Especial: Premios Oscar 2024

El próximo domingo 10 de marzo, será la 96.ª edición de los Premios Óscar, organizada por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, en el Dolby Theatre de Hollywood. A partir de las 6:00 p.m., será transmitida en vivo para América Latina por el canal de pago de TNT y la plataforma Max, con Jimmy Kimmel como anfitrión del evento. Las siempre inquietas plumas de Kinema Books, escriben sobre algunas de las películas nominadas en las categorías principales.

The Holdovers – Alexander Payne

Por Marisela Sánchez.

The Holdovers es un conmovedor drama navideño ambientado en 1970, nos presenta a Paul Hunham, un hombre amargado y el profesor más odiado de la Academia Barton, que deberá quedarse a cargo de un grupo de estudiantes problemáticos que por diferentes motivos se quedarán en la academia durante el receso navideño. Durante este periodo también los acompañará la encargada de la cocina Mary Lamb quien recientemente perdió a su único hijo.

Definitivamente esta no es la típica película navideña enfocada en la alegría y los milagros, sino que retrata la melancolía que experimentan aquellos que por distintas circunstancias se ven obligados a pasar esta temporada en soledad y nos muestra la importancia de no juzgar y ser empáticos y solidarios ya que nunca sabemos el sufrimiento y la batalla que alguien más está enfrentando.

The holdovers cuenta ya con múltiples premios, entre ellos el globo de oro a mejor actor – comedia o musical por la magistral interpretación de Paul Giamatti y el globo de oro a mejor actriz de reparto por la conmovedora actuación de Da’vine Joy Randolph, y está nominada en cinco categorías de los premios Oscar 2024, entre ellas mejor película.

Poor Things – Yorgos Lanthimos

Por Evelyn Yobana Loya.

Hasta ahora, solo he visto dos películas del director Yorgos Lanthimos: The Favorite de 2018 con Emma Stone de protagonista por primera vez en su filmografía, y ahora, Poor Things. Es una cinta que me dejó sin palabras, la sinopsis de la trama fue atrapante en cuanto la escuché, pero después de leer por internet algunas críticas mixtas, mi ilusión bajó un poco, estaba menos deslumbrada por el tráiler. Sin embrago, cuando pude verla en la sala de cine, simplemente quedé enamorada del concepto tan extremista que maneja el director.

La cinta toca temas ya antes vistos en el cine contemporáneo: sexo, placer, el libertinaje, derecho sobre el cuerpo- específicamente de la mujer- y la libertad de decidir sin pensar en el que dirán. Pero Yorgos lo lleva al extremo y hasta algunos pensarían que es descaro, pero eso es lo que la hace tan sorprendente e impactante. Es curioso que dichos temas, tengan a los espectadores tan divididos de polo a polo, unos ven estos temas cansados y repetitivos, mientras que los otros vemos que el directos supo tocar cada tema de manera delicada, justificada y bien desarrollada, provocando satisfacción en la evolución de Bella.

De las cosas que más llamaron mi atención, fue el personaje Godwin Baxter, quien es el padre no biológico de Bella, interpretado por el gran Willem Dafoe. Lathimos nos presenta una personalidad realmente particular, su apodo es God, que en español sería Dios, y si nos vamos bajo lo católico, God experimentó y creó nuevos seres. El cineasta no profundizó dicho tema en la cinta, pero las cortas apariciones de los animales nos dejaban buenas pistas para relacionarlo con la religión. Dios creó la naturaleza y al ser humano para darles libre albedrio, lo cual hizo God, pero en su propio hogar.

Además, resalta el trauma de la infancia de Godwin, que se ve reflejado duramente en Bella, aunque muchos pensarían que sería del lado malo, pero no lo fue. Godwin buscó ser un padre amoroso y liberal en cuento a las aficiones y nuevos descubrimientos de Bella, aunque con miedo la restringía. Finalmente, le permitió explorar el inmenso mundo que tenía en frente y ser ella misma.

Me parecieron hermosos los vestuarios, la ambientación tan bien mezclada con lo futurista y lo victoriano, dándonos ese surrealismo que maneja Lathimos en sus filmes; aunque yo comparto que son ambas vanguardias al mismo tiempo.

The Zone of Interest – Jonathan Glazer

Por Sebastián Valladares.

En 1947, el “animal de Auschwitz” es ejecutado por ahorcamiento a solo unos metros de la cámara de gas de Auschwitz I, Polonia. Durante los Procesos de Nuremberg, Rudolf Höss le dejó bien claro al tribunal que sus manos no estaban manchadas de la sangre del más de millón de judíos que fueron gaseados bajo su mando. Murió arrepentido, pero sin admitir culpa: “solamente seguía órdenes”.

