Especial: Lo mejor del cine en 2025


K-Pop Demon Hunters (2025) – Chris Appelhans, Maggie Kang

Por Saúl Durán.

Si alguien me hubiera dicho el año pasado que una de mis películas favoritas del 2025 iba a ser un musical sobre unas estrellas del k-pop que a su vez combaten demonios, quizá no lo hubiera creído, pero la vida una vez más ha demostrado cuánto puede cambiar nuestra percepción. No solamente en mi caso, sino en el resto del mundo, ya que creo que nadie hubiera previsto que el fenómeno musical y cinematográfico de 2025, sería una obra que Sony (de forma subestimada) vendió a Netflix para así coronarla como el filme más visto en la historia de la plataforma hasta la fecha, y ese logro ni siquiera fue la punta del iceberg.

Juguetes, mercancía, éxito de visualización en sitios como Spotify, colaboraciones con Fortnite, cosplays de fanáticos, un fandom enorme, premios, y más, son muchos de los indicios que aclaran como este proyecto (en tan solo menos de un año) se estrenó para quedarse dentro de las mentes y los corazones del público y la cultura popular. Entonces, siendo así, ¿Cuál fue la clave de su éxito? Yo lo atribuyo a cuatro factores: la música y sus canciones, la historia, la animación y la cultura coreana.

Todas estas cualidades se interconectan entre sí para brindar una nueva visión que siente fresca, atractiva y conmovedora, debido a que en la cultura popular conocemos culturas orientales como la china y japonesa cuya visibilidad en la actualidad es inmensa gracias a su extensión por medios como el cine, pero, ¿Qué hay de la cultura coreana? Pues la codirectora Maggie Kang estaba consciente de la ausencia que sus costumbres carecían en el resto del mundo, por lo que este hecho fue su principal motor para desarrollar una historia que representara lo mejor posible a su país a nivel histórico, espiritual, gastronómico y musical dentro de un tópico en el cual todos podemos sentirnos representados, como lo es la autoaceptación.

Rumi, Mira y Zoey son las protagonistas que nos demostrarán que las carencias y fallas que encontremos dentro de nosotros mismos no deben ser motivo para ocultarnos y pretender ser alguien más, pues esto solo nos provoca progresivamente más daño del que quisiéramos admitir en un principio, hasta que todo llega a un punto de ebullición donde tu vida puede desmoronarse por completo. De ahí es donde surge la idea de luchar contra los demonios (y no solo de forma física), porque esta travesía por la que pasa especialmente Rumi, logra demostrar que el odio y los secretos no son la solución para las fallas que tú u otros dicten de ti, sino el aceptarlos y sobrellevarlos con las personas que en verdad te amen por quién eres.

Considero que este mensaje, además de la animación estilo Spider-verse, la comedia característica del anime, las canciones y las raíces de Corea del Sur formaron el combustible perfecto por el cual esta obra llegó a ser, en definitiva, la estrella del 2025.


Bugonia (2025) – Yorgos Lanthimos

Por Armando Navarro

Empecinada en enmarañar su propia existencia, la humanidad se atiborra de tecnología, baña en concreto las enormes ciudades y desperdicia el agua, enfermando indiscriminadamente al planeta. No obstante, y como bien apuntaba el caótico Dr. Ian Malcolm en Jurassic Park (1993), “la vida se abre camino» y en ese sentido, una bugonia se refiere a la antigua idea de la generación espontánea de vida a partir de algo muerto, específicamente, a la posibilidad de la aparición súbita de abejas en los cadáveres del ganado.

Bugonia (2025) de Yorgos Lanthimos abre y cierra con planos detalle de estos insectos, resaltando su importancia en la naturaleza y lo cíclico como eje motor del planeta, que sin importar el daño recibido, siempre encuentra la forma de sanar y volver a empezar. En este inquietante híbrido de ciencia ficción y humor negro (remake además, de la alocada Save The Green Planet! (2003) de Jang Joon-Hwan), Lanthimos despliega su retorcido discurso para dejar en claro que el ser humano es una plaga y que la única cura viable es el exterminio; en esos hermosos minutos finales, de una belleza estética casi pictórica, el final llega y nadie tiene tiempo de publicarlo en Instagram. Así de rápido, así de contundente.

Teddy (Jesse Plemons, pletórico) y Don (Aidan Delbis, tremendo debutante) son dos perdedores obsesionados con las teorías de conspiración alienígena, por lo que deciden secuestrar a la poderosa ejecutiva Michelle Fuller (Emma Stone, inolvidable), convencidos de que ella es una extraterrestre.

Hay que poner atención a los filosos diálogos que escupen Teddy y Michelle cuando discuten, cargados de ironía y pesadumbre existencial; una tensión que va en aumento junto al suspenso que flota al interior del encuadre, en una trama que no ofrece comodidad y que es casi imposible descifrar.

