Mary y Max (2009): Una carta de amor a la amistad y la aceptación de nuestras imperfecciones

El séptimo arte nos ha entregado historias sobre la amistad, pero son contadas las producciones que logran capturar su esencia como Mary y Max (Mary and Max, 2009). Esta joya del stop-motion, dirigida por Adam Elliot, creador de la aclamada Memorias de un Caracol (Memoir of a Snail, 2024), es un viaje profundo a través de las conexiones improbables, la salud mental, la soledad y la necesidad de sentirse comprendidos.

La película nos sitúa en Australia, en 1976, donde vive Mary Daisy Dinkle, una niña de ocho años que sufre acoso escolar debido a una mancha de nacimiento en su frente. Su padre es un hombre desapegado de su familia y absorto en su trabajo, mientras que su madre es alcohólica. Sin embargo, todo cambia para Mary cuando decide enviar una carta a Max Jerry Horowitz, un neoyorquino solitario de 44 años y que, debido a su ansiedad, tiene dificultades para socializar. A pesar de la distancia y diferencia de edad, Mary y Max comienzan una amistad por correspondencia que se prolonga durante varios años.

Uno de los mayores aciertos del guion, escrito por Adam Elliot, es que se aleja de una amistad idealizada y se enfoca en algo más real. Ambos personajes enfrentan sus miedos, dudas e inseguridades, mientras su relación atraviesa malentendidos, silencios prolongados y profundas crisis. Es precisamente esa vulnerabilidad la que permite al espectador empatizar con ellos hasta convertirlos en seres entrañables.  

Mary y Max también destacan por su diseño de producción, con impecable acabado en el que cada marioneta, moldeada a mano con arcilla, cobra vida.  Asimismo, la paleta de colores desempeña un papel crucial dentro de la narrativa: los tonos marrones y sepia representan el mundo de la pequeña protagonista, mientras que Max está representado con grises, blancos y negros. Esta elección cromática no sólo distingue los universos de ambos personajes, sino que también refleja parte de sus emociones.  

El filme mantiene un equilibrio entre el humor negro y el drama que, sin necesidad de caer en la lágrima fácil, logra construir momentos emotivos cargados de temas muy profundos que son acompañados por una banda sonora del compositor Dale Cornelius, cuyas melodías de piano y cuerdas contribuyen a crear una atmósfera melancólica y acentúan el contrastaste entre la tristeza y momentos de luminosidad.

Aunque han pasado 17 años desde su estreno en el Festival de Sundance, Mary y Max nos recuerda que la amistad no requiere perfección, sino aceptación mutua de nuestras imperfecciones y diferencias.

La película se proyecta por primera vez en salas de cine de México a partir del 24 de septiembre y con doblaje latino en el que prestan sus voces: Regina Blandón, Javier Ibarreche y Arturo Mercado.


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