“La muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”
¿Por quién doblan las campanas?
–John Donne–
Galardonado en el Festival Internacional de Cine de Venecia siendo acreedor al León de Oro por Mejor Película con su documental Sacro GRA, Gianfranco Rosi es uno de esos documentalistas que dejan profundas huellas en aquellos que visionan sus obras.
En The Boatman nos narra el vivir de la gente alrededor del mítico Rio Ganges, y en Below Sea Level retrata el día a día de hombres y mujeres que se han alejado de todo para vivir en un desierto de California. Mientras que en Sacro GRA, Rosi dedica cerca de 90 minutos al enorme anillo de autopistas que rodea Roma, y como éste se relaciona con la ciudad, y sus habitantes.
Resalta a primera vista que a Rosi le fascina retratar a grupos de humanos ante gigantes de cualquier naturaleza, ya sea un río, un desierto o un anillo de autopista pero en El Sicario: Room 164, esa no parece ser la premisa.
En El Sicario: Room 164 (2010), Rosi nos muestra a un protagonista total, a un hombre como cualquier otro aunque con la diferencia de que es un asesino entrenado a los modos del cartel.
El Sicario es el que inunda la pantalla por 80 minutos. Está él, solo, en el cuarto de un hotel fronterizo, narrando y dibujando su vida.
No hay naturaleza ni edificaciones gigantes. Es sólo el sicario.
Sin embargo El Sicario se enfrenta a un gigante: el narcotráfico, una enorme red de vileza que atraviesa todo el territorio mexicano y sus fronteras.
El narcotráfico lo ha convertido en lo que es y no sólo a él, sino a miles de personas que utiliza como peones para sus cruentos cometidos.
El narcotráfico es un gigante, una sombra amenazadora y voraz. Edificante como el río, letal como el desierto y frenético como aquel anillo de autopistas.
¿El último de los sicarios?
Hoy en día México se ve inmerso en violencia, impunidad y corrupción. Día tras día, muy cerca de nuestras comunidades, percibimos esa animosidad.
El Sicario asegura que lo que lo llevó al lado oscuro (como cualquier Padawan confundido) fue el dinero, los carros y las mujeres. El sueño de cualquier joven, ¿no?
Empezó transportando mariguana en la cajuela de un automóvil, hasta secuestrar y ejecutar a aquellos que afectaran al cartel para el que trabajaba.
Tuvo todo: dinero, mujeres y automóviles. Lo mejor de lo mejor.
Entonces, ¿por qué dejar todo? ¿Por qué renunciar a ese “sueño”? La humanidad. Aquello que nos hace humanos. El miedo, la angustia, la desesperación, la infelicidad. Eso fue lo que lo hizo cambiar: Su humanidad. Profunda y poderosa.
El humano teme y cede, busca y encuentra. Eso es lo que lo hizo cambiar, el encontrar a su ser humano.
Esta renovación nos hace creer que tarde o temprano los demás sicarios hallarán esa redención, y se reencontrarán con su humanidad, aquella que según estaba perdida.
O, ¿él será el último de los sicarios en cambiar?
José A. Mora es un amante del cine extraño, bizarro e inclasificable. Su pasión por este tipo de cine lo llevo a desempeñarse en el departamento de programación en los festivales de cine FERATUM, Rubber Y STUFF MX como programador y curador fílmico. En su papel como director de programación en STUFF MX FILM FESTIVAL concreto la difusión de cine independiente de corte bizarro de todos los rincones del mundo. Curo los ciclos WAKALIWOOD: CINE DE ACCIÓN DESDE UGANDA, YAKOV LEVI: EL JOHN WATERS UCRANIANO e INVASIÓN FILIPINA: CINE TRASH Y DE EXPLOTACIÓN FILIPINO. Así como el estreno de cientos de largometrajes y cortometrajes que ondeaban la bandera del cine inclasificable. Actualmente ha comenzado su travesía como escritor de textos cinematográficos para así seguir compartiendo su amor por el séptimo arte.
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