Teddy también carga con culpas y traumas del pasado, representados en la enigmática figura de su madre (Alicia Silverstone) y en la presencia de un policía local (Stavros Halkias); al final, cuando la verdad sea revelada, la metáfora explota de manera mordaz, emergiendo como una dura crítica a los males de este presente nuestro tan anárquico, cada vez más cerca de la barbarie.

Estrenada en el Festival Internacional de Cine de Venecia de 2025, donde compitió por el León de Oro, Bugonia es una de las mejores experiencias fílmicas del año, que se prepara para la inminente temporada de premios, donde Yorgos Lanthimos suele tener presencia constante.

Atención a la fotografía del irlandés Robbie Ryan (genio detrás de American Honey (2016) y varias cintas más de la directora británica Andrea Arnold), donde su cámara vertiginosa y la chillante paleta de color, remarcan la atmósfera paranoica.

Square Peg, estudio responsable de la película, presentó una curiosa campaña publicitaria, la cualincluyó un sitio web (humanresistancehq.com) con información sobre conspiraciones alienígenas, mensajes en Instagram y preestrenos donde la audiencia tenía que raparse la cabeza (como el personaje de Emma Stone) para poder acceder a la proyección.

Yorgos Lanthimos cierra con Bugonia un tríptico extraño, incómodo, aunado a las previas Pobres criaturas (2023) y Kinds of Kindness (2024), que lo confirman como una de las voces más poderosas de la cinematografía actual.


Sirāt (2025) – Oliver Laxe

Por Gabriel Martínez.

Sirāt es, para mí, una de las mejores películas de 2025 y también una de las más violentas del año. No tanto por su temática o por la crudeza explícita de sus imágenes —que sin duda la tienen—, sino por la manera en que está construida y por cómo cada uno de sus actos se despliega de forma progresiva, casi inevitable.

La historia arranca con una premisa sencilla pero inquietante: un hombre y su hijo llegan a una rave perdida en las montañas del sur de Marruecos. Buscan a Mar, su hija y hermana, desaparecida hace meses en una de esas fiestas sin amanecer.

Desde los primeros minutos, lo que impone su presencia son las texturas de la imagen. Cuerpos sudorosos bailan al ritmo del techno bajo el calor y la arena; la música de Kangding Ray acompaña la composición visual de Oliver Laxe de una manera envolvente, sumergiendo al espectador en una atmósfera densa y contenida. Hay en esa corporalidad una fuerza agresiva, pero al mismo tiempo hipnótica, casi ritual.

Con claros atisbos de videoarte e instalación, sonido e imagen relegan la narrativa a un segundo plano sin despojarla de sentido. Al contrario: la historia se vuelve un vehículo al servicio de la experiencia sensorial. Sirāt se configura así como una road movie sobre la identidad y la espiritualidad, temas recurrentes en el cine de Laxe.

La violencia, más que estallar, se filtra. Se va haciendo presente como una amenaza latente para los personajes, similar a esa intuición en el cine de terror donde la protagonista escucha la música y comprende que algo no anda bien. El viaje, que nace desde la empatía y la búsqueda, se transforma progresivamente en una experiencia brutal, donde la crueldad aparece de las formas menos esperadas, hasta rozar lo que podría llamarse “cine-crueldad”.

Puede que sea nostalgia pura, tesoro de la memoria, pero en mi fuero interno le concedía a ese elenco un carácter efectivamente de fantástico.

Sin embargo, no se trata de una crueldad gratuita ni de una explotación cercana a la porno-miseria. Lo que emerge es nuestra incapacidad de aprehender la naturaleza y sus fuerzas. Sirāt es, en el fondo, un viaje espiritual sin concesiones: puro y duro, como una dosis de MDMA en una rave que parece no terminar nunca… hasta que finalmente llega el amanecer. El amanecer de otra vida.


One Battle After Another (2025) – Paul Thomas Anderson

Por Kike Cinéfilo.

No es ningún secreto que, apenas 11 meses de la segunda administración de Donald J. Trump como presidente del país que alguna vez fue un símbolo de libertades y democracia, su mandato esté marcado por críticas contundentes, incluso provenientes de aquellos que en su momento simpatizaron con él durante sus campañas.

A pesar de las numerosas amenazas emitidas por este personaje para intentar silenciar las duras críticas a su gobierno, diversas expresiones han sobresalido. Programas como los late shows y «South Park», así como libros y revistas, se han convertido en las «armas» que muchos han empuñado, de la manera más democrática posible, contra las políticas migratorias y económicas que Trump ha impuesto a nivel mundial.

Paul Thomas Anderson, quien cuenta con apenas una decena de películas dirigidas en una de las industrias más afectadas por estas políticas, nos trae una adaptación de la novela Vineland del autor Thomas Pynchon. A pesar de que el propio director ha negado esta intención, la producción se ha transformado en una crítica mordaz tanto a las políticas actuales como a las luchas, a veces inocuas, que se emprenden contra ellas.

