Sor Juana Inés de la Cruz, escritora y religiosa

Por Barbarella D´Acevedo.

En la obra toda, de Sor Juana Inés de la Cruz, destaca especialmente aquella que concibe con ascendencia y finalidad religiosa. No es que el resto de los textos literarios de Sor Juana, incluidos sus poemas de amor o su ensayística que deja entrever en su Carta Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, no alcancen loable maestría e ingenio, sino que es en la obra religiosa de la autora dónde se manifiesta, a la par de la fe, una notable maestría y encanto.

“(…) Después de todo ¿éste no fue en definitiva, el juicio que hizo después la crítica, toda de acuerdo en considerar sus letras “humanas”—comedias de enredo, versos de circunstancias, recados y elogios— la parte más floja de su obra, muy inferior a la que dedicó a las letras divinas —sus incomparables villancicos o letras sacras, sus autos sacramentales, sobre todo El divino Narciso? (…)”[1]

Aquella que fuera llamada El Fénix de América y La décima Musa brinda sobrados datos autobiográficos en su carta Respuesta a Sor Filotea. Mencionaremos aquí tan solo algunos que nos permiten formarnos una idea apropiada de su personalidad. Diremos así que fue su nombre Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana y que nació un viernes 12 de noviembre de 1651 en San Miguel de Nepantla (en náhuatl Tierra de en Medio), México. Fue una de las hijas, de Pedro Manuel de Asbaje y Machuca, un militar español e Isabel Ramírez de Santillana, una criolla de ascendencia india.

Según cuenta la propia Sor Juana, en su Respuesta a Sor Filotea, aprendió a leer y escribir con solo tres años. Tras descubrir la biblioteca de su abuelo se aficionó a los libros.Obsesionada por el conocimiento llegó a insistir para que la llevaran vestida de varón a la Universidad de México dónde había escuchado que se aprendían letras y ciencias.Aprendió latín tras tomar clases de gramática latina, en tan solo veinte días, con el bachiller Martín de Olivas.

Se supone que entre 1664 y 1665 se integra a la vida de la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera, donde la virreina, Leonor de Carreto —la Laura de los sonetos de la poetisa—, se convierte en su amiga y mecenas. Posteriormente llega a ser amiga de Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes y siguiente virreina.

Además del propio testimonio que brinda la autora, es digno de apreciar cuanto dicen de ella muchos de sus biógrafos, entre los cuales el jesuita padre Calleja fue el primero de todos. Además investigan vida y obra de la escritora y poetisa: Alfonso Junco, Méndez Plancarte, Emilio Abreu Gómez, Anita Arroyo, y Ezequiel Chávez, entre otros.

Con dieciséis años Sor Juana se incorpora al convento de San José la Antigua de Carmelitas descalzas. La rigidez de la orden la lleva a enfermarse por lo que se ve obligada a abandonarla y regresa al hogar de su familia. A los dieciocho años profesa en el convento agustino de san Jerónimo. Allí se mantiene por veintisiete años hasta su muerte, acaecida el 17 de abril de 1695: “(…) Juana fue en el convento maestra, contadora, archivera, cantora del coro para el que escribió letras y músicas. Priora sí no quiso ser, la muy amante de lo libre, aunque dos veces la eligieran”.[2]

La orden le permitía a Juana tener una celda de dos pisos y sirvientas, además de dedicarse al estudio y la escritura, e incluso consentía en que recibiera visitas, y celebrara tertulias. La celda, biblioteca también, llegó a contar con aproximadamente cuatro mil volúmenes, instrumentos de música, y astronomía y matemática. Como bien afirma Fina García Marruz, Sor Juana, “(…) Más que partir de la “santa ignorancia” identifica a Dios con la Suma Sabiduría”.[3]

Siempre cercana a Dios, precisamente uno de sus primeros textos es de espíritu religioso. Calleja informa que a los ocho años, entre 1657 y 1659, ganó un libro por una loa compuesta en honor al Santísimo Sacramento. Justamente también antes de que calle para siempre, hasta su muerte cuatro años después: “(…) Lo último que escribirá Sor Juana son sus villancicos a la mártir de Alejandría Santa Catarina, que se cantaron en Oajaca en 1691”.[4]

Es una autora legítimamente barroca, por tanto deudora tanto de Góngora como de Calderón y Quevedo junto a otros escritores españoles. Como representante del barroco y de lo que se conoce como literatura novohispana hacía retruécanos, a la par que sustantivizaba verbos o verbalizaba sustantivos, o adjetivaba numerosamente refiriéndose a un mismo núcleo.

Foto: buzos de la noticia

Sor Juana realiza su obra, incluyendo en cuanto hace, su universo referencial. Así incorpora, o bien personajes, o bien formas de habla propias y únicas de la Nueva España. No duda en acercarse en sus textos a aquellos que tenía tan cercanos en el convento mismo: indígenas y negros:

“(…) El convento era a la vez taller y escuela para las indias pobres, refugio de pintura y retablos bien tallados por los imagineros criollos, lugar de recogimiento y de recibo, salón, celda y biblioteca”.[5]

Entre las obras destacadas de Sor Juana se encuentran sus villancicos. En ellos solía reproducir el habla de los negros:

“Turu la ninglito

se pone culbata,

qui vini lan fieta

piscueso colgala.

