“No debería estar vivo… A menos que fuera por una razón… No estoy loco… Solo sé finalmente… Lo que tengo que hacer… Y sé en mi corazón, que es correcto.»
En honor a las viejas glorias del pasado, y aprovechando el inminente estreno de Avengers: Doomsday este año, quiero dedicarle un espacio al primer recuerdo que tengo de haber ido al cine por primera vez: Iron Man.
Tenía cuatro años cuando salió en cines y aún no he olvidado estar en aquella sala mientras al mismo tiempo me maravillaba al observar los primeros vuelos del hombre de hierro (y eso es decir mucho porque tengo pésima memoria), a lo que una parte de mí piensa que esta es la razón por la que crecí con un vínculo especial hacia los superhéroes.
Ahora, bajo un nuevo panorama en este subgénero y mi criterio desarrollado, me planteé la cuestión de si acaso este es un metraje digno de ser recordado, más allá de sus llamativos personajes y de haber sido el inicio de algo más grande, a lo que, con esta retro-reseña, me fundamentaré para responder con la mayor honestidad posible.
Revisitemos la década del 2000-2010. Aquellos años donde la llegada de un nuevo milenio fue bienvenida con proyectos que buscaban adaptarse a nuevos estilos de vida inducidos por el avance de la tecnología que cada vez daba más carta abierta para lograr cosas que antes se hubieran considerado imposibles de llevar a cabo. Una de esas cosas eran los superhéroes.
Personajes que, si bien ya habían tenido éxito en el pasado con las técnicas del siglo XX como Superman: The Movie (1978) y Batman (1989), fueron muy pocas las ocasiones en las cuales estos llegaron a destacar (muchas veces debido a la falta de entendimiento del material original), y esa tradición no se perdería con los 2000s. La diferencia, sin embargo, es que las limitantes y los errores que cometían estas adaptaciones, se volvían cada vez menos comunes.




El Batman de Christopher Nolan, Blade, los X-Men de Fox y el Spider-Man de Sam Raimi empezaron a cambiar la mentalidad sobre estos seres que antes parecían inadaptables dentro del cine, dando lugar a un grupo de personas que se reunirían para realizar lo que ni siquiera ellos mismos creyeron que llegaría tan lejos, estrenándose en 2008.
Cabe aclarar que, para este punto, la mayoría del mundo no conocía a los superhéroes (a excepción de Hulk, los 4 Fantásticos y los ya mencionados, claro), por lo que hacer una película de un entonces desconocido Hombre de Hierro se consideraba casi como lanzar una moneda al aire. Aun así, Marvel Studios decidió empezar con lo que aún tenían entre manos (debido a la venta de sus personajes más famosos a otros estudios durante los noventas para salvarse de la bancarrota), viniendo de una forma muy peculiar, cuanto menos.
Un playboy, filántropo, millonario y mujeriego no es lo que actualmente uno se imaginaría como un héroe, pero eso es precisamente lo que hizo interesante a Tony Stark, porque alguien como él que inicia siendo el antagonista de su propia historia (y un rostro bastante representativo en muchos aspectos de USA), se convierte en una víctima y testigo de lo que su propio imperio armamentístico ha ocasionado a otros.

La película no se explaya demasiado en sus orígenes, pero deja en claro que Stark es un genio que no concluyó su desarrollo como persona (debido a la muerte prematura de sus padres) y, por lo tanto, se quedó estancado en la vida a través de vicios y apuestas que lo único que produjeron fue nublar su mente y otorgarle su poder a otros que tomaban provecho de su trono sin que este lo supiera. Y así fue, hasta el día en que sus pecados tomaron forma y le mostraron la verdad.
Capturado durante meses en una cueva por terroristas en posesión de sus armas, sin posibilidad de rescate y obligado a recrear su más reciente invención de destrucción a expensas de su vida y la de su “asistente”, Yinsen. La persona que salvó su vida de morir bajo su propio misil, a costa de vivir con una herida mortal en su corazón, literalmente.
Toda esta experiencia y las palabras de su compañero (quien dejará una huella significativa en la vida de Tony), formarán un camino de redención en él que le dará la oportunidad (y la idea) para escapar de su prisión y corregir las cosas.

Con esto, hago una pausa para destacar la interpretación de Robert Downey Jr., y es que, cuando alguien piensa en Iron Man, inmediatamente es relacionado con este actor. Quitando el hecho de que se atribuye a que esta fue su primera adaptación a la gran pantalla, quizá la conexión entre ambos se deba a que Robert decidió imprimir mucha de su personalidad en este personaje (quien hasta donde tengo entendido, era bastante distinto originalmente).
Lo cierto es que, ambas figuras están curiosamente vinculadas por las similitudes que tuvieron en sus pasados. Tomaron decisiones incorrectas que casi los destruyen (en el caso de Downey, tuvo serios problemas legales y de adicción a drogas que lo llevaron a prisión), pero decidieron tomar las oportunidades dadas para cobrar un nuevo sentido en sus vidas.
Tal vez este es el motivo por el que Robert expresa una gran naturalidad en este papel, porque sabía lo que es perder el camino y reencontrarlo para hallar un mejor propósito, y aunque muchos de sus diálogos muestran mucho de la improvisación que tuvo este intérprete, la realidad es que, la mayoría del tiempo le aportan mucha humanidad y carisma a alguien que, incluso en su faceta antagónica, muestra el por qué es tan querido dentro y fuera de la pantalla. Desde su relajada actitud, sus sarcásticos comentarios y sus formas tan seguras de expresarse frente a otros (muchas veces dando una falsa imagen con tal de ocultar su cerrada identidad), por no olvidar su más grande don: el cerebro.
Los primeros cuarenta minutos no solamente son utilizados como una revelación para la vida de Tony, sino que también son una demostración técnica de las habilidades que llevaron a este individuo a progresar el avance en la compañía de su padre. Nos permiten observar de primera mano su talento en la tecnología utilizando el limitado tiempo y recursos disponibles en una cuestión de vida o muerte que se transmite en una muy bien ejecutada tensión de principio a fin (manejando efectos prácticos en su mayoría), dando como resultado un primer acto que siente creíble aun con la ficción de por medio.