La cinta nos sumerge en la actualidad de Bob Ferguson, anteriormente conocido como «Ghetto» Pat Calhoun. En sus días de gloria, Bob pertenecía a un grupo radical que lo mismo asaltaba bancos que liberaba inmigrantes de centros de detención. Bob, interpretado magistralmente por Leonardo DiCaprio, se encuentra ahora sumergido en el alcohol y la marihuana, lo que le provoca delirios de persecución que pronto se volverán realidad. Un personaje de su pasado, el general Steven J. Lockjaw, interpretado por Sean Penn, regresa y secuestra a Willa (hija de Bob y de Perfidia, quien aún sigue en la lucha), reclamando su supuesta paternidad.

La película nos lleva a una lucha velada contra los estereotipos, el racismo y la sexualización de la mujer; asimismo, critica el radicalismo con el que muchos aún desean librar estas «batallas».

El elenco de esta cinta se complementa con talentos como Chase Infiniti, Benicio del Toro, Regina Hall, Teyana Taylor y otros más.

Este filme ha logrado, de manera excepcional, superar los éxitos obtenidos por Paul Thomas Anderson con películas aclamadas como Magnolia (1999) o Licorice Pizza (2021). En el sitio Rotten Tomatoes ha conseguido la calificación «Certified Fresh», basada en una aprobación del 96% de la crítica y un 89% de la audiencia. En MetaCritic, ha alcanzado una puntuación de 95/100 por parte de la crítica y un 9.5/10 por parte de la audiencia.

Estando ya muy cerca de la temporada de premiaciones, Una batalla tras otra ha logrado 9 nominaciones en los Globos de Oro (Golden Globe Awards), en categorías clave como Mejor Película (Comedia/Musical), Mejor Director, Mejor Guion, Mejor Actor Principal (DiCaprio) y Mejor Actor de Reparto (Del Toro). Además, ha cosechado ya más de 40 premios y 180 nominaciones en distintos festivales, posicionando esta película como una seria contendiente en la próxima entrega de los Premios Óscar y BAFTA, consolidando a su vez la carrera de Leonardo DiCaprio.


Sinners (2025) – Ryan Coogler

Por Jeraldyn Sierra Castro

Ryan Coogler dirige, produce y escribe: Sinners, un filme que nos sumerge en el sur profundo de los Estados Unidos en los años 30 del siglo XX. Rodeados de plantaciones de algodón y con un sol abrasador se entretejen las tensas dinámicas sociales, políticas, culturales y económicas de una región atravesada por la segregación, la violencia racial y una fuerte identidad sureña. Sin embargo, al caer la noche, el ritmo del blues envuelve los campos de trabajo creando una atmósfera de libertad, unión y gozo. No obstante, solo aquel con el verdadero don de crear música puede conjurar a los espíritus, pero eso solo será el inicio de una batalla del bien contra el mal.

Sammie (Miles Caton) es hijo de un pastor de una pequeña congregación en Misisipi, aspirante a músico y junto con sus dos primos gemelos, Elijah «Smoke» y Elias «Stack» (Michael B. Jordan) emprenden la tarea de convertir un viejo aserradero en un bar de blues, pero para ello solo tienen un par de horas por lo que a lo largo del día van reclutando a diferentes personajes que dan solidez y dinamismo al proyecto, entre ellos se encuentra Annie (Wunmi Mosaku) antigua pareja de “Smoke», practicante y conocedora de lo oculto, y que se convierte en la cocinera del bar.

Paralelamente, un hombre misterioso (Jack O’Connell) llega a la casa de una pareja huyendo de un grupo de nativos americanos. No obstante, esta pareja se encuentra que el hombre misterioso no es cualquier hombre sino un vampiro. Mientras tanto, las cosas en el nuevo bar de los gemelos pintan bien y mal al mismo tiempo, la música y el ambiente atraen a las personas, pero por desgracia no mucho dinero, así que cuando llega el hombre misterioso atraído por la música, en especial por el sonido de la guitarra de Sammie, estamos ante el inicio de una gran batalla, primero musical, luego de vida y muerte.

Sinners se puede catalogar como una película de suspenso, drama y/o terror, con una fotografía increíble, unos paisajes sublimes del sur de Estados Unidos y música de otro mundo que te hace vibrar. En términos generales una producción con un estilo muy atractivo, basta con ver la caracterización de los gemelos «Smoke» y «Stack», es precioso ver el juego de color entre estos dos personajes. Sin embargo, detrás de ello hay mucho más que una cinta de vampiros y música de blues, hay una metáfora que expone el desangramiento y la aniquilación identitaria de la comunidad afroamericana, como también pone en discusión temas relacionados con la apropiación cultural, raíces, mestizaje y racismo. Asimismo, representa de una manera vívida una parte de la historia de la población negra a inicios del siglo XX y que actualmente deja ver sus secuelas en una sociedad profundamente dividida y desgastada.


Chainsaw Man – The Movie: Reze Arc (2025) – Tatsuya Yoshihara

Por Samuel Bautista.

