La disrupción de lo femenino en el surrealismo: La magia y alquimia de Remedios Varo y Leonora Carrington

Escrito por Aura Metzeri Altamirano Solar y Barbarella D´Acevedo.

Romper para abrir. Tal es la naturaleza de la psique expandida, una nuez que sangra los jugos de la conciencia, la sensibilidad artística, lo que no da tregua, una vida que exige constante reinterpretación. Así es la vida paralela de estas dos artistas, mujeres libres, soñadoras y rebeldes. Espíritus del viento y del fuego, Leonora Carrington y Remedios Varo. Nacidas de, como decimos en la natal Latinoamérica, el otro lado del charco, las Europas, estas artistas se negaron a cumplir con los planes y expectativas puestas en la mujer de sus tiempos, en una rebeldía constante, cada una desde su trinchera, comenzaron la travesía de convertirse en grandes pintoras, como veremos a lo largo del artículo, las memorias de una guerra punzaban en su ser y un feliz exilio se extendía como posibilidad, convirtiéndose así, ambas, en hijas de varias patrias (y México, ombligo de la Luna, termina por tomarlas) y figuras indiscutiblemente grandes, su amistad (totalmente fortuita y llena de sincronicidades) es el gran ejemplo del trabajo en el que la reciprocidad , recepción y conexión auténtica, deja una huella profunda en la escena del arte pictórico. 

Leonora. México es tierra convulsa, crisol donde la experiencia condensa los horrores en belleza angelical. Tierra fértil en la que crecen las ilusiones que a nosotras, mujeres europeas, nos fueron arrebatadas, sino por estupidez, por las guerras (juegos de los hombres que resultan también de carácter bestial), por la incomprensión, por las dudas y porque en verdad, quizás nunca pertenecimos al mundo de aquí y sí al de allá. La belleza condensa una solución para nosotras, por eso pintamos, para no sucumbir a los horrores del mundo.

En Francia, creía haber alcanzado mi libertad, pero Max era tan solo un ermitaño, nos quedamos en medio de un paraje congelado y eso no funcionaba para mi libertad equina.

Me encontré a Remedios, sería muy ingenuo de mi parte llamar a eso una mundana coincidencia, unos días antes, soñé que veía a una mujer que se entendía con la Luna, se hablaban y luego ella le daba una extraña papilla en la boca. La Luna me agrada, pero no despierta en mí el mismo cariño que Venus, la vieja madre. También apareció esta en mi sueño, cargaba un caballo, recuerdo de mi infancia, y un vestido roto, el que siempre odié, me dijo que llegaría una hiladora a mi vida, que ya la conocía y nos dedicaríamos a coser y cocinar juntas. No le creí, fui ingenua, pero me he topado cara a cara con Remedios esta mañana, muy cerca de la casa. 

Remedios. Leonora y yo siempre estuvimos llamadas a la predestinación. Ya nos habíamos conocido en París, donde las dos fuimos surrealistas. Ocurrió un día en que yo iba vestida con traje de luces, de torero y Leonora brillaba de amor. Nos vimos, creo, aunque a lo mejor me invento los recuerdos, en el café Les deux magots, que quiere decir, algo así como los dos sabios chinos, y es que eso éramos nosotras, dos seres llamados a reconocerse, en su conocimiento de las cosas. Hasta ese entonces habíamos dado tumbos, como El vagabundo de uno de mis cuadros, viajábamos con poco equipaje, pero equipaje, a fin de cuentas. No habíamos conseguido ser enteramente libres, pero ya llevábamos a cuestas el empeño de alcanzar la libertad. Los surrealistas eran hombres y nosotras brujas incipientes, tímidas, no teníamos todavía el aplomo para enfrentarlos, solo sabíamos que nuestro destino no sería el de musas. 

