Desde que la oferta de comedias románticas superó la demanda, es difícil encontrar propuestas frescas que realmente ofrezcan algo innovador en términos de guion. Estamos acostumbrados a que este tipo de películas nos muestren lo que queremos ver, justo como queremos verlo. En otras palabras, solemos saber qué esperar.
Dirigida por David Freyne, Eternity llegó a finales de 2025, una cinta que, a pesar de ser una comedia romántica, nos regala una reflexión valiosa sobre el amor, la vida y la felicidad, convirtiéndola en algo más que una feel-good movie. Cuenta la historia de Joan, una mujer mayor que, después de morir, debe decidir si pasará la eternidad con Luke, su primer esposo —quien murió joven—, o con Larry, con quien formó una familia.
Más allá de tener un concepto innovador, la cinta sabe aprovecharlo y mezclar momentos divertidos con el mensaje que pretende transmitir. ¿Dónde encontramos realmente nuestra felicidad? ¿Es la incertidumbre de “lo que pudo ser” lo suficientemente fuerte para superar lo que sí tuvimos?

Eternity es un viaje (nunca mejor dicho) que invita a la reflexión, mientras nos permite conocer las motivaciones de cada uno de los personajes, a pesar de mostrar una clara inclinación por uno de ellos. Incluso si, como espectadores, creemos conocer la solución, la película no tiene miedo de incomodarnos con cada uno de sus elementos narrativos.
Su mayor debilidad es, quizá, los agujeros argumentales que se permite para llevar a los personajes a completar su arco narrativo. Todo se justifica bajo la idea de que Joan se encuentra en una encrucijada y se pretende facilitar su decisión; sin embargo, la situación nunca termina por sentirse lo suficientemente extraordinaria para romper dichas reglas. A pesar de esto, la construcción y la química entre los personajes funciona y resuena en el espectador (vale la pena mencionar la acertada decisión de elegir a Elizabeth Olsen, Miles Teller y Callum Turner para este proyecto).
Eternity funciona porque no busca ser pretenciosa ni romper por completo el molde de lo que una comedia romántica es; más bien, usa los elementos del género a su favor mientras construye el mensaje de que el amor, más allá de ser un sentimiento, se convierte en una decisión.
Ximena Álvarez Torres es estudiante de cine en la Universidad Autónoma del Estado de México. Apasionada del guion, la poesía y los idiomas, disfruta de escribir sobre el arte en todas sus formas, especialmente la audiovisual.
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