Es una adaptación cinematográfica de anime del popular manga Chainsaw Man. Se puede ver de forma clara que la película se estructura en dos mitades bien definidas: la primera es muy cercana a la comedia romántica, y una segunda mitad donde ese vínculo se desmorona en una violencia que resulta espectacular cuando Reze revela ser el Demonio Bomba que está ahí para matar a Denji.

Denji nos suelta dos fases clave: «Me gusta la gente a la que le gusto» y «Todo el mundo quiere el corazón de Chainsaw, ¿pero ¿qué hay del corazón de Denji?». Estas frases revelan la tragedia de Denji; no distingue entre afecto genuino y manipulación, porque su historia personal le ha enseñado que cualquier migaja de afecto es buena.

En la escuela, Reze le regala la simulación de una vida normal que nunca tuvo y en la piscina, Reze baja su guardia, ya que el agua es su debilidad, pero aun así se lanza a nadar con él. Esta sinceridad contrasta con la traición que hará en contra de Denji, lo que hace pensar que al menos por un momento ella fue sincera al volverse vulnerable, ya que con ese conocimiento será derrotada.

Makima puede verse como una representante del capitalismo: es fría, calculadora, ofrece beneficios mínimos a cambio de sumisión total, mientras Reze podría encarnar la promesa socialista, ya que además de haber sido criada y entrenada en la Unión Soviética, Reze enseña a Denji y cuestiona al capitalista del café. A Denji se le puede ver como alguien de clase trabajadora, que elige sin dudar la ciudad cuando Reze le plantea el dilema del ratón urbano versus el ratón de campo, porque se conforma con un confort mínimo, aunque sea brutalmente explotado.

Los protagonistas encarnan la explotación en sus cuerpos: Reze volándose partes de sí misma para atacar, entrenada para el autosacrificio y Denji convirtiendo su carne en herramienta de trabajo, aún Makima sirve a poderes políticos que están por encima de todos los protagonistas. Sus cuerpos no les pertenecen.

La película también muestra el consumo del cuerpo femenino por parte del protagonista; Denji  consume a las protagonistas desde su mirada; los pechos, besos, tener novia, pero sus contrapartes tampoco se quedan atrás, Makima y Reze también convierten en objeto a Denji, ya sea como perro o como blanco de una misión, sin embargo, al estar posicionados desde la perspectiva de Denji, los espectadores asumen su visión subjetiva y se involucran en su experiencia emocional, por ejemplo, Reze resulta adorable porque Denji así la percibe.

La película cierra con un Denji esperando en un café con flores en las manos, donde Raze no volverá. Esta escena resume toda la tragedia del arco. No solo perdió una novia potencial, sino la primera posibilidad real de imaginar un mundo donde no fuera el perro de alguien, fue un intento de articular, por primera vez, que él también tiene un corazón propio, no solo un motor para el Chainsaw Man.


Sorry, Baby (2025) – Eva Victor

Por María Fernanda Toral Suárez.

En las sinopsis que encuentras de esta película en internet siempre inician con la siguiente oración: Agnes (Eva Victor) le ha pasado algo malo. Desde las primeras escenas te das cuenta que Agnes es algo errática, desde su manera de interactuar con las pocas personas que la rodea y el sitio que habita, un lugar alejado de una gran ciudad. Es a partir de la visita de su amiga del doctorado Lydie (Naomi Ackie) que Sorry, baby nos presenta fragmentos de la vida de Agnes.

La ópera prima de la actriz y directora francoestadounidense Eva Victor es un pasaje sobre como sobrevivir después de lo malo que te puede pasar. Y como es en la vida, la narrativa de esta película se conforma de secuencias presentadas de manera no lineal de lo que fue antes, durante y después del evento traumático.

Victor da una visión no solo femenina sino actual de la manera de como lidiar con el trauma, desde el apoyo que se puede recibir de gente muy cercana hasta de completos desconocidos, también lo limitadas que están las instituciones para poder resarcir los daños a las personas y, va a sonar a cliché pero esta película lo refleja muy bien, como la sanación no es un camino lineal sino más bien uno de altas y bajas.

Una escena en particular resume muy bien esta película, en ella Agnes conoce a la bebé de su amiga Lydie, y por azares del destino, se ofrece a cuidarla. Al estar a solas con ella, Agnes empieza a platicar con la bebé, en ese discurso le confiesa que no siempre va a estar bien, que habrá cosas que le den miedo o cosas malas le pueden suceder pero que ella siempre va a estar para acompañarla, y creo que con esas palabras Eva Victor hace una síntesis de lo que es Sorry, baby, no podemos evitar que las cosas malas pasen pero también tendremos personas que nos acompañen para hacer más ligero el viaje de la sanación.


Las Locuras (2025) – Rodrigo García

Por Rocío López.