Después no me extrañó reencontrar a Leonora en México, a donde las dos huimos, cada una por nuestro lado, para escapar del horror. Nos alcanzamos en cualquier cruce de calle, como si nos hubiésemos citado telepáticamente, a lo mejor nos habíamos citado telepáticamente y desde entonces no nos volvimos a dejar. Estábamos ya en aquel tiempo más cerca de despojarnos de todo, y quedar en los huesos, carro hecho de espinazo, Homo rodans, hombre-mujer que rueda, de tránsito, la vida es apenas el viaje entre dos mundos, mientras la muerte nos extiende la mano. La creación fue siempre la rueda que unió nuestro devenir. Así nos representé también a las dos en La Torre, en fuga de la Maison Dieu, construida por manos humanas. Aspirar al cielo es una pretensión extraña…, de todas formas, no existe un único sendero. En el cuadro mantenemos los ojos cerrados y la vista a lo alto, porque para aspirar a lo alto, primero hay que conocer lo que llevamos dentro. Nuestros cuerpos son redes en movimiento, fluyen al ritmo del aire, se convierten en nubes, o quizá somos nosotras quienes absorbemos la esencia de las nubes para tejer nuestros cuerpos mistéricos. El viaje construye una elipsis, donde tiempo y espacios resultan infinitos… Descendemos de la prisión de los hombres a la tierra, solo que abajo nos aguardan las espinas. El camino siempre entraña peligros, pero del dolor puede brotar la savia regeneradora. Al escapar de La Torre, ni Leonora ni yo, conocimos el miedo. México fue para nosotras, espina y promesa.

  • Vagabundo (1957) Remedios Varo
  • Retrato de Max Ernst (1939) Leonora Carrington
  • Papilla estelar (1958) Remedios Varo
  • Arcano XVII La Torre (sin fecha) Leonora Carrington
  • La torre (1948) Remedios Varo
  • Memorias de abajo (1943) libro de Leonora Carrington
  • Homo Rodans (1959) Remedios Varo

Ambas pintoras, nacen en la escena de una Europa a punto de estallar en guerras, el campo de experimentos, la guerra civil española, obliga primero a Remedios a moverse de su tierra natal, hacia Francia, sin embargo, la peste de la guerra, vicio de Ares, le persigue. Un viaje convulso, y un encarcelamiento del cual guardó un silencio mortal, le hizo llegar a México, en cuya travesía pierde mucho peso para pisar tierra en 1941. Leonora por su parte, a quien ya había conocido, pasó por un proceso similar, abandonada por la negligencia de Marx, su pareja, quien fue detenido dos veces al ser identificado como extranjero perteneciente a un país hostil en Francia. Después en España, sufre una crisis desgarradora (cosa que encontramos relatada en el libro Memorias de abajo), y llega gracias a sus habilidades diplomáticas y un matrimonio arreglado con Renato Leduc, en 1942, a México.

Ya estando ambas en el país surreal, un portal lunar donde lo bizarro y extraordinario conocen la luz del Sol, entablan una relación profunda por mera sincronicidad y comienzan a desarrollar universos paralelos que dejan una huella imborrable en la escena del surrealismo mexicano, nido prolífico.

Remedios. México, nos acogió, madre nutricia, para que poco a poco comenzáramos a sanar. Yo podría haber pintado como llegué a pintar, en cualquier sitio, sin embargo, lo hice en México. Hasta allí me persiguió mi pasado, salía de los muebles, de las paredes, ante cualquier descuido mío. Por eso llené la casa de gatos, los gatos son guardianes entre los dos mundos. Por eso también pinté Presencia inquietante, donde intentaba relajarme en una silla, en el gesto de engendrar vida, pero algo, alguien, me rozaría la nuca con su aliento y su lengua. Hay elementos de mi historia que elegí no contar, olvidarme, y sin embargo, viven en mis pinturas. Crear puede ser un acto de exorcismo. México me enseñó a no tener miedo. 

