Durante una conversación entre tres miembros de una relación poliamorosa, uno de ellos comenta: ‘‘es que hay algo que no funciona’’ haciendo referencia a la dinámica sexoafectiva entre el trío, lo cual, en paralelo, describe la dinámica narrativa de La Vida Es, tercer largometraje como directora de la productora y guionista Lorena Villarreal.
Nora, interpretada por Natalia Plascencia, es una mujer en vísperas de los cuarenta años. A través de un montaje de imágenes que alternan en temporalidad y que sufren de ser constantemente reafirmativas entre diálogos e intertítulos que terminan rebuscando una historia excedente en ornamentos, se van construyendo esas casi cuatro décadas de una vida llena de pérdidas y huecos existenciales entre muertes naturales y simbólicas en una mujer a la que la propia vida le ha quitado cuánto puede, una y otra vez.
A manera de remanso de paz, tanto para ella como para la historia, se encuentra la familia que se ha formado a sí misma como un refugio retroactivo encabezado por Greta (la legendaria Paulina García), su pareja Gloria (Geraldine Zinat) y sus dos sobrinas: Nora y Ely (Naian González Norvind). De entrada, entendemos la reconformación de una familia con base en afinidades, por lo que vemos a dos chicas que han crecido de forma liberal lejos de sus verdaderas familias nucleares.
Villarreal, con una notable experiencia como productora ante los impecables niveles de producción en esta película, opta por una estructura narrativa principalmente basada en decisiones estilísticas fuera de lo convencional que pueden resultar refrescantes para cierto sector. Pero son los momentos en los que la película pone los pies en la tierra, respira, confía en la reconfortante dinámica entre sus cuatro actrices principales y apela a la sutileza visual dentro de su propia intención de innovación que surge la pregunta: ¿realmente era necesaria tanta saturación en su estilística?

A estas alturas, poco queda por añadir sobre la actriz en la que está convertida Naian González Norvind. Tal parece que estamos presenciando uno de los tantos momentos cumbres que tendrá a lo largo de toda su carrera. Ahí está una actriz que parece mandarse sola dentro de su propia liga gracias a una intuición afilada que no es difícil percibir desde la butaca. Este, probablemente, uno de los personajes más lúdicos en los que hemos visto a la actriz en los últimos años y gracias al cual, tal como su Ely, parece que la propia Naian se permite sentir.
Pero, por otro lado, hay un tema en la figura de otra actriz de percha espigada y sobria presencia que se tiene que poner sobre la mesa en la conversación que atañe al cine mexicano: Natalia Plascencia, quien se perfila como el epítome de la melancolía dentro del amplio abanico de magníficas actrices que México tiene para ofrecer.
De origen tapatío, socióloga y actriz de formación, Natalia no es ninguna novata. Su camino lo ha ido construyendo a través del teatro, cortometrajes, series de televisión y personajes mayormente de soporte en varias películas. De igual forma, ha incursionado en la dirección y en la escritura al lado de sus hermanas artísticas: María Castellá —quien también aparece en esta película— y Mayra Hermosillo. Es ahora, con La Vida Es, que Natalia obtiene un mayor reflector como protagonista gracias a Nora, una mujer permeada por la muerte desde su primer recuerdo.

Tan sólo en el último año, tanto con Nora como con Limbania en Vainilla, ópera prima de Mayra Hermosillo, Plascencia se ha ido forjando en el terreno de los personajes dolorosos que, a pesar de sus tragedias, no dejan de lado un cierto chispazo de brillo relativamente optimista; mujeres que abrazan su oscuridad, pero no se hunden del todo en ella, sino que luchan por aferrarse a la luz que pueden encontrar en sus vidas aunque no siempre lo logren y recaigan en la desgracia, sea a través de la crisis existencial previa a cumplir años o como un doliente retrato del alcoholismo como escaparate para una mujer lidiando con su propia vida.
Que no se confunda su sobriedad o su creciente expertise en el dolor con que sea lo único que pueda hacer, Natalia tiene la fuerza suficiente en sí misma para cargar con el peso de toda una película en sus hombros en el tono que sea y se apuntala para ser una de las actrices más interesantes de estos años, con un paso firme que no ha necesitado de aspavientos para ganarle ese lugar a pulso.
La Vida Es cálida por momentos, pero también se torna fría en algunos otros; se llega a sentir cercana y, después, se vuelve distante; divertida en pasajes y tediosa en otros tantos. Es una propuesta fresca en su manufactura en idea y compleja de seguir a ratos… tal como la vida misma, así es la película de Lorena Villarreal que ya se encuentra en cartelera.
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