Tras ser ovacionada en su estreno internacional en el 23 Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) de este año, Las locuras es una producción de Netflix, dirigido y escrito por Rodrigo García, el filme mexicano es una antología protagonizada por seis mujeres que explora la interconexión entre las mismas y retrata una sociedad en la que impera el patriarcado.

Situada en la Ciudad de México, el largometraje arranca con Renata (Cassandra Ciangherotti), el punto de partida para las demás historias. Es una joven que debido a un brote psicótico se encuentra bajo arresto domiciliario. Al mismo tiempo su padre, Ismael (Alfredo Castro) no empatiza con su situación y en medio de su desesperación, Renata conoce a Penélope, una veterinaria que, junto a su colega (Raúl Briones), se especializa en la eutanasia. Sin embargo, Penélope colapsa cuando una de sus clientas se despide de su perrito y revive sentimientos que había reprimido.  

Por otra parte, Irlanda (Ángeles Cruz), una mujer que es su pasado era alcohólica se enfrenta con su familia, principalmente su madre (Luisa Huertas). Mientras que Soledad (Natalia Solián), hermana de Renata, es una bailarina de teatro que sufre un percance con uno de sus compañeros y desata una furia contenida.

La cuarta historia nos presenta a Miranda (Ilse Salas) que cuida a su madre (Adriana Barraza) tras una cirugía y en este proceso, atraviesa el autodescubrimiento de su sexualidad. Finalmente, conocemos a Serena (Fernanda Castillo), una empresaria que conoce a Renta porque desea comprar la casa en la que se encuentra bajo arresto.

Las Locuras resalta por el elenco, el cual reúne las actrices más reconocidas de los últimos años, sin embargo, Ciangherotti (Las Niñas Bien, 2018), entrega una actuación excepcional, junto con su coprotagonista, el también director teatral chileno, Castro realizan una gran mancuerna en pantalla. No obstante, una de las secuencias memorables está a cargo de Cruz (Tamara y la Catarina, 2016)   y Huertas, galardonada al Ariel como Mejor Actriz en No Nos Moverán (2024), quienes elevan la tensión en su punto máximo.

Así mismo, el filme destaca por su nivel de producción con un diseño de arte que, apuesta por un realismo detallado y verosímil, logrando sumergir al espectador en la cotidianidad de cada una de las protagonistas. Rodrigo García nos muestra situaciones que rayan en lo melodramático, pero su mayor acierto es optar por silencios que hablan por sí solos y aprovecha el nivel actoral de su elenco para que las miradas o gestos expresen su sentir.

Las Locuras es una obra coral sensible que aborda la complejidad emocional a través de sus personajes femeninos a partir de una historia fragmentada, pero intimidante conectada, la cual confirma que el cineasta colombiano es capaz de mostrar el lado más humano. Con una mirada crítica, el largometraje invita a reflexionar sobre los prejuicios en la sociedad mexicana contemporánea y cómo estos pueden convertirse en nuestra propia cárcel.


Hedda (2025) – Nia DaCosta

Por Lily Droeven.

La emblemática obra teatral Hedda Gabler es el mayor éxito del dramaturgo noruego Henrik Ibsen publicada en 1890. Es una trágica historia de amor y desamor que explora conflictos como la frustración de la vida doméstica, las expectativas de género, la hipocresía y la infelicidad en el matrimonio. Su personaje representa a la mujer de clase alta que desafía las rigurosas normas morales y convenciones sociales impuestas en su época mientras busca una manera de liberarse, características que convierten a Hedda en una anti-heroina, distinguiéndola de las protagonistas de otras piezas de ficción que fueron publicadas en su época. Ibsen se encarga explorar estos temas con profundidad psicológica que al mismo tiempo define como el estudio de un retrato realista de la alta sociedad. La obra ha sido adaptada tanto en el teatro como en el cine en diversas ocasiones y su más reciente adaptación a la pantalla corre a cargo de la reconocida directora Nia DaCosta.

Interpretada por Tessa Thompson, la amoral Hedda Gabler vive en una mansión lujosa que detesta y está infelizmente casada por conveniencia con George Tasman (Tom Bateman). Hedda se prepara para ser la anfitriona de una magistral fiesta y planea meticulosamente que todo salga bien durante los preparativos, ya que pretende brillar imperiosamente ante sus invitados, en especial ante la llegada de Eileen Lovborg (Nina Hoss), un interés amoroso suyo del pasado. Un poco antes se presenta la joven Thea Clifton (Imogen Poots) quien resulta ser la nueva amante de Eileen. Se hace evidente el odio que Hedda siente hacia Thea y a pesar de que no está invitada Hedda la obliga a quedarse. A partir de ese momento y tras la llegada de Eileen, las antiguas heridas se abren y las pasiones reprimidas salen a la luz, iniciando una estela de destrucción causado por Hedda y no se detendrá hasta que su propio caos sea transformado en tragedia, ante la mirada de su esposo e invitados.

