La primera vez que vi a Bruce Springsteen fue en el video musical de la canción “We are the World” (1985), cuyo propósito era reunir varios artistas del momento para recaudar fondos con fines humanitarios. La voz desgarradora de Springsteen destaca sobre el coro suave del fondo, lo que logra emocionar y evita que la canción sea solo una balada con algo de góspel. Y a mi parecer allí está la magia de este cantante y guitarrista estadounidense, su voz logra transmitir más que palabras, transmite emociones y sentimientos, te permite conectar con el verdadero mensaje de la canción, en este caso ayudar.
Por lo que cuando en 2025 se estrena Springsteen: Deliver Me From Nowhere, caí en el error de pensar que iba ser algo similar a la película A Complete Unknown (2024) de James Mangold, que presenta el ascenso de un jovencitoBob Dylan en la música folk hasta consolidarse como uno de sus mayores referentes, pero en este caso con Bruce Springsteen y el rock. No podía estar más alejada de la realidad, pero eso es bueno.
La historia empieza con una escena en blanco y negro de la infancia de Bruce Springsteen junto con sus padres, algo que es recurrente a lo largo de la historia, y nos acerca a esos momentos del pasado que marcaron profundamente la vida de Springsteen y que tuvieron un gran impacto en el periodo donde se sitúa casi en totalidad la película, inicios de los 80. Para esa época Bruce Springsteen ya es un músico reconocido, acaba de terminar una gira y vuelve a casa, sin embargo, el impulso por desarrollar un nuevo álbum le hace salirse de lo conocido en ese momento, como por ejemplo, crear un demo casero antes de grabar en estudio directamente o pasar del rock al folk, una transición que podría poner nervioso a cualquier artista que ha cimentado su fama en un género preciso, pero no a Springsteen que se mantiene fiel a lo que quiere desarrollar con ese álbum.

Nebraska (1982) es el resultado de esa insistencia por consolidar unos sonidos y letras que salen del corazón, y es a través de ese viaje por donde nos lleva Scott Cooper, quien escribe y dirige Springsteen: Deliver Me From Nowhere, basada en la novela de Warren Zanes Deliver Me from Nowhere (2023). Aunque comparte similitudes con otros biopics, porque al final la premisa principal de este género es contar a grandes rasgos la vida, o algún momento preciso, de una persona determinada enfocándose en los puntos de quiebre y redención de dicho personaje.Springsteen: Deliver Me From Nowhere suena ligeramente diferente, sobre todo en lo que se refiere a las relaciones personales del artista, nos muestra esa relación complicada, pero al mismo tiempo cercana con sus padres, en especial ese sentimiento de responsabilidad entre padres e hijo, también la dificultad de Springsteen de mantener relaciones amorosas o ese estrecho cuidado y afecto que tiene Jon Landau, mánager y productor, conBruce Springsteen. Es esa compleja, pero a su vez fascinante red de relaciones que creo que determina mucho la capacidad de creación, profundidad, sensibilidad y talento de este artista.
Ahora bien, considero que una de las cosas más importantes en un biopic son los actores, y en esta ocasión el trabajo fue espléndido. Jeremy Allen White como Bruce Springsteen es impresionante, se nota el trabajo del artista en aprender todos los gestos del cantante sobre todo cuando canta, es igualito, aunque sí debo decir que en algunas ocasiones percibí que el tono de voz verdadero de White tomaba protagonismo frente al tono roncoso de Springsteen que quería emular. Sin embargo, eso no le quita crédito al gran trabajo interpretativo de Jeremy Allen White. También es digno de aplaudir las actuaciones de Jeremy Strong como Jon Landau, Odessa Young como Faye y Stephen Graham como el padre de Bruce Springsteen.
Springsteen: Deliver Me From Nowhere es un biopic íntimo de un gran artista, nos muestra el desarrollo de uno de sus mejores álbumes de su carrera mientras desciframos su estado mental. Las escenas de Springsteen viendo televisión, escribiendo y tachando versos, grabando las canciones en su habitación, son momentos tan privados que es lo que nos acerca al mundo cotidiano de un compositor e intérprete de los años 80. No obstante, el punto más relevante de la película se gesta lentamente a lo largo de las dos horas de proyección, con sutiles indicios sobre lo que está pasando verdaderamente en el estado mental de Springsteen, pero es solamente al final, en una desgarradora y tensa escena donde el artista nos muestra efectivamente su batalla contra la depresión.
Aunque Springsteen: Deliver Me From Nowhere pasó por el cine sin pena ni gloria, es justo decir que la profundidad que expone, de igual manera que toda la música de este excelente artista, es digna de alabar.
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