Nazi desde los 21, rostro del Holocausto y padre ejemplar: es el hombre de interés de Jonathan Glazer. Lo es porque no le significan mucho las convenciones narrativas tradicionales como sí le interesa la maldad que puede desarrollarse en un humano cualquiera, con las condiciones apropiadas.

Lo más inquietante del estudio de caso, realizado por medio de episodios cotidianos tranquilos en un idílico jardín hermético donde solamente podemos escuchar las atrocidades que ocurren del otro lado del muro, es cómo enfatiza en mostrar los retazos de humanidad que le quedan a Höss, que se regurgitan desde sus entrañas.

Zona de Interés expone lo fácil que es darle uso a nuestra maldad, como producto de deseos tan carnales, como puros: Desde el querer vivir en buenas condiciones, hasta buscar lo mejor para una familia.

Oppenheimer – Christopher Nolan

Por Verónica Delgadillo.

Oppenheimer: a veces afuera es adentro.

Christopher Nolan es uno de mis directores de cine favoritos, y Oppenheimer (su última película) me ha recordado por qué. Desde su estreno se han manifestado opiniones encontradas y desencontradas, como probablemente las haya también al respecto del papel de la ciencia en el mundo político y militar en el contexto del poder. Un dilema ético y moral, de bien/mal, de caos/orden, creación/destrucción, esta dicotomía ontológica que envuelve a la ciencia y los avances tecnológicos desde los inicios de la humanidad.

Entonces, Nolan -que es como es- no aborda el tema de la vida de Oppenheimer desde el resultado de ese avance tecnológico que fue la investigación teórica y práctica sobre la fisión nuclear y las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, NO, Nolan lo aborda como él sabe abordar los temas sobre la naturaleza humana, desde el origen y el proceso, por eso quienes conocen (y aprecian a este director) van ver en esta película la continuidad de temas profundos sobre la condición humana que él viene tratando en todas sus pelis, van a sentir Memento, Inception, Interestellar, Dunkirk y también Batman: el Caballero de la noche.

Cillian Murphy ofrece una interpretación magistral (probablemente la mejor interpretación en lo que va de su carrera en el cine), Oppenheimer es un personaje extraordinariamente complejo y lleno de matices porque representa a la humanidad en toda su complejidad, una vez más, provocando reflexionar, ¿la naturaleza del mal es algo que está dentro o fuera de nosotros? El poder de crear o aniquilar, ¿en qué momento de la búsqueda del conocimiento nos detenemos para decidir la dirección? ¿Qué nos mueve? ¿Qué pasa después?

Es una película de Nolan, una de sus mejores, es oscura y muy profunda. Y esta vez ha sido más comprensivo en su manejo del tiempo al narrar, pese a las tres horas de duración, el tiempo bien contado pasa volando. Cuestionadora desde el interior y hacia el exterior, es sin duda una de las mejores películas del año.

American Fiction – Cord Jefferson

Por Armando Navarro R.

El profesor y escritor Thelonious «Monk» Ellison (Jeffrey Wright) no pasa por un buen momento. Su carácter explosivo le da problemas laborales y recientemente, ha tenido que lidiar con la muerte de su hermana y el Alzheimer de su madre. Su frustración por el rechazo de las editoriales a un nuevo proyecto, por no ser “lo suficientemente negro”, lo orilla a escribir bajo un seudónimo el libro Fuck, una desternillante sátira cargada de todos los estereotipos negros, con pandillas, violencia y drogas. El resultado: la obra se vuelve un best seller, que incluso, recibe premios y elogios, llevando a su autor a una apoteosis metanarrativa hilarante.

American Fiction (2023) es la ópera prima del director Cord Jefferson, adaptación de la novela Erasure (2001) de Percival Everett, una astuta mirada a las formas en que Hollywood y las librerías buscan lucrar con la experiencia afroamericana, haciendo encomio de lo que algunos llaman la “pornografía de la pobreza negra”. Con cinco nominaciones a los Premios Oscar (mejor película, actor, actor de reparto, guion adaptado y banda sonora), American Fiction es una de las grandes comedias del 2023, un año repleto de titánicas producciones, en el que el brote de este tipo de pequeñas joyas, se agradece enormemente, con un estreno en el Festival Internacional de Cine de Toronto, donde por cierto, ganó el premio del público.