Esta nueva película de Nia DaCosta se toma libertades creativas de la pieza teatral, la primera es que pasa de estar ambientada en una villa en Kristiania (actualmente Oslo) en 1890 a situarse en una mansión en Inglaterra en la década de 1950; Hedda es ahora una mujer negra y abiertamente bisexual, así que el personaje de Ejlert Lovborg pasa a ser Eileen Lovborg; además toda la tensión dramática se desarrolla durante la fiesta por lo que esto da otro giro a la trama central para criticar la vida superficial y decadente de la clase burguesa. Al dejar del lado el concepto original, la reescritura argumental permite dar un nuevo trasfondo en la identidad racial y queer de la protagonista que se enfrenta a una sociedad patriarcal pero siempre manteniendo el tema central de ser la mujer que se rebela en su búsqueda de poder y libertad mientras rompe las rígidas expectativas morales y sociales, sin importarle a quien tenga que manipular para conseguir lo que quiere.


Frankenstein (2025) – Guillermo del Toro

Por Pok Manero

Yo pienso que esta película es el trabajo de un del Toro en la cúspide de sus habilidades. Durante los últimos años ha estado creando una obra maestra tras otra, esperemos que pueda mantener la racha y darnos más filmes hermosos. Admito tener un sesgo por su trabajo: los temas y estilos que suele explorar son cercanos a mis gustos y coincido con sus opiniones, así que me resulta fácil estar de acuerdo con él y disfrutar de sus películas. Pero aún sin eso, es innegable que estamos frente a un trabajo maduro y muy bien logrado. El uso de sets reales, maquillaje y efectos prácticos es asombroso, otorgándole una profundidad y una textura que fortalecen la experiencia. Y aun cuando la adaptación es muy fiel a la novela de Mary Shelley, el director pudo hacer algunos ajustes muy personales.

Creo que el cambio más atrevido es la adición de la inmortalidad de la criatura (interpretada por Jacob Elordi), la cual no forma parte del material fuente. En el libro, el estatus de la criatura como un paria de la sociedad lo lleva a pedir una pareja, para que puedan ser parias juntos. Eso puede haber resultado bastante lógico hace dos siglos, pero hoy en día puede resultar complicado de entender para una audiencia moderna. Por ende, la inmortalidad presenta a la criatura con un tipo de soledad diferente que lo hace querer tener a alguien con quien compartir la eternidad. También tiene sentido en una época en la cual los seres superpoderosos se han vuelto una presencia constante en las pantallas cinematográficas, dándole al monstruo una nueva dimensión.

Hay quienes se han quejado por la apariencia del “monstruo”, precisamente en cuanto a que no es muy monstruoso que digamos. Previas interpretaciones han creado el lugar común de la deformidad o la fealdad, haciendo que se asocien con el personaje. Pero el libro de Shelley lo describe de facciones que incluso podrían considerarse bellas, siendo la misma noción de ser un cadáver reanimado, construido de múltiples cuerpos, lo que lo hace grotesco a los ojos de Víctor Frankenstein (Oscar Isaac). Además, tiene sentido, pues el científico estaba buscando crear al ser humano perfecto, seleccionando los mejores componentes de cada espécimen. ¿Por qué habría de construir algo intencionalmente antiestético?

También considero que del Toro puso algo de sí mismo en cada personaje, quizás especialmente en Elizabeth (Mia Goth) pues ésta comparte su capacidad de asombro y su infinita curiosidad, aunadas a su simpatía por aquellos a quienes la sociedad suele etiquetar como monstruos. Prácticamente cualquier otro director la hubiera hecho gritar cuando se encuentra a la criatura por primera vez. En vez de eso, del Toro la hace acercarse a él con curiosidad y sintiéndose intrigada, sin sentirse amenazada por su presencia en ningún momento.

La adaptación es fiel no por seguir la novela al pie de la letra sino por correctamente adaptar su atmósfera, estilo narrativo y sentir. De este modo, aporta muchas cosas nuevas sin cambiar la historia radicalmente, rindiendo así homenaje a algunas de las versiones anteriores sin necesariamente tomar nada directamente de ninguna de ellas. En este respecto, tal vez la mayor aportación de otras adaptaciones fue el elemento de la energía eléctrica como dadora de vida, pues el texto original solamente decía que Frankenstein le infundió la chispa de la vida a su creación, lo cual fue interpretado por James Whale como corriente eléctrica, incorporándola a su versión de 1931. De esta manera, tenemos una versión que no pretende ser la definitiva, sino una visión personal que al mismo tiempo es respetuosa con sus orígenes.


Superman (2025) – James Gunn

Por Marisol Nava.

Superman, dirigida por James Gunn, inauguró este año la nueva etapa del Universo Cinematográfico de DC Cómics. Ahora a cargo del director que llevó a Guardianes de la Galaxia a la pantalla grande, la nueva adaptación protagonizada por David Corenswet toma una dirección completamente distinta a lo que Zack Snyder había hecho anteriormente. Si antes la pureza de Superman se vivía como tragedia, llevada casi al tormento, la nueva versión utiliza las cualidades del icónico superhéroe para construir una narrativa de esperanza y supervivencia.

