EO (2022) de Jerzy Skolimowski: Una lágrima vale más que mil palabras.

Por Felipe De Jesús Flores Sánchez

Jerzy Skolimowski nos conmueve a todos con su nueva cinta “EO”, donde conoceremos las pericias de uno de los animales más nobles y con mayor prejuicio que existen en la sociedad.

En boca del propio Jerzy Skolimowski, la única película que realmente le ha sacado una lagrima, ha sido la fábula deprimente de Bresson, “Al Azar de Balthazar”; por lo que, cuando la mayoría nos enteramos de que entre sus planes, estaba el dirigir esta nueva visión, los paralelismos serían irremediables.

Fue por ello, que aprovechando la ocasión de la cobertura del pasado FICM, tuve la oportunidad de tener una charla con Jeremy Thomas, su productor de toda la vida, en donde no solo le desagrado con mucho malestar, el que le hiciera dicha pregunta, sino que en realidad, me invito no solo a disfrutar de la nueva cinta del polaco, sino a abrir mucho más mi perspectiva, para poder disfrutar EO.

Sinceramente, no había comprendido el malestar, pero evocando a la hermosa cinta de Bresson, en “Al Azar de Balthazar”, más allá de las desventuras del pobre burrito, los galones siempre los llevaban los conflictos que vivían los protagonistas humanos, dejando si, queremos ser un poco estrictos, las pericias y maltratos que sufrío Baltazar, como pues tema menor; pero en esta ocasión, dejando de lado pues la lógica comparación, decidí sumergirme en lo que a continuación les comento.

EO, es un pequeño burrito que trabaja en un circo, tiene su show con la bailarina Kasandra, y pese a los maltratos, lastimosamente, propios de un asno, parece llevar su vida con tranquilidad, pero todo esto cambio súbitamente cuando un grupo de protectores de animales, deciden acabar con el sufrimiento de todos los animales del circo, clausurando el espectáculo, pero dejando a los miembros del circo, con la zozobra de que podría continuar para ellos.

El inicio del viaje, no será precisamente, un gran aliciente para EO, que continuamente vive buscando regresar con Kasandra, solo para descubrir que realmente, ella ya tiene nuevos objetivos trazados.

¿Podrá sobrevivir EO en un ambiente tan hostil como lo es la sociedad humana?

Uno de los puntos fundamentales, dentro del periplo de EO, es que realmente lo asumimos como un héroe silencioso, nuestro melancólico burrito, vivirá situaciones que rallan desde lo absurdo, hasta lo más peligroso, siempre en busca de su real camino, mismo que lamentablemente para él, se verá en más de una ocasión, opacado por una impetuosa necesidad de salvar su vida, que en la creación de nuevos vínculos.

No puedo asegurar a ciencia cierta, si Skolimowski busca homenajear a su maestro, pero lo que sí puedo percibir con gran notoriedad, es dar ese necesario cambio, de quitarles el rol protagonista a los humanos que, se topan con EO, que hacer de EO, un elemento que viene a aportar soporte a sus problemas.

En este filme, podemos constatar, en primera mano, sin necesidad alguna de una voz imaginaria o recurriendo a SCFI, el sufrimiento, la angustia y desesperación que emanan de las lágrimas de nuestro cuadrúpedo amigo, donde ahora, al contrario que en la cinta de Bresson, el verdadero protagonista de toda la situación, es el triste asno que no solo sufre un abandono, sino que al no encontrar su lugar en el mundo, vivirá a la expectativa de la bondad, o la maldad de los humanos.

La lente de Michal Dymek, un joven bastante audaz, es capaz de transportarnos a sentir en carne propia, todas las pericias que estará viviendo nuestro amiguito, con una fotografía que nos traslada desde los placidos climas polacos, hasta rojos dignos de una pesadilla del cine giallo, todas las características que harán que la experiencia de EO, no sea solo el hecho de poder contemplar el sufrimiento de un asno.

EO de Jerzy Skolimowski, no es una calca de Au Hasard Balthazar, en cambio, nos entrega una historia en donde no hace falta ningún drama humano para poder sensibilizarnos de la pesadilla que sufren la mayoría de los animales sin hogar, o que no sean comúnmente domésticos; desde terminar como una atracción de circo, o ser contemplado como un recurso alimenticio.

Una propuesta que desencadena el amor a los menos, con una  fotografía y música bastante estrambóticas, que atrapan más las lágrimas de nuestro cuadrúpedo protagonista.


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