Aprovecho este espacio para apreciar la icónica banda sonora compuesta por Ramin Djawadi (quien seguro reconocerán por su trabajo en Pacific Rim (2013) y Game of Thrones), porque transmitió a la perfección el espíritu rebelde y vistoso de Stark en temas inspirados por el heavy metal y el rock and roll (cuyos géneros también son visibles por la presencia de Black Sabbath y AC/DC en el score). Temas que, bajo otro contexto y personaje, resonarían de una manera anticuada y “cool” según la percepción de ciertos ejecutivos, pero definitivamente no aquí.
Dicho lo anterior, el hombre que antes era apodado como “El Mercader de la Muerte”, escapa gracias a su breve (y ahora difunto) compañero de celda para renacer cual fénix y dirigir a su compañía por un mejor rumbo que no involucre más masacres y conflictos armados. Lo curioso, es que su camino de recapacitación tardará más tiempo del cual él quizás no admitirá, ya que lo primero que decide crear al regresar a la civilización, es una versión mejorada de la “herramienta” que le permitió huir.
¿Quiere decir esto que Tony Stark es un hipócrita? Sí, pero es un hipócrita que sabe de primera mano los errores que cometió, y que la batalla que ayudó a iniciar aún no está ganada. Por lo mismo, y el hecho de que ya no confía en sus conocidos más cercanos (hilados al Gobierno y su industria), considera que la opción más viable, la persona más capacitada para remediar sus acciones, es él, dando paso a un justiciero que, de ahora en adelante, se considerará a sí mismo como un protector para aquellos que lo necesiten.

Llegado a este punto, creo que es momento de enfatizar en aquello que le impide a esta película llegar a su máximo potencial, y es que, pasada la primera hora, la cinta comienza a perder de vista su enfoque sobre el extremismo y la absurda dependencia que agentes como Estados Unidos tienen sobre el armamento militar (cuyo mensaje era más que reflejado en el viaje personal de Stark) para darle paso a lo que yo le llamo “el cliché del superhéroe”.
Por lo que he investigado, la peli aún continuaba retocando su guion incluso empezado el rodaje y los actores debieron improvisar buena parte de sus escenas en los sets. Estas son muy probablemente las razones por las que la segunda mitad del metraje se siente algo plana, predecible y hasta con prisas en cierta medida, lo que dio pie a problemas que, desgraciadamente, ocurrirían más veces de las que puedo contar en siguientes proyectos del próximo “Marvel Cinematic Universe” (MCU).
Tenemos ejemplos muy notorios como la rara relación que Tony empieza a establecer con su asistente Pepper mediante métodos como: Pedirle que reemplace el aparato que le permite vivir en una operación de corazón abierto sin cualificación alguna o dejarla plantada en la azotea en medio de una fiesta. El lado positivo es que se reservaron esta subtrama para las secuelas, por lo que aquí no se siente tan apresurado.
La otra demostración de la escritura hecha a medias se encuentra en sus villanos. El líder terrorista y Obadiah Stane (Iron Monger) son personajes de una sola faceta que no muestran matices más allá del poder y la fortuna, lo que a la larga los vuelve “juguetes de acción” para que el protagonista tenga un obstáculo representado en una lucha física durante el tercer acto, pero les daré el mérito de que al menos demuestran cierta intimidación al mostrar gráficamente lo lejos que llegan para conseguir sus objetivos.
Respondiendo a mi pregunta del inicio: Sí. Iron Man (2008) es una obra merecedora del crédito que tiene actualmente. Una que, independientemente de lo que resultarían siendo sus compañeras cinematográficas dentro del mismo universo, viene de una época donde la experimentación, el cuidado a detalles como los VFX y la corrección de color, y la búsqueda por hacer posible lo imposible, eran muchas veces un reto detallado y estimado, antes que una tarea más realizada contrarreloj.
Tal vez este comienzo no fue la revolución que muchos pensamos en su momento, y, en definitiva, carece en gran parte de un guion que necesitaba de un mayor cuidado, pero la primera mitad creo que fue más que suficiente para dejar una huella que aún se revisita hasta nuestros días. Una huella que mostró una pizca de un nuevo universo lleno de posibilidades a explorar y que inspiraría a nuevas generaciones (como yo), así como lo hizo Star Wars en su momento (No por nada Marvel Studios ha batallado para rellenar este legado con nuevos íconos después de Avengers: Endgame), porque Iron Man es la prueba de que Tony Stark tiene un corazón.
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