Gunn evade la redundancia al comenzar la nueva franquicia con un Superman experimentado, en lugar de ofrecer otra historia de orígenes. Con un inicio in medias res —es decir, en medio de la acción— Superman aparece por primera vez en pantalla derrotado, herido en la nieve, buscando que Krypto, el superperro, lo lleve a la Fortaleza de la Soledad para recuperarse y continuar la pelea. De esta manera, Gunn presenta la tesis emocional de la cinta. Superman no es el hombre más poderoso del planeta por sus poderes, sino porque se rehúsa a darse por vencido en un mundo que insiste en aplastarlo.

Y, por supuesto, el villano que escoge es Lex Luthor, el hombre que más odia a Superman y no se detendrá ante nada para verlo caer, interpretado magistralmente por Nicholas Hoult. Luthor es cruel, narcisista y despreciable, como todo buen villano debe ser. Además, funciona como la perfecta antítesis de Superman. Luthor no tiene poderes; es un ser humano común y corriente y, sin embargo, su malicia causa mucho más daño que cualquier pelea que Superman haya tenido en sus tres años como superhéroe, porque su fuerza no proviene del cuerpo, sino de su inamovible fe en la humanidad. Esto solo indica que James Gunn entendió al personaje profundamente, mejor que muchos de sus antecesores, y le regaló a esta generación un Superman digno del manto.

Del mismo modo, Rachel Brosnahan brilla como Lois Lane. Un personaje que ha sido malinterpretado como una damisela en peligro o como la única ancla de Superman a la humanidad se convierte aquí en una periodista audaz y en su compañera. Lois no se cae de ningún edificio en esta cinta ni es secuestrada por el villano. Todo lo contrario: recluta al Sr. Fantástico para rescatar a Superman y se posiciona como su aliada más importante en la batalla en tierra. Aquí, Gunn no está cambiando nada ni “corrigiendo” versiones anteriores; simplemente entiende a los personajes y los honra.

Por esto, Superman es una de las mejores películas que trajo el año 2025. En medio del caos y la tragedia de vivir en el mundo actual, el cine se levanta para crear una experiencia que eleva el espíritu de la audiencia. Porque, ¿qué mejor forma de sanar que ver a los superhéroes defendiendo a los indefensos de sus bullies y mostrándonos quién es el verdadero enemigo?


Die My Love (2025) – Lynne Ramsay

Por Sandra Cárdenas Quiróz.

Una de las películas que me voló la cabeza y tocó fibras muy sensibles, que se estrenó en este 2025, fue Die My Love de la directora y guionista escocesa Lynne Ramsay, quien en 2011 ya nos había impactado con la tremenda Tenemos que hablar de Kevin.

Die My Love, nos cuenta la historia de Grace (interpretada magistralmente por Jennifer Lawrence) quien sueña con ser escritoray Robert Pattinson, quien da vida a Jackson. Está pareja se muda desde la ciudad de Nueva York a una casa aislada en el campo que ha heredado Jackson. Se nos muestra, como esta pareja espera a su primer hijo y la relación tan pasional y llena de planes que tienen.

A partir del nacimiento del bebé, acompañaremos a Grace, en un delirante y abrumador viaje, dónde las líneas de la realidad son borrosas. Die My Love se mueve entre lo primitivo y lo onírico para incomodar nos y mostrarnos las realidades, debilidades y deseos de sus personajes. Ramsay te sofoca y abruma con las emociones que emanan visceralmente de la pantalla.

Se ha etiquetado como una película sobre la depresión posparto, pero lo que se nos quiere mostrar es una visión más amplia. Se trata de la desconexión emocional y sexual que existe entre la pareja; un matrimonio que empieza a desintegrarse, de la soledad y el aislamiento, también nos habla de un bloqueo creativo, y si a esto le añadimos que la protagonista no duerme adecuadamente, evidentemente habrá caos. La cinta no es simplemente una historia sobre la locura, sino sobre la fragilidad de la mente; no es solo sobre la maternidad, sino sobre la naturaleza animal del deseo y la identidad.

Grace no es una víctima pasiva, sino una fuerza activa, aunque destructiva, que se rebela contra un mundo que ya no reconoce. Su desmoronamiento es, en su propia mente, un acto de afirmación, una forma de incendiar una realidad que la asfixia.

“Quise retratar a una mujer fuerte y poderosa que empieza a desmoronarse ante los ojos de los demás, pero no ante los suyos. En su mente, está prendiendo fuego al mundo”, detalla Ramsay a Grazia México.

