#FICM2025: ‘Left-Handed Girl’ y el desencanto por el mundo mágico.

Tras su paso por la Semana de la Crítica dentro de la más reciente edición del Festival de Cannes, la taiwanesa Shih-Ching Tsou presentó en Morelia su primer largometraje en solitario como directora titulado Left-Handed Girl (La chica zurda), una historia sobre una modesta familia conformada por una madre soltera y sus dos hijas que regresan a Taipéi después vivir en el campo por varios años, siendo la más pequeña de esta familia una adorable niña zurda. El proceso de adaptación a la vorágine de la gran ciudad las descubre a merced de lo que significa el sistema, tanto laboral como familiar, y es entonces cuando cada una de ellas echa mano de las diferentes herramientas que el paso de la vida les ha dejado para sobrevivir.

Más allá de mostrar los diferentes estilos de afrontamiento de Shu-Fen (la madre, interpretada por Janel Tsai), I-Ann (la hija mayor, interpretada destacablemente por Shih-Yuan Ma) e I-Jing (la enternecedora niña pequeña, interpretada por Nina Ye), en esta película se puede encontrar una lectura muy interesante si se observa a estas tres diferentes personas como tres etapas evolutivas [o procesos cognitivos] de una misma mujer curtida por su entorno. En Shu-Fen encontramos a una mujer completamente apagada y apática, golpeada por la vida con resultados poco alentadores a sus propias decisiones y cuyo único cariño que puede ofrecer a sus hijas es sobarse el lomo para pagar la renta de un pequeño departamento y ocuparse para que tengan algo que comer. En I-Ann se vislumbra el cinismo con el que las mujeres jóvenes, aún con rasgos adolescentes, confrontan el dolor que implica abrir los ojos ante la realidad y observar la destrucción inminente de nuestros sueños, pero que todavía conserva cierta esperanza al menos para irse de fiesta. Y finalmente está I-Jing, con una ilusión tan grande como sus cachetes y cuya inocencia no le permite ver más allá de lo que parece ser un ‘‘mundo mágico’’ lleno de luces neón, viajes en moto, coreografías por bailar y vecinos amorosos que le pintan la vida a futuro como un juego divertido. Si estas descripciones se leen a la inversa, es notable el cómo esa ilusión naciente en I-Jing se va destruyendo hasta llegar a Shu-Fen.

¿Qué tiene de especial que la pequeña sea zurda? Tan sólo una metáfora para lo que significa ver el mundo de manera diferente, desde otra perspectiva, del otro lado del cinismo y pesadumbre que se adquiere al crecer y al que, aparentemente, ‘‘debemos’’ sucumbir a medida que envejecemos. A I-Jing le dicen que debe mantenerse fuera de las conversaciones de los adultos mientras, irónicamente, se le involucra en todas las actividades de los mismos, como a tantos niños alrededor del mundo. Según el abuelo de la pequeña, la mano izquierda es del diablo —nada lejano a lo que parecería creencia de los abuelos mexicanos—, como si mantener ilusiones por el futuro o tan sólo ser diferente fuera malo; como si I-Jing ‘‘no debiera’’ tener otra percepción del entorno que no sea la negatividad a la que obliga el despiadado sistema capitalista inmerso en la frenética Taipéi. A través de una manita zurda, Left-Handed Girl desafía con una frontal gentileza el fundamento de un sistema de creencias que, incluso, se extiende hasta México en películas como El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja), de Ernesto Martínez Bucio, también seleccionada en esta edición del Festival Internacional de Cine de Morelia. Como bien dijo Joachim Trier en el pasado Festival de Cannes que compartió con esta película: ‘‘La ternura es el nuevo punk’’. Como acotación: el contemplar la universalidad de las historias que pueden adaptarse desde Taiwán hasta México es una de las más grandes bellezas de un festival de cine.

Con Sean Baker como productor, co-guionista y editor de esta película, es casi imposible no notar su presencia en el ritmo del montaje y la cámara alborotada; sin embargo, si en algo se distingue Tsou de su compañero es en el marco relativamente optimista y luminoso dentro del que ella plasma su historia, contrario al trasfondo desalentador en el que Baker construye sus castillos de aire. No se percibe ningún tipo de copia de un cineasta a otro a pesar de, inevitablemente, hacernos pensar en The Florida Project, sino el por qué hay un entendimiento entre ambos para formar un equipo exitoso que se remonta hasta su ópera prima, Take Out, del 2004, película que dirigieron en conjunto.

A nosotros como audiencia el cine nos confronta con nuestras propias realidades, particulares y con sus respectivas variantes, pero si hay algo en específico que esta chiquita zurda nos pone enfrente con su historia familiar es que, precisamente, una familia no es una masa homogénea ni una secta en la que todos tengan que ser o pensar igual, sino un sistema, y un sistema está compuesto por individualidades que complementan a cada una de sus partes con base en sus respectivas diferencias, que son las que vuelven a cada una de ellas especiales, sin romantizar ni edulcorar.

Left-Handed Girl es un melodrama con divertidos giros de tuerca, como bien la presentó en Morelia la directora artística de la Semana de la Crítica de Cannes, Ava Cahen, que equilibra perfectamente emociones contrarias para disfrute del espectador ante una historia sencilla, pero no por eso menos profunda o conmovedora. Probablemente aquellas y aquellos que hayan crecido con una madre soltera y/o trabajadora encontrarán un cálido refugio para sus propias experiencias de vida en esta película.


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