Vista en retrospectiva, la década del 2010, en lo que a cine de género se refiere, está caracterizada por el auge del llamado ‘‘elevated horror’’ (horror o terror elevado). Una corriente que busca ser más simplista en las formas pero no menos rebuscada en los fondos a través de su inagotable cantidad de símbolos que, según, procuran estimular al espectador en lo intelectual por encima de la satisfacción inmediata a nivel instintivo o primitivo que provocan las salpicaduras indiscriminadas de sangre y las tripas ofrecidas a mayoreo casi siempre de forma gratuita en subgéneros como el slasher o el gore.
Ready or Not…
En 2019, un año en el que aun retumbaba el fenómeno provocado por Hereditary, emblema del terror elevado de los últimos años, los directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, también conocidos como Radio Silence, decidieron retomar el tema de los cultos satánicos visto en la película protagonizada por el celebrado trabajo de Toni Collette, pero sin la abrumadora oscuridad que ofrecía la ópera prima de Ari Aster. Los Radio Silence optaron por aprovecharlo desde el lado más lúdico que una novia cínica y fumadora compulsiva siendo perseguida a muerte por la familia de su esposo en su noche de bodas puede representar en Ready or Not (Boda Sangrienta).

La película combinaba el viejo y aparentemente descontinuado baño de sangre que tanto sigue gustando a gran parte del público con el humor que recordaba a los clásicos de Wes Craven —no por nada esta misma dupla de directores junto a su guionista Guy Busick fueron llamados para resucitar SCREAM tres años después— por lo que resultó un éxito tanto en taquilla como en acogida popular cimentando la carrera de Samara Weaving, su gran protagonista, como toda una Scream Queen moderna.
Con todos sus aspectos buenos y malos, Ready or Not resultó ser una creativa bocanada de aire fresco en un ambiente que se había tornado muy denso para los asiduos al cine de horror.
…Here I Come.
En 2026, tras lo que parecería ser una tardanza desmedida para ofrecer la secuela de una película exitosa a la que se le pudo sacar provecho inmediato, llega a cartelera Ready or Not 2: Here I Come (Boda Sangrienta 2) con los Radio Silence de nuevo al mando en la dirección, así como Busick y R. Christopher Murphy de vuelta en el guion.
La secuela retoma justo en donde termina la primera película: Grace (Weaving) saliendo vencedora del macabro juego en el que su nueva familia competía para asesinarla en nombre de una tradición familiar correspondiente al culto satánico al que pertenecían. Como buena secta, ésta era extensiva alrededor del mundo, por lo que al haberse ‘‘extinguido’’ todos los Le Domas, es turno de las demás familias pertenecientes al culto para cazar a muerte a la recién casada-viuda y así ganar el poder absoluto de las más altas organizaciones del mundo.
En esta ocasión Grace no está sola, la acompaña su hermana Faith (Kathryn Newton) con quien no lleva una buena relación, pero que también termina inmiscuida en la sangrienta cacería. Por otro lado está otra pareja de hermanos, los gemelos Úrsula y Titus Danforth (Sarah Michelle Gellar y Shawn Hatosy), los principales sádicos interesados en mantener el poder que su padre, Chester Danforth (nada más y nada menos que David Cronenberg), ha dejado al morir asistidamente por sus satánicos querubines y que reciben a las demás familias en sus lujosos aposentos para dar inicio a su cruel divertimento.

La dirección de actores sigue siendo la mayor dolencia de Radio Silence y eso no es un tema menor ya que quien termina pagando los platos rotos de sus incapacidades son precisamente sus elencos. La dupla de directores sigue sin saber cómo entonar a sus actores de manera lógica tanto en el desarrollo individual como cohesiva en lo colectivo. Por momentos pareciera que cada actor está en una película diferente cuando se le ve en ensamble, pero incluso en lo individual es difícil que algunos mantengan un tono coherente.
Los grandes sacrificados por las deficiencias de sus directores son Kathryn Newton, actriz con un carisma tan grande como cualquier pantalla y que no es ninguna novata en el género ni en el trabajo con ellos — véase su trabajo en una película como Freaky (C. Landon, 2020)—, pero que aquí es llevada a la caricatura de lo que busca ser un personaje humorístico, algo que también es notable en los trabajos de Kevin Durand con la dupla y quien afortunadamente tiene una participación muy corta en esta película. Otros ejemplos son los de Nestor Carbonell como otra caricatura que ni a farsa llega de un personaje español, Varun Saranga en un personaje que pareciera subestimar la inteligencia de la audiencia y otros actores pertenecientes a las familias elitistas que conforman el culto. Si hay algo en lo que Radio Silence tiene expertise de sobra como directores es en exhibir a sus actores.
Es imposible no hacer mención al gran regreso de Sarah Michelle Gellar al cine después de diecisiete años de ausencia y precisamente al género que la consolidó como toda una Scream Queen hace ya un par de décadas. Con 49 años de edad de los cuales 45 los ha pasado frente a cámara, Sarah tiene toda la pericia del mundo para mandarse sola y hacer lo que mejor sabe con su personaje en territorios que conoce con los ojos cerrados. Gellar le saca la vuelta al terrible estilo directoral y conduce a su personaje con sobriedad de inicio a fin a pesar de lo poco que le da el guion haciendo alarde de toda su experiencia, algo que también hace la gran protagonista de este título, Samara Weaving, quien no por nada también se ha consolidado como una estrella del género en los últimos años.

Es evidente que los Radio Silence buscan seguir la escuela de Wes Craven, pero su puerilidad para ejecutar premisas interesantes deja en evidencia la falta de toda inteligencia o astucia que a Wes le sobraba. Craven jamás subestimó la propia inteligencia de sus espectadores y respetaba enormemente las capacidades de sus actores. Se tomaba en serio el género a través de un humor negro manejado con pinzas y tratando a sus actores como histriones, no como bufones.
Dicho lo anterior, la película es entretenida y divertida, innegablemente, pero si Ready or Not 2: Here I Come sale avante en varios aspectos es debido a los trabajos actorales de sus Reinas del Grito, no gracias a sus directores, sino a pesar de ellos.
La película ya está en cines.
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