El gran trabajo de Jeffrey Wright, como el escritor enervado que cuestiona la voracidad y falta de sensatez del mercado editorial, es de una calidad histriónica tremenda, merecedora del Oscar sino fuera este el año de Paul Giamatti. La cámara de Cord Jefferson y la cinefotógrafa Cristina Dunlap, atraviesa una diégesis pacifica y ocurrente, con personajes bellamente delineados, causantes de inolvidable empatía. American Fiction es un debut relevante, un estudio cáustico sobre las dudas existenciales que atormentan a las y los escritores de nuestro tiempo, luego de un 2020 donde se comercializó exageradamente a una oleada de autores negros, lo que conllevó saturación del mercado y estereotipos, cobijados bajo el apogeo del Black Lives Matter.

El filme de Jefferson seguramente será ninguneado la noche del Oscar, pero sus incisivas secuencias se quedarán para siempre, como aquellas donde Monk, entre más intenta provocar y satirizar, resulta más aplaudido y respetado por sus “intelectualoides” colegas. Al final, American Fiction es una crítica lúcida a la industria del libro, mientras presenta un análisis que hilvana arte, compromiso y alteraciones personales, que aquí, terminan en ácida comedia.

Anatomie d’une chute – Justine Triet

Por Silvia Ordaz.

Un músico es encontrado muerto en la nieve, tirado al pie de su casa en las montañas de Grenoble, al parecer cayó, o quizás se arrojó, posiblemente no fue un accidente, fue provocado, no se sabe cómo ocurrió, pero es encontrado por su hijo, que es ciego, y el perro guía de éste.

Anatomía de una caída (2003), es un drama francés de 150 min. dirigido por Justine Triet,  protagonizado por Sandra Hüller, Swann Arlaud, Milo Machado-Graner y Antoine Reinartz.  La cinta transcurre de manera lineal salvo por los flashbacks que durante el juicio se presentan para aclarar en el espectador los sucesos pasados.

Samuel Maleski y Sandra Voyter son una pareja en decadencia, la crisis de su relación se produce a partir de un accidente en el que su hijo pierde la vista y del que Samuel no logra reponerse. Además, pasan por una lucha interna contra la desilusión del enamoramiento que llegó hace tiempo a su fin, el enfrentamiento de una infidelidad y la frustración antes sus fracasos personales. Sandra da cuenta de la lucha por la comprensión entre dos seres que se han llegado a conocer en lo profundo, pero no han podido superar las crisis del amor.

La cinta juega alrededor de las emociones más inmediatas del espectador: la frustración, la incertidumbre, el enojo, nos lleva a rondar el prejuicio al encontramos frente a personajes muy humanos: la ternura de un niño a quien la vida lo pone frente al dolor y la muerte, que es obligado a crecer de repente; una mujer que se niega a manchar la memoria del marido muerto y a definir su vida y su verdad a partir de un audio en el que ella y Samuel discuten : “no es la realidad,  son nuestras voces pero no es lo que somos”, “tu padre era mi alma gemela, nos elegimos y yo lo amaba, ¿cómo se prueba eso?”. Los personajes no son seres partidos en dos: buenos y malos, sino caleidoscopios en un manto de gélida nieve, seres que se aman y al mismo tiempo viven la tragedia de ser humanos, viven su caída. 

El cine es una especie de revolvedora de concreto, somos una materia al entrar y somos arrojados siendo algo muy distinto, somos unos antes y otros después de ver una película.

The Boy and the Heron – Hayao Miyazaki

Por Romina Hernández.

Un niño en la guerra.

Son muchos los ejemplos de directores que, después de una larga carrera en su filmografía, deciden contarnos su propia historia (8 ½ de Federico Fellini o la reciente The Fabelmans de Spielberg, por ejemplo). Y en el 2016, tras (según él) su retiro definitivo del cine, Hayao Miyazaki decidió también trabajar en su propia historia; así nació la historia de Mahito, el personaje principal de El niño y la garza (Kimitachi wa Dô Ikiru, Japón, 2023) un niño que pierde a su madre en un incendio durante la Segunda Guerra Mundial para embarcarse años después en un viaje en el tiempo a un mundo paralelo en búsqueda de respuestas.

Pero El niño y la garza no es simplemente el recuento histórico de la vida del director nipón. Miyazaki en cambio nos otorga todo lo que siempre ha amado: ilustraciones a mano del Japón rural, un mundo en destrucción por la maldad humana, criaturas espirituales tiernas y pequeñas que llenan la pantalla hasta los bordes, un héroe inteligente y perspicaz en el cuerpo de un niño, la sabiduría de mujeres viejas, y un cuento donde es necesario creer en la fantasía y la relatividad del tiempo para superar el duelo.

