Desde el principio yo estaba convencida de que Christopher Nolan era uno de los directores contemporáneos más adecuados para enfrentarse a La Odisea. Desde Memento, buena parte de su filmografía gira alrededor del tiempo, la memoria, la culpa y la identidad. ¿Qué es, en el fondo, el viaje de Odiseo sino el de un hombre que intenta encontrar el camino de regreso después de que la guerra lo ha convertido en otro? Desde esa perspectiva, la interpretación de Nolan sería el encuentro natural entre un poeta de hace casi tres mil años y un cineasta que lleva más de dos décadas haciéndose preguntas muy parecidas.
Los contextos deshumanizantes de ‘The Devil Wears Prada’, una ficción muy real.
Exactamente veinte años después, en un mundo consumido por la nostalgia, cuando los trailers que anteceden la proyección de la película son la secuela, la tercera parte, la cuarta entrega, el reinicio de un universo cinematográfico, The Devil Wears Prada 2 tuvo que llegar a adaptarse a ese mercado en lo externo y a temas como el maltrato al oficio periodístico o el desuso del recurso humano ante la revolución tecnológica en lo interno.

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