Era 1971, algunos años después de la tragedia del 68, con un México tratando de recuperarse y la mejor forma de hacerlo era distrayéndose ya sea escuchando música que no alborotara a la juventud o con lo que sea que se transmitiera en Telesistemas Mexicanos. Justo en los momentos donde todo se tenía que tratar con pinzas llegaron Justino Compeán y Eduardo «El Negro» López Negrete con una revolucionaria idea: organizar una carrera de autos en la cual también intervendría un mini concierto durante los tiempos muertos y televisarlo en horario estelar, al final ¿qué podría salir mal?
José Manuel Cravioto, de la mano de Alejandro Speitzer y Emiliano Zurita, con actuaciones especiales de Ianis Guerrero, Alex Fernández, Fran Hevia, entre otros, nos traen la nueva película Autos, Mota y Rocanrol (2025), un refrescante e hilarante falso documental que busca sumergirnos en lo que fue la aventura llamada «Avándaro«, un viaje que algunos dirían estuvo lleno de mariguana, degenere, pelos, mugre y sangre.
La paleta de colores es completamente setentera, destacando algunos tonos anaranjados, morados, rojos, además de destellos de vestimentas aterciopeladas, automóviles vintage de la marca Ford o camionetas Volkswagen, máquinas de escribir o teléfonos a los que tienes que darle vuelta a una ruleta para marcar. Si el diseño de producción no termina de adentrarte en la época el uso de imágenes reales de Avándaro lo hará. La película funciona porque mezcla metraje original con la historia ficticia, dándole el toque de presenciar un documental hecho y derecho.

Lo que le da puntos extras es que se convierte en una experiencia de sonido. La forma en la que está filmado, siendo la idea de un documental, hace que los personajes jueguen al transmitir su voz en volumen alto porque no saben usar el micrófono o luego un sonido más tenue al alejarlo en conversaciones privadas. Incluso se muestra más la diferencia de sonido cuando ya es la escena del concierto, ahí es donde sentimos el trueno de los amplificadores que resuenan al ritmo de bandas como Tequila o Peace and Love.
Durante 94 minutos es un reír y reír por el caos que se desarrolla alrededor de una simple idea que fue dar un concierto… No, perdón, lo importante era la carrera de autos, diría Negrete. Pero lo que sí es seguro es que Speitzer y Zurita forman una dupla incomparable, como Viruta y Capulina según sus personajes, porque su química cómica se siente natural, el ritmo de la comedia no se pierde. Una gran estrella es Ruy Senderos con su personaje de «El Brujo«, el cual se cree una alta figura de la música chicana que aborrece el concierto pero aun así hará todo por no perdérselo.
Autos, Mota y Rocanrol es una película que se disfruta por la alegría que da pero también por ser una carta de amor a lo que fue Avándaro, retratando sin censura e incluso honrando ese episodio tan enigmático de nuestra cultura mexicana. Ya disponible en la plataforma Prime Video.
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