Leonora. Remedios otra vez ha tomado el brebaje fuera de tiempo. Ya no tenemos mucho dinero, ahorramos en comida lo más que podemos, creo que la casa, tan llena de gatos y los ratones (que libera a espaldas de Péret) le están haciendo daño. Hoy hemos quedado en su casa, encontré sobre el viejo buró, mientras buscaba algún ropaje para que jugáramos, una carta:

Quizá no lo recuerde, pero fuimos amantes en París… Usted y yo nos conocimos antes de que yo viniera a México, quizá en Francia, aunque también pudo ser en España, antes de la guerra y el miedo.  

Usted me dio un poco de lástima, y acabé enamorándome. Toda la vida he tenido facilidad para amar… Lo encontré en ese pequeño consultorio suyo, donde usted criaba murciélagos, para aliviar sus horas. En ese entonces yo era apenas surrealista. Solo después de llegar a esta tierra, a este nuevo mundo, por demás más antiguo que el viejo, del que yo creía formar parte, dejé de ser surrealista para convertirme en Remedios. Fue en México que pude pintar Mujer saliendo del psicoanalista. En el cuadro estoy sola, con mi pequeño equipaje para arrojar en el pozo. Dr. FJA, la placa en la pared, sin embargo, indica sus iniciales. Usted me puso las “ideas de puntas”, escindió mi presente del pasado, incluso si solo nos vimos una vez… Hay encuentros así, que lo trastocan todo.

Hace poco encontré su nombre por azar, en una guía telefónica. Enseguida supe que debía ser el mismo de otro tiempo. ¿Recuerda usted aquella tarde en que hallamos unas azaleas que usamos como paraguas para escondernos del mundo alrededor? ¿Es usted el protagonista de ese recuerdo? Bueno, eso es lo de menos, y lo de más, es que garantice el atrevimiento para volver a vernos. 

Prometo que le mostraré mi obra más reciente, Carta de tarot donde una mujer con cabeza de estrella cose su pecho al infinito. El juego consiste en que usted adivine de qué arcano se trata. Le será fácil… Todos los psicoanalistas conocen los vericuetos del inconsciente colectivo y del alma, pero tampoco se ponga demasiado técnico… Venga a visitarme cuando quiera, y si no, escríbame al menos una carta, para mostrársela a Leonora, y que así pueda ella comprobar la sutileza de las casualidades. 

Leonora. ¿A quién le está escribiendo? No pienso regañarla ni cuestionarle, eso serán sus asuntos, lo mío, lo que traigo entre manos ahora, es un juego y un secreto, mis visiones nocturnas sobre una mujer que carga cosechas de trigo, para aventarlas a un gran río que fluye hasta convertirse en escaleras deben esperar. ¿Será que doy a luz una idea? Otra vez surge en mí la idea del huevo como oráculo, si este contiene todas las potencias del mundo, ¿Será que entreveo a Venus, la estrella polar, a través de su dura cáscara? Dejo descansar a la pintura un tanto por ahora, Memorias de abajo ocupa toda mi atención. La letra deshace el mundo en tiritas de colores que puedo organizar a gusto, la pintura las pega de nuevo, cuando se está en nigredo, en desintegración, la palabra nace y desbarata la experiencia, no en vulgar ficción, sino en recuerdo lleno de significado. 

Remedios es un espejo de mi propia experiencia, guarda conmigo, una serie de balitas de plomo, recuerdos de Europa que se deshace en los horrores de su propia guerra inconexa. 

Remedios. Una carta, para alguien escogido al azar en una guía telefónica, es el más legítimo acto surrealista. Yo quise que Leonora encontrara esa carta, y fuera parte del juego. En ese tiempo, o en otro, Leo escribiría La trompetilla acústica, una novela en que ella se nombra Marion y yo, Carmella, y dedico mucho tiempo a la correspondencia y asimismo a nuestra amistad. 

Cada una compone en el viaje su propio lenguaje de signos, un universo donde hemos conocido la metamorfosis, para que otros después, quizá también se atrevan. 

