Han pasado más de 50 años desde que el aclamado director Steven Spielberg nos entregó su icónica TIBURÓN, ¿quién no ha visto el icónico póster de Roger Kastel con el monstruo subiendo a la superficie del mar? ¿Quién no ha escuchado la mítica melodía de John Williams parodiada y repetida por la cultura popular? Sin duda alguna, una película que no solo transformó el arte cinematográfico, sino también la forma en que Hollywood concibió y comercializó los estrenos de verano, o mejor conocidos como blockbuster, hoy en día de inmediato lo relacionamos a los grandes estrenos, a las películas con presupuestos titánicos que recaudan aún más por todo el auge que generan, pero no siempre fue así. En los 70’s, la industria cinematográfica estadounidense estaba en plena metamorfosis: la Nueva Ola del cine mezclaba influencias de distintos géneros y técnicas, fusionando ideas de drama, suspenso y ciencia ficción. Obras como El Padrino (1972) de Francis Ford Coppola, Star Wars (1977) de George Lucas y Alien: el octavo pasajero (1979) de Ridley Scott reflejan esta búsqueda de nuevas formas narrativas y la consolidación de estilos que marcarían el cine moderno, cada uno de los cineastas que tuvieron su hit en esta década son hasta hoy en día grandes referentes del cine norteamericano, su legado lo podemos ver reflejado en cine de ese entonces y de hoy en día, tal como es el caso de la película que festejamos hoy.
Spielberg, por su parte, aunque ya había demostrado talento en películas como Sugarland Express (1974), donde también fungió como guionista con tal solo 26 años, aún no había alcanzado el renombre que lo consagraría décadas después con la dirección dual que decidió darle en el 93’ a La Lista de Schindler y Jurassic Park, respectivos que le darían el boleto dorado de la academia y de la taquilla. Con Jaws, sin embargo, aún faltaban años para lograr eso, pero eso no quiere decir que no logró algo revolucionario, de hecho, fue donde comenzó la fama de ´Rey Midas´, de aquí en adelante todo lo que dirigiera o produjera, por lo menos hasta finales del siglo XX, sería una mina de oro para el estudio. Con Jaws se logró concretar el estilo que le daría su gloria durante toda su carrera: combinar técnica, narrativa y emoción de manera magistral, estableciendo un modelo de suspense que influiría en generaciones de cineastas, al igual que sus contemporáneos estarían haciendo con el resto de los hits de la década.

Lo que hace única a Jaws es su habilidad para generar terror sin mostrar constantemente a su antagonista. El tiburón, protagonista invisible de la historia, aparece muy poco en pantalla, pero su presencia se siente en cada plano, no se requiere observar al animal para poder sentir el nerviosismo de los protagonistas. La música de John Williams, con su famoso motivo de dos notas que anuncia el ataque, se ha convertido en un icono del suspense cinematográfico. Spielberg utiliza planos subjetivos, montaje alternado y silencios estratégicos para que el miedo nazca en la imaginación del espectador, demostrando que lo sugerido puede ser más aterrador que lo explícito. El resto del elenco son quienes sufren uno a uno el acecho del monstruo, dándonos una de las películas más importantes de esa década, de su filmografía y del cine estadounidense, una prueba viviente -50 años más tarde- de la maestría con la que siempre el padre de E.T. logró unir la maravilla técnica con lo espectacular.
Escenas clave muestran esta maestría. Por ejemplo, la secuencia inicial, donde Chrissie, la joven bañista, es atacada; combina oscuridad, ángulos desde el agua y la música escalofriante para generar tensión máxima. El ataque no se muestra en detalle; se centra en la reacción de la víctima y los indicios del peligro: la sombra bajo el agua, el movimiento brusco, la desaparición súbita. Otro momento icónico es el enfrentamiento final en alta mar: Spielberg mezcla planos del tiburón, la perspectiva de los personajes y la sensación de aislamiento para crear un clímax que combina terror, acción y heroísmo humano.
Además, Jaws innovó a nivel técnico y narrativo. Los efectos especiales, aunque limitados por la tecnología de la época, se usaron con ingenio: el tiburón mecánico (en realidad se construyeron tres versiones distintas para encarnar al monstruo; uno para tomas de perfil, otro para natación, otro para tomas frontales) —conocido como “Bruce” dentro de la producción (y que se dice se le llamó así por el abogado de ese entonces del director)— fallaba con frecuencia, pero estas limitaciones llevaron a Spielberg a sugerir el peligro más que mostrarlo, fortaleciendo el suspense. La edición, los encuadres y la iluminación contribuyen a que cada ataque se sienta impredecible y real. La película también humaniza a sus personajes: hombres y mujeres comunes enfrentando una amenaza extraordinaria, no son invencibles ni tienen un ejército de personas para poder darle batalla a la naturaleza, lo que aumenta la identificación del público con la historia. Por otro lado, Spielberg se negó a usar un elenco de actores reconocidos ya que quería que justamente el protagonista fuera el tiburón contra los humanos.