Esa Noche Buena,

que nace en las pajas

la Siñó Manué

con su cala branca.

(…)

Cayemo també:

la Niño se panta

de milal a neglo

su cara tisnala.”[6]

También se encuentra presente en sus textos la lengua náhuatl, originaria del pueblo mexicano precortesiano, que había aprendido de niña con los esclavos de las haciendas de su abuelo. Introduce Sor Juana asimismo el tocotín, una suerte de baile dramatizado donde se intercalaban dialectos nativos y que solía incluirse en las representaciones teatrales.

Como parte de su obra religiosa Sor Juana concibe, además de los mencionados villancicos, tres Autos Sacramentales capaces de develar el aspecto más místico de su obra: El mártir del Sacramento, El cetro de José y El divino Narciso. La autora asume para la creación de estos, diversas fuentes, incluida la historia bíblica, la mitología griega, y algunas leyendas religiosas y figuras, anteriores a la colonización de América.

Los Autos se representaban en la festividad del Corpus Christi, festejo eclesiástico que permitía la comunión de los más desiguales estratos sociales. Sor Juana supo, precisamente, unificar en su escritura lo diverso para entonar un canto de alabanza a Dios:

“(…) aquella alma de Sor Juana,(…) siempre estaba de fiesta, (sus) versos habían alegrado todas las festividades religiosas populares (las únicas entonces en que todas las clases participaban) haciendo oír junto a la guitarra española que acompaña los villancicos, al son del “calabazo” africano, o la música del “tocotín” indio, (…) parecía estar siempre celebrando la alegría coral del Nacimiento”.[7]

Fue quizá El divino Narciso, el auto más acabado de la escritora. En el caso de este texto de naturaleza teatral se nota un acercamiento a la Moralidad medieval, por su carácter alegórico y su representación figurada de vicios y virtudes. También se aproxima al Misterio justamente porque cuenta, aunque de forma metafórica la historia de Cristo, al modo en que lo hacían las obras de este género.

En El Divino Narciso, Sor Juana muestra la caída y la salvación de la humanidad, esta última desarrollada a partir del acto de redención contenido en la muerte de Cristo. Se crea en la obra un paralelismo mediante el cual el Narciso del mito griego queda identificado con el Nazareno. En esta obra la Naturaleza Humana —reflejo de Narciso—, representa a la humanidad, a quien, por intercesión divina, la Gracia apoya, y finalmente, Eco, representa al Demonio —la serpiente—y aparece acompañado de Soberbia y Amor Propio.

Narciso, como Jesús, busca permanecer junto a la Naturaleza Humana para siempre, con el fin de alejarla del mal y recordarle su amor perenne. Así dirá:

“Este es Mi Cuerpo y Mi Sangre

que entregué a tantos martirios

por vosotros. En memoria

de Mi Muerte, repetidlo.”[8]

La ascendencia culta y a la par barroca de la autora, se observa en el modo en que consigue enlazar en la Loa inicial, la historia sacra católica, con el culto al dios del maíz indígena, y luego volver a la metáfora, para conectar la historia de Cristo con el mito griego de Narciso.

Cabe señalar la importancia que tenía en la época el carácter didáctico de los Autos Sacramentales en lo relativo a la educación de los indígenas y su catequización en la fe cristiana. Sor Juana acude a la representación como recurso inherente al ser humano, para enlazar referentes procedentes de culto diversos: “(…) Prefiere a adoctrinar, comprender; a “convertir”, integrar. Es así como se acercó a sus amistades de la corte, a los indios, los negros: antes preferirá hacerse eco de su lenguaje que imponerles el suyo (…)”.[9]

Instituto Mexiquense de Cultura. Fotografía: Jesús Cabrera.

Crea Sor Juana en El divino Narciso dos personajes que a primera vista podrían confundirse pero que en su obra resultan antitéticos: La Religión, y el Celo Religioso.La primera quiere persuadir con amor, mientras el segundo cobra venganza con castigos y usando la fuerza. Es el Celo quien desea condenar al exterminio a los indígenas. No falta en la caracterización del ente abstracto, una crítica a los excesos que en nombre de Dios se cometieran durante la conquista y colonización del Nuevo Mundo. La violencia en la imposición del culto cristiano lograba a lo más, rechazo y resentimiento y Sor Juana se percata de esto. Por eso en su obra asegura la Religión:

“Sí, porque haberla vencido

le tocó a tu valentía,

pero a mi piedad le toca

el conservarle la vida:

porque vencerla por fuerza

te tocó; más el rendirla

con razón me toca a mí

con suavidad persuasiva.”[10]

Muchas críticas se le hicieron a Sor Juana en su época como devela ella misma en su testimonial carta a Sor Filotea, que ya se ha mencionado aquí. Todavía hoy se le hacen algunos señalamientos llegando incluso a ponerse en duda la religiosidad de esta autora. Su cercanía a Dios fue sin embargo sincera y es algo que demuestra a lo largo de su obra: Nunca deja Sor Juana de concebir piezas de carácter religioso, en su afán de que “a las Divinas, sirvan las Humanas Letras”[11].También es religiosa su devoción por el conocimiento que le servía, como alguna vez aclarara ella misma, para lograr una mayor comprensión del Padre y su creación toda, así como de las Sagradas Escrituras.

