayuda.
Mary Harron nos guía por la mente retorcida de Bateman, creando una atmósfera que te mantiene atento al siguiente movimiento, como si quisiéramos descifrar el enigma que es el protagonista. Lo interesante de los diálogos es poner atención para descubrir si podemos confiar en el narrador, porque aunque pueden ser en algunas partes chistosos por el poco sentido que tienen, también nos revelan pistas sobre como maquina un auténtico psicópata.

The Babadook (2014) – Jennifer Kent
The Babadook, dirigida por Jennifer Kent, es mucho más que una película de terror, es un retrato oscuro, íntimo y profundamente humano del duelo, la maternidad y la salud mental.
La historia sigue a Amelia, una mujer que lucha por sobrellevar la pérdida de su esposo mientras cría sola a su hijo Samuel, un niño difícil, hipersensible y obsesionado con los monstruos. La aparición de un misterioso libro titulado Mister Babadook desata una serie de eventos inquietantes que, poco a poco, se convierten en una amenaza real para ambos. Sin embargo, lo que hace única a esta película no es la presencia del monstruo, sino lo que representa.
Con una estética sombría y teatral que recuerda al expresionismo alemán, Jennifer Kent construye un mundo en el que lo cotidiano se vuelve asfixiante. La casa donde viven Amelia y Samuel, opresiva y gris, se transforma en casi un personaje más, reforzando la sensación de aislamiento que atraviesan sus personajes.
En un género predominantemente dominado por miradas masculinas y personajes femeninos estereotipados, The Babadook destaca al presentar a una protagonista compleja y llena de matices. Amelia ama a su hijo, pero también experimenta agotamiento, frustración e incluso miedo ante la intensidad emocional que implica criarlo sola. Tiene momentos de fortaleza, pero también de vulnerabilidad, convirtiendo su enfrentamiento con el monstruo en una metáfora poderosa sobre el duelo, las emociones reprimidas y los traumas no resueltos. A través de esta historia, Jennifer Kent utiliza el género de terror para explorar las emociones tan complejas que experimentan las mujeres, especialmente en un ámbito tan cargado de expectativas sociales como la maternidad. Con The Babadook, el terror se convierte en una herramienta de reflexión, revelando que, a veces, los monstruos más aterradores son los que habitan en nosotros mismos.

Vuelven (2017) – Issa López
Cuando hacemos referencia al cine de horror o películas de terror, por practicidad cognitiva solemos remitirnos a universos sobrenaturales en los que los portadores de la amenaza principal son monstruos o criaturas fantásticas cuya existencia se limita a la pantalla. En el 2017, la directora mexicana Issa López, tras una carrera principalmente como guionista enfocada en los largometrajes de comedia y supervisión de libretos en telenovelas, por fin pudo realizar su película soñada: Vuelven, una historia en la que el terror principal que aqueja a un grupo de niños en la Ciudad de México no está en los entes sobrenaturales, sino en la incertidumbre provocada por el contexto violento en el que tienen que sobrevivir ellos y muchos niños más de México desde hace muchos, pero muchos años.
Estrella (Paola Lara) es una niña de 10 años que, ante un tiroteo en su escuela y gracias al poder que le da un gis, tiene la posibilidad de pedir tres deseos. Tras regresar a su casa ese mismo día, se da cuenta de que quien ya no ha regresado es su mamá, por lo que uno de sus deseos es que vuelva a casa, lo cual puede ser bueno… o no. Al intentar escapar de la violencia que la acecha estando sola, Estrella se encuentra con un grupo de niños sumergidos en las agresivas calles de la CDMX y juntos emprenden la búsqueda por su madre involucrándose en un mundo todavía más terrorífico que ese de monstruos y fantasmas: el de la delincuencia organizada y las desapariciones forzadas.
Con Vuelven, Issa López no solo acuñó una película de culto entre el público mexicano —como bien se lo dijo una mujer en el Festival Internacional de Cine de Morelia del 2019: ‘‘esta película ya no le pertenece a usted, ya le pertenece a los mexicanos’’— incluyendo a aquellos escépticos al cine nacional gracias a una historia entrañable —con esto, más que hacer referencia a lo enternecedora de la anécdota, es hablar de un cuento contado desde la entraña, de lo visceral, de los sentimientos fúricos que provoca ver a los niños luchando por vivir en un contexto del que ellos son los menos culpables, así como lo es desde la entraña de la Ciudad de México, de la urbe, desde lo más profundo de las calles que sirven como escenario de estas historias de terror a plena luz del día—.
Issa López abordó y afrontó Vuelven con agallas; esas agallas con las que la película peleó contra superhéroes y Coco en cartelera; esas agallas que le fueron aplaudidas por Stephen King y Guillermo del Toro; esas agallas que la llevaron a dirigir a Jodie Foster en True Detective.
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