Resulta interesante de sus obras analizar los imaginarios paralelos, pero bien desarrollados en su propia individualidad, discurso y estilo, ya que éstos contenían secretos guardados desde su infancia, observamos a una Remedios de carácter femenino más lunar, es decir, con pinturas cuyos temas apuntan mucho a la racionalidad, el psiquismo, y la misma figura de la Luna, la Artemisa que es también gran arquetipo de la independencia (rasgo que ella mostró en vida, fue conocida por su tendencia poliamorosa y libre), se presenta continuamente en sus obras, hay que mencionar aquí, que Leonora también utiliza este elemento, sin embargo, apela más a la figura de Venus, resaltando en sus obras la visceralidad, temas de vinculación y una forma de magia verde o alquimia: La cocina como laboratorio para experimentar, mientras que observamos el interés de Remedios por la estética por medio de la costura y confección de prendas, actividades más atribuidas a Atenea, otra diosa lunar. 

Remedios. Yo no sé si soy yo quien pinta la luna o es la misma luna quien pinta a través de mí. En Papilla estelar, estamos ella y yo, en la torre de Anglés (Gerona), mi tierra natal; la chimenea es la misma de la fábrica textil de mi padre… Yo quiero alimentar a la luna…, y cómo hacerlo si no, con comida hecha de estrellas, y otras cosas que no habrán de revelarse a quienes no hayan sido iniciados. Luego en Cazadora de Astros, Diana, lleva a la luna de paseo, la cazadora resulta cazada, y el mito alcanza otra dimensión: cualquiera que haya nacido mujer y artista, aprende que puede conseguir lo imposible, incluso si en un primer momento le cuesta asimilar las jaulas que le han sido impuestas, la alquimia sucede, la transmutación… y el poder acaba por brotar-brillar desde la trampa. Mis cuadros, son las más veces recuerdos y no invenciones, como dijo Octavio Paz. En Bordando el manto terrestre vuelvo a evocar mi infancia, bordo, bordamos las mujeres al ritmo de la celeste música de fondo. La luna no aparece visible, pero es una presencia viva, quizá el manto, en que esbozamos nuestro sueño. Yo siempre estuve hecha de hilos, de tramas, historias que quise pintar.

Leonora. Y la obra desprende sus frutos dejando caer sus propios ritmos, recuerdo cuando concebí la idea de la giganta, figura de Venus, luego vinieron los hurones, mujeres desperdigadas en una carrera compleja, la carrera hacia el centro, hacia el self. A veces tengo la sensación de estar huyendo y a la vez deseando encontrarme conmigo misma. En un sueño, Lord Candlestick me acecha con sus reglas, con su milimétrica aristocracia podrida, desea presentarme para no sé qué evento. A veces sueño también con Lancashire y la vieja, fría mansión, recuerdo aquella vieja pintura, de los banquetes de mi padre, llenos de vanidad y una bestialidad oculta en los modales, todos en el cuadro esconden una naturaleza totalmente despreciable. Ya por ese entonces escribí también a la triste y alta Dama oval, con el heroico Tártaro y la libertad de ser caballo. Algo nuevo se cuece entre mis manos, Remedios me dice que a veces cocino demasiado, y eso más que un reclamo es un cumplido. Ella está también en mis sueños, teje con manos ágiles un hilo negro, que luego vuela hacia la noche transformado en mujer roja. Yo creo que ella teje demasiado. 

Ambas tenían una tendencia psicológica (su Luna en la carta natal) hacia lo librano, el equilibrio y la estética, esto nos sugiere y revela también, la naturaleza parecida de sus infancias, ambas con signos solares astrológicos en fuego (Leonora en Aries, Remedios en Sagitario), evocan la imagen de la pionera, mujeres que salían de los estándares de su época y retaban el status quo. Después, como extranjeras, tenían que romper sus propios límites y templar sus caracteres con la vasija convulsa y abundante que es México, sin ser esto tarea sencilla, observamos que pasan sus primeros años en el nuevo país atravesando diversas crisis, ambas logran estabilizarse poco a poco, comenzando a introducirse en la escena pictórica de México (que en ese entonces estaba dominada por el muralismo) y teniendo éxito hacia mitades de la década de los 50’.

