Estaba segura de que Los Fabelman era la despedida emotiva de Spielberg como director en la industria del cine. Una obra casi autobiográfica, con tantos guiños a su mundo interno y su universo personal con respecto al cine. Una película, además bellísima, once nominaciones en los Premios de la Academia (aunque no haya ganado ninguno) una banda sonora que honra 50 años de amistad con John Williams, probablemente la banda sonora más íntima y delicada compuesta en toda su carrera musical.
Pero no contaba con que aún quedaba un tema pendiente de tratar y cerrar que tiene que ver con esa obsesión tan grande como la de los mundos de aventura/ficción que le gusta crear: ¿estamos solos en nuestro propio planeta? Disclosure Day (2026) es la conclusión de su recorrido reflexivo con respecto al cosmos, porque recordemos que desde Encuentros cercanos del tercer tipo (1977), lleva cinco décadas evolucionando el concepto del asombro y la vida extraterrestre en su filmografía. Ha pasado de la inocencia mágica de los niños y esa capacidad de maravillarse que han perdido los adultos en E.T., el extraterrestre (1982), al escepticismo y la melancolía analizando el fin de la humanidad en A.I. Inteligencia artificial (2001), al terror y amenaza de la Guerra de los mundos (2005) para llegar a la paranoia institucional y política en Disclosure Day (2026).

Se podría hablar de madurez en ese recorrido, madurez con respecto al concepto, porque pasa de la ciencia ficción a un thriller político de conspiraciones. El asombro, si mantenemos esa emoción como eje central de su búsqueda, ya no tiene que ver con la vida extraterrestre o una criatura del espacio, sino con el impacto de la verdad de su existencia en nuestro sistema de creencias. Esta madurez a la que nos referimos también tiene que ver con lo tecnológico, porque el avance ya no está solo en la vida inteligente alienígena, sino en el uso de los avances de la humanidad en cuanto a la tecnología, secretos gubernamentales de los años 30 clasificados en bóvedas, liberados por fallas de ciberseguridad, idas y venidas con la información en una era obsesionada con la desinformación, escenas de acción con guiños a Indiana Jones, algo flojitas a mi gusto, pero no definen el núcleo de la historia porque creo que el núcleo de la historia es cuestionar la arrogancia humana de creernos los seres más avanzados o inteligentes del universo.
Y quizá ahí reside la idea más interesante de la película. Durante décadas, Spielberg filmó el contacto con lo desconocido como una experiencia espiritual de asombro casi religioso, recordemos a Roy mirando al cielo en Encuentros cercanos del tercer tipo, Elliott descubriendo a E.T. en el cobertizo o incluso David persiguiendo el sueño imposible de convertirse en un niño real en A.I.; todos ellos eran personajes impulsados por una forma de fe. En Disclosure Day vemos que esa fe permanece, pero se manifiesta herida. Ya no se trata de creer en la existencia de algo extraordinario (lo divino, una vida superior, un hada), sino de decidir en quién confiar cuando la verdad está desmenuzada entre gobiernos, medios de comunicación, información filtrada y un lenguaje desconocido.

Personalmente, creo que el cierre de Spielberg en este tránsito por esa casi obsesión con la vida extraterrestre es bastante maduro. Hay directores que no logran cerrar bien sus obsesiones, hay directores que no pueden; pero Spielberg a sus 80 años, luego de haber creado quizá la lista más larga de películas y sagas de culto en la historia del cine y regalarle a la generación X la más bella y entretenida infancia y adolescencia del cine de los 80s, cierra su obsesión con una mirada muy real y madura, pero aún con asombro. En Disclosure Day este director nos muestra que entiende perfectamente el mundo actual y su ansiedad, reemplaza la imagen clásica del observador (humano especial) apuntando al firmamento por ciudadanos comunes atrapados frente a pantallas que vomitan datos, teorías y versiones contradictorias de una misma realidad. El misterio ya no está en las estrellas. El misterio está en distinguir qué es verdad.
Técnicamente, la luz sigue siendo el principal aliado narrativo de Spielberg en el tratamiento de este tema, los destellos, las siluetas, las sombras profundas generando una atmósfera de misterios que nunca sabes si son amenazas o milagros. No olvidemos que este director es un alumno aventajado de la escuela Hitchcock cuando de manejo del suspenso se trata. Y tranquilos, mis queridos fanáticos de este cine, hay “Spielberg face” para saciarse, así que agárrense porque esos momentos con los crescendos musicales de John Williams de fondo, son quizá los más intensos de la peli. Personajes mirando fijamente pantallas (de TV, celulares, computadoras, LED gigantes), cielos nocturnos o documentos clasificados. La “Spielberg face” en Disclosure Day no es solo de sorpresa mágica como las entrañables caritas de Elliot y sus amigos en E.T., sino de shock porque captura el instante exacto en que la gente comprende que todo lo que sabía sobre el mundo era una mentira gubernamental. Ya está, no más spoiler.

Y es curioso porque, después de tantos años, Spielberg sigue haciéndose la misma pregunta. Solo que ya no la mira desde el mismo lugar. Antes levantaba la vista al cielo para preguntarse qué había ahí afuera y ahora parece mucho más interesado en mirar hacia adentro y preguntarse qué pasaría si mañana despertáramos con una respuesta definitiva a la pregunta de si estamos solos en la Tierra.
Cuando vayan al cine a ver Disclosure Day, porque tienen que verla en cine. Si conocen el cine de este director, estoy segura de que van a sentir que esta película es distinta al resto de las películas que ha dedicado a este tema. No tiene la inocencia de E.T., no tiene el espíritu aventurero y casi espiritual de Encuentros cercanos del tercer tipo, mucho menos la melancolía y dulzura de la premisa de A.I. Disclosure Day es una película algo fría, tiene mucho de política y es bastante incómoda porque no habla del descubrimiento (de una verdad), habla de las consecuencias.

Y quizá por eso también me parece que será una pieza muy interesante dentro de su filmografía, no sé si será su última película como director (él no ha anunciado su retiro); pero –volviendo al inicio de este texto- si Los Fabelman era una mirada nostálgica y agradecida hacia su pasado, un acto de amor al cine, a la familia y a todo lo que lo convirtió en cineasta, Disclosure Day se siente como el cierre de otra obsesión que lo ha acompañado prácticamente toda su carrera. No porque quiera responder si estamos solos o no en el universo. De hecho, creo que esa es la pregunta que menos le interesa a estas alturas.

La pregunta evolucionada con los años que realmente parece obsesionarlo aquí es otra:
¿qué hacemos con la verdad cuando finalmente la tenemos delante?
Porque a veces descubrir lo desconocido resulta mucho menos aterrador que enfrentarte a todo aquello en lo que habías decidido creer. Y cómo plantea esa pregunta al final es fascinante, es lo único que les voy a decir al respecto.
Y sí, como suele pasar con Spielberg, nada sobra, nada falta, y uno entra a la sala esperando una historia sobre algo extraordinario y termina saliendo con preguntas sobre la condición humana. Quizá por eso sigo creyendo que es uno de los mejores narradores audiovisuales de nuestro tiempo. Esta vez nos habla de extraterrestres, conspiraciones, le pone aventura, efectos especiales y termina hablándonos de nosotros mismos.

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