Esta feroz visión psicológica necesitaba un lenguaje cinematográfico igualmente audaz para traducir ese fuego mental en una experiencia visual. El director de fotografía, Seamus McGarvey, eligió filmar en el formato de 1.33:1 (Academy Ratio) pues este encuadre cuadrado, crea una prisión visual, la cual transmite una sensación de claustrofobia que atrapa a los personajes dentro de los confines de la casa y de su propia psique. A esta opresión se suma la decisión de rodar en el formato de 35mm. Con su latitud limitada y colores intensamente saturados, el metraje adquiere un aspecto “fantástico”, casi onírico, que aleja la imagen de la realidad objetiva y la sumerge en la percepción distorsionada de Grace, como si el mundo estuviera iluminado desde dentro por su propia llamarada.

Para ser una experiencia inmersiva completa, la música en Die My Love es tan importante como la imagen, utilizando clásicos y piezas originales para amplificar el viaje emocional y psicológico de la película. Las canciones no sólo acompañan, sino que actúan como un espejo sobre el estado mental de la protagonista, intensificando la experiencia brutal y hermosa del filme.

Los sonidos ambientales (llanto, ladridos, incluso la voz del esposo) que también influyen y aumentan la ansiedad, y la violencia latente y que reflejan el estado interno de Grace, transformando el sufrimiento cotidiano en una experiencia sensorial, emocional e intensa.

Una película llena de símbolos, por mencionar alguno; el caballo negro que aparece a lo largo de la película se muestra como símbolo de su alma indómita. Al final, Die my love se erige como un estudio brutalmente honesto y singular sobre las fronteras borrosas entre el amor y la autodestrucción. Una película que no teme ser incómoda, que abraza la contradicción y que se niega a ofrecer respuestas sencillas a preguntas complejas sobre el amor, el deseo y la cordura.

Algunos trabajos cinematográficos que tratan este tema y que recomiendo ampliamente son:

El documental Witches, Reino Unido, Dir. Elizabeth Sankey (2024) y las películas Tully, Estados Unidos, Dir. Jason Reitman. (2018), If I Had Legs I’d Kick You, Estados Unidos, Dir. Mary Bronstein. (2025) y Huesera, México, Dir. Michelle Garza Cervera (2022).


F1 (2025) – Joseph Kosinski

Por Eli Montelongo

Desde hace algunos años acudir al cine ya no es una experiencia rentable debido a que las plataformas de streaming acapararon las pantallas de nuestro hogar. Sin embargo, aún existen filmes que merecen ser vistos en grande como fue el caso de Top Gun: Maverick en 2022, que después del encierro total por la pandemia atrajo de nuevo al público a las calles para no perderse esas increíbles escenas de acción.

Siguiendo los pasos de dicha película, su mismo director Joseph Kosinski se embarca en una nueva aventura que tiene lugar ya no en el cielo sino en un lugar terrenal, lujoso y actualmente atrayente: la Fórmula Uno. En compañía del siete veces campeón de la categoría Lewis Hamilton que fungió como productor y asesor creativo, además del galardonado actor Brad Pitt y la aparición especial de Javier Bardem, este año estrenaron una película vertiginosa y veloz, con su soundtrack ya nominado al GRAMMY y cuyos efectos especiales fueron tomados en cuenta para los próximos Critics’ Choice Awards.

F1 nos adentra en el típico “viaje del héroe” con Sonny Hayes, ex piloto de f1 ya retirado debido a un accidente que le cambió la vida, que se encuentra navegando de categoría en categoría hasta su último triunfo en Daytona. Ante una crisis que pone en juego a su equipo, Rubén Cervantes, ex compañero de Sonny y propietario de APXGP, decide buscarlo para traerlo a mitad de temporada y así evitar la catástrofe de tener que vender a la escudería. Sonny se encuentra ante un choque de realidad con lo que representa el automovilismo actual, como es el tener que competir contra la joven promesa Joshua Pearce o entender cómo funcionan los nuevos monoplazas completamente diferentes a las máquinas de los noventas mientras persigue la meta de por fin levantar un trofeo.

La película es una carta de amor al automovilismo. Gracias a la implementación de cámaras similares a las utilizadas en Top Gun: Maverick tener una visión completa de lo que sucede a bordo de un coche de carreras: vueltas vertiginosas, rebases veloces, sentir que estamos volando sobre el pavimento. F1 traspasa la pantalla por el hecho de haberse grabado durante las carreras reales, por lo que vemos a los pilotos de la parrilla actual conviviendo con el equipo ficticio, compitiendo en circuitos que forman parte del calendario habitual (algunas locaciones fueron el Gran Premio de Silverstone, el de la Ciudad de México, incluso el gran final se da en Abu Dhabi).

Kosinski entrega una película que se disfruta aunque sea predecible. Todos conocemos la receta del principal lanzándose a una última aventura para terminar un capítulo en su vida, pero lo que atrae son esas escenas que nos hacen apreciar el cine, el poder ver y escuchar los rugidos de un motor, sentir emoción por ver cómo el protagonista logra lo que tanto había querido. Cada montaje, cada canción creada especialmente, cada clímax hace que ver una pantalla enorme por dos horas tenga mucho sentido.


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