Antes del éxito, Remedios por su parte, realiza expediciones en el Río Orinoco, mientras trabajaba como ilustradora publicitaria y pasaba tiempo con su hermano Rodrigo y con su madre, perdiendo su conocido desagrado hacia los insectos, mientras Leonora en México, conoce a Edward James, quien será su mecenas, y comienza su familia con Emerico Weisz, mientras continúa su obra literaria y pictórica, enfrentando las dificultades de la maternidad y la vida cotidiana. Demuestran el camino del artista como un camino no exento de peligros, esfuerzos y la necesidad de una constancia imperturbable. Remedios comienza a dedicarse totalmente a la pintura, de vuelta en México, gracias a su matrimonio con Walter Gruen, quien le anima a verter toda su atención hacia su mayor talento.

Remedios. Conocí a las abejas primero en un sueño de muerte. En el sueño, las abejas han cubierto casi mi cuerpo entero de miel, y yo “no sé qué hacer, si siguen quedaré enterrada en miel, adorable manera de morir”, no sé qué hacer, pero no intento salvarme. A las abejas las estudié en un viaje a Venezuela. Fui parte de una expedición científica, como ilustradora entomológica. Diseccioné los cuerpos leves de los insectos, en páginas y páginas de dibujos, como si al capturar su fisiología, los misterios y pequeñas piezas que conforman el ser, pudiese aprehender los atributos de la muerte. Por el mismo motivo, asumí los carteles publicitarios para Bayer. Entender el dolor como parte de la vida, ha sido parte de mi sino. La imagen es uno de los recursos de la magia. Después, cubrí un vidrio con cuero, y pan de oro, para pintar mi esqueleto, en La abeja adolorida. La miel y el oro tienen la misma esencia. Pero el vidrio está ahí, es la base en la que se superponen los trazos, se hace presente, aunque nadie alcance a verlo. 

Mi aguijón es apenas un pincel…

Leonora. Poco se habla del trabajo tras bambalinas, cuando hablo de Penélope, hablo de darle un espejo a aquella vieja Leonora que ya está muerta. Una que quedó atrás, del otro lado del gran océano. Le doy un espejo porque necesita observarse, pero el trabajo lo inicié en un río en mis sueños, Remedios, a quien no he parado de ver empezó a ser partícipe de ellos, Kati y José terminan siempre involucrados de una u otra manera, especialmente Kati. Alejandro, aquél joven a quien le he enseñado el tarot en el pasado, está participando, ahora en la materia de mi acto ritual. No diría que es una simple representación teatral, es parte de mi vida puesta en sacrificio para los ávidos ojos de los espectadores. Me divierto mucho con Kati, con Remedios, las niñas no están totalmente muertas, se hacen un cachito y cortan el tiempo en pedacitos para colarse en la realidad.

Pero es cierto que Tártaro está muerto, todo lo que pertenecía al lejano ensueño de la infancia, se ha quemado como barco funerario nórdico. No hay vuelta atrás y no regresaré jamás a Inglaterra, acaso Lord Candlestick busque encerrarme de nuevo en una jaula de oro, llena de estrellas, comodidades y corsets que detesto. Anoche tuve un sueño, lo escribí de inmediato para evitar que se escape de mi memoria: 

De nuevo soy una hiena, y me meto en los recovecos de un gran laberinto/ jardín inglés. Aunque nadie me lo diga (o quizás por eso mismo), sé que soy libre y los árboles me susurran secretos olvidados. Hadas, duendes y otras criaturas elementales se posan de vez en vez en mi lomo, yo los ahuyento soltando dentelladas, son molestos, las hadas se ríen burlonas porque no puedo atraparlas. 