Quizá, la obra pía de Sor Juana alcanza total completitud en su silencio literario de los años finales, dónde su elevada comprensión la llevó a la renuncia pero también a la total entrega. Cabe señalar que su sacrificio llega al punto de vender en beneficio de los pobres aquello que tanto estimaba, su preciada biblioteca. No fue ella distante con la situación de su país a fines del siglo XVII, en que inundaciones, hambre, sublevaciones y epidemias amenazaron la paz terrena. Sor Juana entonces se hace más de carne que nunca y en carne padece llegando a firmar con aquella frase indeleble en que se dice “la peor del mundo”. Su entrega llega al punto de no rehuir a sus hermanas de congregación, enfermas de peste, sino por el contrario a acercarse a ellas y a compartir con ellas su final:

“La propia Gabriela Mistral llama “su hora más hermosa” aquélla en que, olvidada de letras, asistió a sus hermanas abnegadamente, hasta morir de su mal mismo. (…) ¿Cuándo no exigió la más alta militancia el propio sacrificio?”[12]


[1] García Marruz, Fina: “Prólogo”, en De la Cruz, Sor Juana Inés: Dolor fiero. Casa de las Américas, La Habana, 2005. P. 30

[2] García Marruz, Fina: “Prólogo”, en De la Cruz, Sor Juana Inés: Dolor fiero. Casa de las Américas, La Habana, 2005. P. 17

[3] García Marruz, Fina: “Prólogo”, en De la Cruz, Sor Juana Inés: Dolor fiero. Casa de las Américas, La Habana, 2005. P. 15

[4] García Marruz, Fina: “Prólogo”, en De la Cruz, Sor Juana Inés: Dolor fiero. Casa de las Américas, La Habana, 2005. P. 35

[5] García Marruz, Fina: “Prólogo”, en De la Cruz, Sor Juana Inés: Dolor fiero. Casa de las Américas, La Habana, 2005. P. 17

[6] De la Cruz, Sor Juana Inés: Villancico VI. Coplas. En Dolor fiero. Casa de las Américas, La Habana, 2005. p 320

[7] García Marruz, Fina: “Prólogo”, en De la Cruz, Sor Juana Inés: Dolor fiero. Casa de las Américas, La Habana, 2005. P. 35

[8] De la Cruz, Sor Juana Inés: El divino Narciso. En Dolor fiero. Casa de las Américas, La Habana, 2005. p 152

[9] García Marruz, Fina: “Prólogo”, en De la Cruz, Sor Juana Inés: Dolor fiero. Casa de las Américas, La Habana, 2005. P. 16

[10] De la Cruz, Sor Juana Inés: El divino Narciso. En Dolor fiero. Casa de las Américas, La Habana, 2005. p 54

[11] De la Cruz, Sor Juana Inés: El divino Narciso. En Dolor fiero. Casa de las Américas, La Habana, 2005. p 81

[12] García Marruz, Fina: “Prólogo”, en De la Cruz, Sor Juana Inés: Dolor fiero. Casa de las Américas, La Habana, 2005. P. 39

Barbarella D´Acevedo (La Habana, Cuba, 1985). Escritora. Profesora y editora. Teatróloga, graduada del ISA y del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Ha obtenido múltiples galardones, entre ellos: Premio de la Ciudad de Holguín en Narrativa (2022), Hermanos Loynaz en Literatura infantil (2021), XIX Certamen de Poesía Paco Mollá 2020 (España), La Gaveta (2020), Bustos Domecq (2020), y Beca de creación El reino de este mundo por el disco de poesía Discurso de Eva (PM records). Ha publicado entre otros: Músicos Ambulantes (2021), El triunfo de Eros (2022) y Blanco y azul (2022) con Editorial Primigenios (Miami), Basilio y el deseo (DMcPherson Editorial, Panamá, 2022), Érebo (Aguaclara Libros, España, 2022), El triunfo de Eros (Editorial Ácana, 2022), Habana pulp mission (Ediciones Solaris, Uruguay, 2022), Los sufrimientos del joven Bela (El Faro Editores, 2022), Marea roja (Ediciones Arroyo, Argentina, 2022), Tren para Salinger (Ediciones Loynaz, 2022), La casa, el mundo y el desierto (Ediciones Hurón Azul, España, 2023), y Marea roja (Ediciones Enlaces, Chile, 2024). Su obra ha sido editada asimismo en diversas antologías a lo largo del mundo. Cultiva disímiles géneros: novela, cuento, poesía, literatura fantástica, literatura erótica, periodismo, crítica, teatro, literatura para niños y jóvenes. Ha sido traducida al francés, al inglés y al esloveno. Es considerada una de las voces jóvenes importantes en la Cuba actual.


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