‘Sin Piedad’ (2026): Una distopía que está más cerca de la realidad de lo que imaginamos.

Por Alexa Sefchovich Domínguez.

El año 2026 pinta de maravilla para las producciones cinematográficas y se deja ver de este modo con el nuevo estreno de la cinta titulada Sin Piedad (Mercy, 2026), la cual plantea uno de los dilemas más importantes de nuestro siglo: ¿qué sucedería si los gobiernos (en este caso el de Estados Unidos), tuviese acceso a todos tus datos e información y lo usará en contra de tu libertad al acusarte como un criminal mediante el uso de la inteligencia artificial?

Protagonizada por Chris Pratt y Rebecca Ferguson, esta cinta de Sony Pictures y Amazon MGM Studios, llega para hacernos reflexionar sobre el papel que la inteligencia artificial ha adoptado en la sociedad moderna y como esta cinta raya entre la realidad y la ciencia ficción.

La experiencia inversiva de Sin Piedad en la pantalla grande:

Ver esta película es sumergirse enteramente en la narrativa de una vida en la ciudad de Los Ángeles, California en el año 2029. Donde la trama sigue a nuestro protagonista y detective Chris Raven (interpretado por Chris Pratt), un hombre que aparece en la silla de los acusados tras haber asesinado a su esposa. Es aquí donde conocemos al otro personaje de esta historia: la jueza Maddox (Rebecca Ferguson) quien representa todo un sistema judicial basado en la inteligencia artificial que se ha dedicado a recabar todos los datos e información de todos los ciudadanos para determinar el porcentaje de culpabilidad de los mismos y así poder ejercer con mano dura una sentencia final. En esta visón de un futuro cercano, los juicios ya no dependen de tribunales humanos sino de una Inteligencia Artificial tan avanzada que oficia como juez, jurado y verdugo del acusado. Raven, quien fue uno de los principales promotores e implementadores de esta tecnología, tiene exactamente 90 minutos para poder encontrar pruebas lo suficientemente sólidas para ser exonerado y de este modo lograr hackear el sistema para demostrar su inocencia.

Foto: Alexa Sefchovich

Esta película utiliza un lenguaje basado en el uso de Screenlife (que es una narrativa que se basa principalmente en el uso de dispositivos digitales para el desarrollo de esta historia), además de cámaras de seguridad que le permiten a la cinta diseñar una atmósfera que asfixia al espectador a cada segundo de principio a fin. Así mismo, esta técnica cinematográfica, le permite al espectador investigar al mismo tiempo que lo hace el protagonista quien salta entre llamadas, grabaciones y fragmentos de información que se reorganizan a toda velocidad al ritmo que va avanzando esta película. Lo que la hace dinámica y hasta en un punto interactiva con quienes la disfrutan, por lo cual es imprescindible vivir esta experiencia en pantallas con tecnología 3D.

No obstante, pienso que es el uso y abuso de esta misma narrativa del Screenlife, lo que puede llegar a abrumar al espectador en algún punto de la visualización de esta película. Ya que la saturación de imágenes en algunas ocasiones de baja resolución que forman parte del juego pueden resultar agotadoras. Esto se debe a que aquí no vamos a encontrar planos contemplativos ni momentos tranquilos ya que hay una urgencia que deriva en estrés constante y una sensación de vigilia sin parar.

Chris Pratt resulta ser uno de los más grandes aciertos de esta película:

Una de las cosas que más gusto mucho de la cinta es que el protagonista interpretado por Pratt, sale de su zona de confort para poder convertirse en un hombre roto, alcohólico y atrapado por el sistema que él mismo ayudó a diseñar. Es esto lo que hace que esta película logre un balance perfecto entre la interpretación del personaje y la cinta en sí misma.

Foto: Alexa Sefchovich

A lo largo del metraje, podremos observar a Chris Raven inmóvil, atado en una silla, dudando y reconstruyendo un crimen que ni él podía comprender debido a que no es capaz de recordar los detalles del mismo. Representando así una de las interpretaciones más contenidas de su carrera, ya que este no es capaz de esconderse detrás de alguna escena de acción; pues su papel le exige sostener la desesperación y la intriga de su personaje a lo largo de la cinta.

Así mismo, en la película podemos observar a dos personajes que destacan Kali Reís como su compañera policía que cada segundo que pasa se ve más y más implicada en el caso y Annabelle Wallis quien desempeña un rol clave para desenmarañar este rompecabezas dentro del filme.

¿Es Sin Piedad una advertencia disfrazada de película o solo una crítica a la inteligencia Artificial?

A pesar de que la película señala a la Inteligencia Artificial como la villana de esta historia, la cinta parece ser más ambigua de lo que aparenta y es que no está planteando el típico discurso donde las maquinas son las malas y el humano es el bueno. Sino que más bien hace que el espectador se haga una idea un poco más turbia donde tal vez el problema no sea esta tecnología en sí, sino quien la diseña, la programa y la alimenta.

La juez Maddox en su concepto más puro, no es mala sino que es una herramienta que permite eficientar el sistema de justicia. No obstante, dentro de la lógica de la misma, el personaje resulta ser inquietantemente razonable al punto de hacer que el espectador sienta que esta tecnología es capaz de humanizarse y ahí está la verdadera incomodidad de la misma.

Foto: Alexa Sefchovich

Por último, cabe mencionar que rumbo al tramo final de la cinta, podremos encontrar momentos menos complejos donde la acción física, persecuciones y explosiones se apoderan de la pantalla rompiendo así el encierro con el que esta comenzó. Esto último, puede que sea un giro un tanto excesivo pero permite liberar algo de la tensión inicial permitiendo así convertirse en un thriller comercial pensado para un público más general.

En conclusión, podemos decir que este filme con una duración ajustada y ritmo que a penas y permite dar al espectador un respiro breve, Sin Piedad es un thriller de ciencia ficción inquietante y conectado con los medios actuales. Que si bien no reinventa el género, definitivamente lo actualiza de una manera creativa y muy inteligente. Dejando así un espacio abierto para preguntarnos: ¿Dejarías tu vida en manos de una inteligencia artificial para decidir tu destino en los próximos 90 minutos o simplemente desconfiarías de toda máquina existente?


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