En Mayo de 1974, en Martha’s Vineyard, una isla en Massachusetts, el rodaje había comenzado, toda clase de problemas vinieron día con día entre producción, actores, productores, grabar en alta mar o simplemente completar las horas del cronograma, se requirieron 100 días más de lo previsto para poder ver terminada la cinta, originalmente se pensaba lanzar la película en Navidad de ese mismo año, pero por los atrasos en su grabación tuvo que ser enviada al verano, una época donde las películas fracasaban casi siempre, ya que la mayoría de las personas optaban por disfrutar de las playas y el sol, para intentar contrarrestar esto, UNIVERSAL optó por una fuerte campaña de marketing con el afán de lograr sacar adelante el estreno, eso no solo catapultó la cinta, sino que también cambió la forma de lanzar estrenos veraniegos para toda la industria, forjando finalmente lo que hoy ya conocemos como Blockbuster.
Con un presupuesto cercano a los 9 millones de dólares de la época, de los cuales 3 solo fueron para las fallas del antagonista mecánico, el 20 de Junio de 1975 por fin vería la luz en más de 400 cines, algo que para la época no es común de grandes producciones en su estreno, en su primer fin de semana logró recaudar más de 7 millones, hacia el segundo había sido considerado un estreno rentable, en un par de meses pasaría de los 100 millones a nivel nacional y más de 400 a nivel mundial, son cifras que hoy nos parecen comunes porque las películas cada vez son más caras y cada vez más ambiciosas, sin embargo, para la época son números que superaban con creces las expectativas del género, de sus creadores y del estudio en todos los aspectos. ¿Cómo es que una película que sufrió tanto durante su filmación fuera uno de los éxitos de la década? El boca en boca y la estrategia del estudio habían rendido frutos.

El impacto de Jaws fue inmediato y duradero. No solo inauguró la era del blockbuster veraniego, sino que también transformó la manera en que Hollywood comercializaba sus películas: marketing masivo, estrenos simultáneos en múltiples salas y una planificación de verano pensada para maximizar taquilla. Culturalmente, el filme dejó una huella indeleble: el tiburón se convirtió en símbolo de peligro inminente, y la película definió el estándar de cómo generar suspense y miedo en generaciones posteriores de cineastas. A partir de entonces todos los estudios querían hacer algo como lo que aquí se había logrado.
En conjunto, Jaws sigue siendo un hito por varias razones: demuestra cómo el cine puede manipular el miedo con economía de recursos y creatividad narrativa, establece un modelo de construcción de tensión que aún se estudia y celebra, y marca un antes y un después en la forma en que Hollywood concibe y vende sus películas. Spielberg enseñó que el terror no necesita mostrarse completamente: basta insinuarlo, dejar que la imaginación del espectador complete el horror y, al hacerlo, crear una experiencia emocional más intensa y memorable. Medio siglo después, Jaws sigue siendo un ejemplo fundamental de cómo una película puede transformar no solo un género, sino también toda la industria cinematográfica. No dejen que se las cuenten, y disfrútenla como si se hubiera estrenado ayer, aunque haya sido hace varios ayeres´
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