Oda a la Decepción

Dicen que el fútbol es el opio del pueblo. Pero en un país con heridas tan profundas como el nuestro, ese opio no se toma para olvidar la realidad; es para aguantarla. Para soportar los fregadazos del día a día. Disfrutar un partido no significa ignorar la desigualdad o las tragedias; significa que seguimos siendo humanos. Si esperáramos a que todo estuviera bien para celebrar, nadie volvería a sonreír.

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