Perdidos en la historia de ‘Perdidos en la noche’ (2023)

Amat Escalante regresó a la Croissette, con el estreno de su nuevo filme, “Perdidos en la noche”, una ficción demencial que termina siendo otra crítica chata a la sociedad mexicana. Ahora, la película puede verse en Netflix.

Por Felipe De Jesús Flores Sánchez

Uno de los regresos que más estábamos esperando, era el de Amat Escalante, el cineasta mexicano, siempre ligado a un cine con perspectiva social, de ese que incómoda y bastante, regreso con unas ganas enormes al Festival de Cannes, la mesa realmente estaba servida para esperar uno de los trabajos que seguramente más escándalos traería a las lluviosas noches de la Galia francesa.

¿Pero por qué sugerir que el ostracismo lidera este tipo de filmes?
Una sociedad, como lo es la mexicana, siempre ha estado con tendencias hostiles, cuando hablamos de su situación moral, social y sobre todo, política, llegando a tener conflictos que parecieran una “guerra fría” y no tan “fría”, en redes sociales o incluso, entre comentarios de sobre mesa, mismos que en bastantes ocasiones, se ven reforzados, cuando estereotipamos algunas conductas, que fácilmente podemos encontrar ciertos paralelismos, en algunas producciones cinematográficas, tachando incluso por el tono de piel, las bondades o maldades de algún sector social.

Hace no mucho, Michel Franco, con su “Nuevo Orden”, una distopía bastante humorística, si queremos verlo desde un fondo realista, estigmatiza a la clase obrera mexicana, que desató una aparente guerra de razas, con el trasfondo de una fastuosa cena de la oligarquía mexicana, atizando a que si tienes un origen humilde, era más probable que tuvieras una moral deformada, circunstancia que sirvió para continuar con una polarización social, que vive México prácticamente, desde sus tiempos de independencia, misma que vemos similar en esta nueva película de Amat Escalante, pero tranquilos, no quiero satanizar todo antes de tiempo.

Una protesta dentro de una minería, la cual, es inminente su venta a capital extranjero, desata el caos, brutalidad y persecución, cuando la profesora Paloma, víctima de la corrupción propia de estos empresarios, comienzan unas protestas llenas de ideales, sueños de equidad, mismos que se ven mermados por una desaparición forzada.

Cinco años después de la desaparición de Paloma, su hijo, Emiliano (Juan Daniel García) siguiendo unas pistas a lo Sherlock Holmes, decide infiltrarse en la casa de los ricos mineros, que aparentemente, son los responsables de la desaparición de su mamá.

La familia Aldama, rica, poderosa, artística y excéntrica; acogen como empleado a Emilano, que trabaja directamente con Rigoberto (Fernando Bonilla), su esposa Carmen (Barbara Mori), y su hija influyente Mónica (Ester Expósito), familia que tiene gustos bastantes peculiares, desde arte noir con tendencias a la admiración de la figura mortuoria en México, o lives de redes sociales a cargo de Mónica con su posición de influencer de redes sociales, hacen que Emiliano, distraiga un poco su venganza social, para posar su atención en la hija de los Aldama.

¿Podrá Emiliano encontrar la verdad sobre el sufrimiento de su mamá?
¿La socialité de la familia Aldama hará que cambien las convicciones de Emiliano?

Más allá de otros personajes secundarios loables, como la pareja sentimental de Emiliano, la valiente Jazmín (Maria Fernanda Osio) la cual es tristemente desperdiciada, nos encontramos con una propuesta de varias cuestiones cruzadas, iniciando como un thriller policial con tintes de cine noir, bastante funcional, pero que al final, tiene su cauce en una cinta que corresponde a los traumas artísticos de la familia Aldama, cayendo incluso en las alegorías sobre la superficialidad actual de la que, cualquier persona que no tenga recursos económicos, podría ser fácil víctima, como nuestro querido Emiliano, todo con los traumas obscuros que mezclan la sexualidad desmedida, el morbo de la muerte y un México que adolece de justicia social, retratado en sus miles de desaparecidos, como rezan en varios momentos claves del filme.

Una de las grandes bondades, amén de la titánica labor de Amat y Martín Escalante, para tratar de aterrizar tantos conceptos de su guión, en una sola idea, fue la fotografía y música del filme, que aprovechando las bondades de un foco mediático, como lo es la española, Éster Exposito, seguramente le servirán para darle focos mediáticos al filme, todo cortesía de Kyle Dixon y Michael Stein, además de una fotografía hipnótica de Adrián Durazo; conceptos noir, estrambóticos, con la seducción del erotismo que proponen sus protagonistas, dejando un poco helado el ardiente contexto social que de inicio planteaba “Perdidos en la noche”.

La edición de Fernanda de la Peza, termina pesando, por qué más allá de sumergirnos en el contexto político y corrupto que parecía emerger, nos da una parábola, muy emocional, sobre cuales son las necesidades, o en cuyo caso de Emiliano, debilidades latentes, ante la búsqueda de la moral, evidenciado incluso por la pérdida de protagonismo que tiene Jazmín, en detrimento del pop mortem de Mónica, todo un show mediático que antepone los valores sociales sobre el espectáculo que suelen ser las redes sociales.

Puede que una vez más, Amat Escalante atraiga la atención de todos, la mía definitivamente la tuvo, pero entre la linea de la crítica y el snobismo, hay una tela muy delgada, parafraseando esta misma crítica, en la cual lo vimos con el cine de Michel Franco, pero seguramente el público tendrá su propia palabra, sobre los valores que contraponen la moralidad, la justicia, sobre el show, la fama, el sexo fácil sin sentido, disfrazado de protesta heroica por la situación del país.

“Perdidos en la Noche”, la nueva cinta de Amat Escalante, que cuenta con el talento de  Juan Daniel García, Ester Expósito, Bárbara Mori y Fernando Bonilla, presentándonos una crítica social disfrazada de noir policíaco, con Emiliano en busca de la verdad sobre la desaparición de su mamá, perdida entre la indolencia, corrupción y torpeza del sistema de justicia mexicano, lo cual hará que Emiliano haga de detective particular, conectándose con la estrambótica familia Aldama, una cinta con fotografía loable pero mensaje soso, que lejos de transgredir al sistema, justifica y de nueva cuenta, responsabiliza al mal endémico de todos los problemas de nuestra sociedad mexicana, según esta familia de cineastas, el cual parece ser, es pertenecer a la clase social baja en México.

Felipe De Jesús Flores Sánchez en Twitter: @pippeflores


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