En una etapa dónde el realismo socialista era la tendencia estética oficial Bulgákov concibe una obra en la cual lo sobrenatural se concibe como elemento esencial. Como si no fuera suficiente, enfrenta a una sociedad agnóstica: Se atreve a establecer la posibilidad de la existencia de Dios —y en paralelo de fuerzas del mal—, cuestionamiento de raíz filosófica y religiosa. Paradójicamente es el Diablo, el ángel caído, quien aparece para probar la existencia del negado Ser Supremo.

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