Es una película donde es imposible no pensar en su creador, ese director de animación un poco pesimista que odia a los Beatles y fuma cigarros como chimenea, porque todas y cada una de las lecciones que nos ha regalado desde que comenzó su carrera se entrelazan en una historia que no nos pide arreglar el mundo en destrucción (porque a él le entregaron un mundo destruido también), sino simplemente abrazarnos con el futuro incierto, por qué sí, ¿qué podemos hacer sino aceptar cariñosamente lo que no podemos controlar? El héroe, entonces, no salva al mundo, y está bien.

Apenas es un niño, al final del día. Aunque Miyazaki declaró que hizo esta película como legado a su nieto, en el fondo yo quiero creer que la regaló también a todos los niños que crecimos en este mundo sin arreglo, constantemente en duelo, pero capaces de soñar más allá de las fronteras de lo real, lo imaginario, y el tiempo. Al director de Ghibli no le importan demasiado los premios Óscar (de hecho, en el 2003 se negó a recoger la estatuilla que ganó por El viaje Chihiro como protesta a la guerra de Irak), pero definitivamente es relevante pensar en la película que podría darle su segundo premio de la Academia estadounidense, porque se trata de su propia historia y a su vez, de su profundamente hermoso legado que nos recuerda siempre la belleza que existe en la tristeza.

May December- Todd Haynes

Por Anahi Vargas Carbajal.

Desde el título de la última película de Todd Haynes, el cual hace alusión al romance o matrimonio entre una persona joven con otra mucho mayor, se nos deja entrever que cualquier superficie de May December es mucho más profunda -y turbia- de lo que aparenta. Un regodeo en lo incorrecto que se libra de una forma muy inteligente de provocar culpa en el espectador por el gozo de ser un voyeur en las vidas de estas mentes trastocadas a las cuales, por la misma inteligencia del guion que le ganó dicha nominación al Oscar, nunca busca juzgar.

Aun con la nominación a Mejor Guion Original, la película fue grotescamente ignorada en otras categorías como en Mejor Actriz para Natalie Portman; nadie como ella para hacer personajes tan filosos conociendo el témpano de hielo que es Natalie por sí misma, es decir, sin necesidad de aspavientos pseudopsicóticos al momento de mostrar su habilidad para despersonalizar a sus personajes y jugar con su sombra dentro de la ficción.

En esta ocasión, Portman está apoyada por quien tendría que estar en Mejor Actriz de Reparto: Julianne Moore, el lobo disfrazado de la abuelita de Caperucita; ambas logran mimetizarse en un mismo ente gracias a un juego de espejos en el que la figura de Moore poco a poco va aprisionando y consumiendo a la de Portman hasta llegar a momentos en los que, sin que las actrices sean físicamente idénticas, es difícil distinguirlas. Triangulando con este binomio está Charles Melton, ausente en Mejor Actor de Reparto, siendo el catalizador de un contexto nauseabundo que se lo tragó y nunca le permitió realmente ser.

Final y principalmente, May December tendría que estar nominada a Mejor Fotografía gracias al trabajo de Christopher Blauvelt; desde el grueso del grano que invade la imagen y remonta a los thrillers clásicos así como una iluminación que nutre la psicología de sus personajes, hay que destacar un aspecto específico del trabajo de fotografía: la composición de sus cuadros, mayormente recargada -casi exagerada, aunque no desagradable- hacia los extremos del encuadre, principalmente hacia la derecha de la pantalla, por lo que sin tenerle miedo al predominante espacio negativo del mismo, pareciera que solamente estamos viendo un lado de la historia jugando así con la ambigüedad de la narrativa y saliendo todos, incluyéndonos, bien librados de este conflicto moral.

Nimona – Troy Quane, Nick Bruno

Por Ximena Álvarez Torres

Nimona, una fresca propuesta de Troy Quane y Nick Bruno.

Quizás nos hemos acostumbrado a que, durante los últimos años, muchas de las nuevas películas animadas nos decepcionen. Con estrenos en cines como la reciente Wish, he notado una clara disminución en el interés de la gente por actualizarse cuando a animación se refiere. Sin embargo, dentro de las nominadas al Óscar a mejor película animada de este año, se encuentra Nimona, una producción de Netflix que no me cansaré de recomendar.

La frase que hemos escuchado mil veces dentro del mundo del arte, “no importa lo que dices, sino cómo lo dices”, jamás había hecho más sentido. Nimona, basada en la novela gráfica de ND Stevenson, no tiene la historia más compleja ni original: se trata de un intento por promover la inclusión; una reflexión sobre los prejuicios sociales y su facilidad para cegarnos. Sin embargo, lo que vuelve a esta producción realmente especial, es su propuesta visual y estilística, con colores vivos y una animación tremendamente atractiva.