En mi búsqueda por plomo (todos saben que las hienas adoran comer plomo y que los viejos jardines están llenos de él), una gran lechuza me observa desde un árbol, creo que es Remedios. Se posa sobre mi lomo, a pesar de su gran tamaño no es pesada y no significa ninguna molestia para mí, por el contrario, me siento bien con su presencia. Me carga para volar y ver desde arriba el gran laberinto. En momento mortal una corriente de aire separa sus garras de mi lomo y caigo en el filo de una ventana, una gran mansión extiende sus estancias ante mis ojos. 

Hay una mujer sentada en el centro de la habitación, me reconozco en ella, también soy yo. Hay un montón de caballos de juguete blancos ahí, yo los espanto mordiéndoles las paletillas, no se supone que estén ahí, deben estar libres. Saltan por la ventana y se convierten en caballos reales y níveos. Poso con la mujer, que me mira con ojos profundos, luego volteamos hacia la pared, tratando de alcanzar con la mirada, un espejo que no alcanzamos a vislumbrar.

Ambas realizan diversas conexiones, virtud de lo libriano, la diplomacia y la vinculación, y es así que su obra extiende su genialidad en el medio del arte mexicano. Cabe recalcar que, como un injerto en un campo, al inicio les cuesta posicionarse y ganar un peso, como extranjeras en México, deben enraizarse, por lo que con el tiempo, ambas hacen del imaginario mexicano, algo propio. Remedios no se nacionaliza, posiblemente por su prematura muerte en 1963 y la imposibilidad de conservar su nacionalidad española (cosa que cambia hasta 1992), mientras que Leonora logra conservar su nacionalidad inglesa y ser a la vez, mexicana. Logran enraizarse en la cultura y transformarla.

Participan en diversas exposiciones juntas, mostrando un gran éxito y empezando a recibir diversas peticiones y comisiones. Ambas artistas despegan gracias a su propio talento, el cual atrajo el apoyo económico que necesitaron en un principio. Reciben peticiones para murales, retratos y diversos trabajos que las van enraizando cada vez más en la cultura mexicana. 

Remedios muere de manera inesperada en 1563, dejando como último cuadro (a modo de intuición, cosa que abunda en el intelecto de estas grandes pintoras) “Naturaleza muerta resucitando”. Su muerte sorpresiva, deja una interrogante sobre las posibilidades del desarrollo de su obra, habiendo ahondado en la pintura, escritura, diseño de modas y diseño publicitario, Remedios mostraba la misma versatilidad que Leonora, quien después, hasta su muerte en 2011, exploró también el campo de la pintura, escritura, diseño escenográfico y escultura. 


Remedios. Hay insectos también en mi último cuadro. Libélulas…, y frutas, una granada que explota. De entre las grietas del piso brotan los pequeños retoños de las semillas dispersas en la explosión. Son tales, los únicos seres ¿vivos? en Naturaleza muerta resucitando. Hay también una mesa, un mantel, vela y candelabro, ocho platos que flotan, junto a los frutos en el aire, orbitan, en una elipse sideral. Hay un piso segmentado en diez triángulos y muros, bóvedas que encierran los sucesos, el transcurrir de la muerte y la vida, al unísono, porque siempre todo ocurre a la vez, resucitando… La vela, la luz de la vela, también es algo vivo, algunos dirán luego que soy yo, el centro de la circunferencia, el eje del Big Bang, para la expansión del Universo. México, me enseñó a querer a la Muerte, por eso mi última obra, es sin lugar a dudas, mi cuadro más mexicano. Espina y promesa… Ya había aprendido todo lo que precisaba en esta encarnación. Por eso descendí de la torre, construcción humana y dejé que la tierra, México la tierra, me cobijara en su abrazo.


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