Por Alan Monjardín.
La Otra (1946), es un largometraje de 98 minutos (1 hora y 38 minutos) dirigido por Roberto Gavaldón, reconocido director de la Época de Oro del cine mexicano. En la edición de los Arieles de 1946 ganó el premio a mejor guión adaptado. Este metraje se centra en la historia de unas hermanas gemelas, la cual una es millonaria y la otra no, por lo que María asesina a su hermana para suplantar su identidad. El ensayo que estoy presentando, analiza la última escena del metraje, donde vemos el cierre total de la historia, la cual tiene una magistralidad para demostrar el tema del metraje, la Fatalidad, todo por medio de imágenes.
Antes de hablar de la escena tenemos que entender lo que vino antes, durante toda la película hemos observado al involución del personaje, primero la observamos como tiene precariedad monetaria y le tiene envidia a su hermana por dicha razón, sin embargo, aunque no tiene dinero si tiene el amor de Roberto; pasa a ser la asesina de su hermana y suplanta su identidad, intentando llenar el vacío de amor con objetos materiales; para finalmente, pagar los pecados de su hermana.
Justo antes de la secuencia final, nos presentan el juicio donde Maria es acusada por el asesinato de su cuñado, al acabar el jucio tiene una convercion con Roberto, donde ella le agradece a Roberto que mantenga una imagen positiva sobre Maria, y que ademas le pide que la lleve a la prisión por pagar con sus pecados.
La primera imagen que nos muestra esta secuencia, nos pone en un ambiente claustrofóbico, lleno líneas y sombras duras; la utilización de únicamente ruido ambiente fomenta la inmersión de la situación. Observamos como nuestros personajes caminan hacia un área más iluminada, esto primeramente disminuye su peso visual, puesto que se empequeñecen al alejarse de la cámara, además que la iluminación nos otorga este alargamiento de las rejas, las cuales absorben a los personajes.
El siguiente plano los vemos de manera frontal, sigue manteniendo las rejas alargadas, podemos observar como el pasillo se va estrechando, pero sobre todo el rostro de nuestro personaje, María camina con resignación a su futuro, su mirada es hacia adelante, un poco encima del nivel de la cámara, dejándose llevar por el caminar, sin embargo Roberto tiene una mirada triste, la cual se mantiene debajo del nivel de la cámara, aunque camina con seguridad sosteniendo el brazo de Maria.
Volvemos nuevamente al plano del pasillo, vemos a nuestros personajes pequeños, y únicamente se observa la sombra de Roberto, lo cual es interesante, demostrando así la pureza del personaje, puesto que aun estando Maria en la toma, su sombra está mezclada entre la oscuridad; y además tenemos uno de los pocos diálogos de esta secuencia “Magdanela Mendez viuda de Montes de Oca, Pasa”, dando pauta a que entren al presidio. Con esto se manifiesta que María perdió por completo su identidad.
Ahora pasamos a una toma toma con movimiento de cámara, vemos el espacio donde camina nuestros personajes, y miramos como se acercan a otra puerta, de apoco la cámara sube, remarcando más este leitmotiv de las rejas, poniendo al espectador como un ser omnipresente, el cual únicamente observa como nuestros personajes van entrando poco a poco al infierno personal que se deberá enfrentar la protagonista.
En la siguiente toma, Maria y Roberto son separados, la composición nos remarca el futuro de ambos personajes, María se encuentra más alejada de la cámara, del lado derecho y detrás de las rejas, con todos estos factores, podemos dar una lectura de fatalidad, culturalmente la lectura es de izquierda a derecha, por lo que el lado derecho es avanzar, siguiendo la lectura en la imagen, tenemos las celdas de fondo; de manera contraria Roberto es quien está más cerca del espectador, sin nada de fondo, alejado de María; algo interesante es que la protagonista es la única que se acerca a las rejas, intentando recuperar la conexión que tenía con Roberto.
Tenemos un juego de miradas, en primeros planos remarcando los rostros de los personajes, Roberto levanta la vista, la sombra de las rejas está de fondo, de manera contraria en el rostro de María, las rejas están sobre ella, casi al nivel de los ojos, la mirada de de cada uno detona algo diferente, la de Roberto es seria, casi sin expresión, en cambio la protagonista se le ven resignación, con un leve movimiento de aguantar el llanto.

Cambiamos a un medio plano de ambos donde se estrechan las manos, retomamos nuevamente la música, continuamos con un primer plano de Maria, donde se observa como baja la mirada para ver sus manos unidas, unas cuantas lágrimas, y dice “Feliz Navidad”, en el plano de Roberto le va brevemente, para bajar la mirada nuevamente y alejarse sin decir nada, volvemos con María la cual la ve irse con una mirada triste. Esta interacción, es melancólica, puesto que María buscó una última vez tocar a Roberto, el cual la veía como la hermana asesina, por ello su falta de reacción.
El siguiente Plano es general viendo como Roberto se aleja de la cámara, por un pasillo que se ensancha, hacia la libertad, entendemos que esta mirada es desde la perspectiva de María, puesto que la siguiente toma es de ella, mirando como se aleja, tomando una de las reja con su mano.
Tenemos el último entorno, el cual tiene a ambos personajes, Roberto caminando hacia la izquierda alejándose de la fatalidad, Maria detrás de las rejas, empequeñecida. Regresamos con el primer plano de Maria la cual dice “Roberto” una última vez. Pasamos al último vaivén de los planos, tenemos a Maria de fondo, alejada de Roberto, el cual se voltea parcialmente, al escucharla, regresamos a ver la mirada triste de nuestra protagonista.
Esta toma es la representación gráfica de la premisa del metraje, Roberto prendiendo un cigarro con el encendedor que le regaló Maria, contemplando unos segundos, con ella de fondo tras la rejas, esta composición se basa en el tamaño de los protagonistas, la lejanía de la cámara y las sombras; nos narra cómo las decisiones egoístas de que tomó nuestra protagonista, la alejó de aquel hombre que más la amo, el cual aun creyéndola muerta no la dejo de querer. El metraje cierra con un primer plano de la mirada destruida de Maria, la cual se ve cubierta por la sombra de una reja.
La Otra, es un metraje excepcional, sumamente trabajado y cautivante, esta última secuencia es increíble, demostrando únicamente con la composición todo el tema de la película, el uso de las líneas, las sombras, y el sonido, son un vehículo que adentra más al espectador. María estaba condenada por sus acciones, la envidia la alejó de aquello que siempre tuvo, y el final es un broche de oro a una gran película.
Alan Monjardin es originario de Tijuana. Apasionado por la literatura, la música y el cine; amante de los musicales y los romances. Siempre en busca de nuevas aventuras.
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