Nimona y Ballister, los protagonistas de esta cinta, son personajes envolventes y carismáticos, con personalidades contrarias pero compatibles de alguna forma. La trama gira alrededor de la relación entre ambos, y cómo su amistad es capaz de sacar a relucir las mejores cualidades de ambos. Nimona está llena de momentos divertidos, espectáculos visuales e interacciones con la capacidad de hacernos empatizar hasta lo más profundo. No se trata de una historia hueca, pues, a pesar de que su mensaje sea bastante utilizado en la actualidad, la cinta sabe lo que quiere decir, y sabe bien cómo decirlo.

Me alegra bastante que las nuevas producciones de Netflix, tal como La sociedad de la Nieve, Nyad y la misma Nimona, cuenten con un guion sólido y una propuesta visual de calidad, lo que las ha posicionado como fuertes candidatas dentro de las nominadas al Óscar de este año.

20 Days in Mariupol – Mstyslav Chernov

Por Alejandra Díaz Blengio.

20 días en Mariupol es una coproducción entre Asociated Press y la serie “Frontline” de PBS, dirigida por el periodista y cineasta ucraniano Mstyslav Chernov, se estrenó en Sundance en 2023 y desde entonces ha sido reconocida como uno de los documentales más importantes del año.

Este filme de no ficción es una crónica de los primeros 20 días en Mariupol al inicio de la guerra en Ucrania, en 2022, a través de los ojos de los únicos periodistas internacionales que permanecieron en dicha ciudad una vez que comenzaron los bombardeos y la ciudad fue sitiada.

20 días en Mariupol no es un documental fácil de ver, y mucho menos agradable, e incluso verlo competir por un premio como los Oscares se siente superfluo, cómo si este film estuviera ahí para competir por nuestros gustos. Sin embargo, su importancia radica no en competir por nuestros gustos, sino en sacudirnos de nuestra indiferencia, en abrirnos los ojos ante las atrocidades que ocurren en nuestro mundo.

El hecho de que la Academia decida reconocer filmes como este, recalca la importancia del periodismo, particularmente del periodismo de guerra, y la valentía que necesariamente va de la mano con éste, cuyo fin es mostrar al mundo una mirada hacia la implacable y devastadora realidad.

Es importante ser testigo de la valentía de estos periodistas, de los testigos que alzan la voz, y darle poder a esta crónica como denuncia. Recordemos que el arte también puede ser político y puede ser una muy poderosa herramienta de denuncia. No seamos indiferentes ante el dolor ajeno.

Past Lives – Celine Song

Por Sandra Cárdenas Quiroz.

Who do You think they are to each other?

Con una voz en off, realizando esta pregunta y con un plano conjunto de tres personas (una mujer en el centro escoltada por dos hombres), da inicio esta película; ópera prima de la dramaturga, directora y guionista: 𝐂𝐞𝐥𝐢𝐧𝐞 𝐒𝐨𝐧𝐠 (𝑉𝑖𝑑𝑎𝑠 𝑃𝑎𝑠𝑎𝑑𝑎𝑠, 2023) inspirada en un episodio de su vida. Nora y Hae Sung, son dos amigos de la infancia profundamente conectados los cuales se separan después de que la familia de Nora emigra de Corea del Sur. Décadas más tarde, se reencuentran, enfrentando al destino.

La historia transcurre entre Corea del Sur y Nueva York, dos mundos paralelos que habitan en la protagonista sin tocarse. Así como los japoneses creen en el 𝐴𝑘𝑎𝑖 𝑖𝑡𝑜 (el famoso hilo rojo del destino) en el desarrollo de la historia es muy importante el concepto budista coreano: 𝐼𝑛 -𝑌𝑢𝑛, (𝐼𝑛) representa una persona mientras que (𝑌𝑢𝑛) significa destino. según lo explica el personaje de Nora en la película; cada encuentro entre personas es un 𝐼𝑛-𝑦𝑢𝑛, pero se necesitan 8,000 capas de 𝑖𝑛-𝑦𝑢𝑛 para que dos personas estén juntas en una vida.

También se aborda la complejidad de la identidad cultural y las repercusiones que se tiene en nuestras relaciones, el silencio abunda para dar paso a la importancia de los gestos y las miradas. Si te gustan las películas con respecto al amor, las casualidades y el destino, sin duda alguna esta es un excelente opción.

En Revista Kinema Books, nos apasiona acercar la cultura cinematográfica a todos los interesados en las conexiones que unen al cine con todas las demás artes. Queremos cambiar al mundo, por medio de la divulgación de libros, películas y arte.


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