Por Felipe De Jesús Flores Sánchez.
Contra los discursos correctivos, la nueva cinta documental del catalán, Albert Serra, se queda con la Concha de Oro en la edición #72SSIFF, misma premiación donde la nueva ola de cine español sigue brillando, con todo y la intervención de Gia Coppola.
“¿Y por qué no mejor prohibir el terrorismo? ¿Por que no mejor prohibir las guerras?”, se preguntaba airoso el oriundo de Girona, Albert Serra, con notable coraje y hartzago en su mirar, al momento de recibir una y otra vez, el cuestionamiento sobre su nueva cinta Tardes de Soledad, una mirada documental, que mezcla día a día, el mal llamado, género de docuficción, por que es un cine documental, pero con una mirada tan artística, tan apasionada, tan llena de sangre, irá y vanidad, que pareciera que el actuar del juvenil peruano Roca Rey, viniera lleno de las instrucciones del cineasta catalán.
Han sido cinco largos años, donde Albert Serra, ha seguido religiosamente el camino de Roca Rey, para poder transmutar en pantalla, toda la religiosidad, homoerotismo y miedos que existen en él matador, antes de ser aplaudido en la plaza, durante todo el momento del filme, vemos con fascinación, horror, asco y gloria, todas las sensaciones que vive el torero ante el astado, no sin dejar de llevar, el sello que hace de Albert Serra, uno de los cineastas más polémicos que existen en el último lustro, mismo que lleva a San Sebastián, un tema que esta candente en la sociedad española, un deporte que por merecimientos propios, está viviendo el camino de la extinción, como lo es la tauromaquia, sin embargo, nos pone en la palestra, estos tan manoseados temas de corrección social o woke, donde más que buscar ayudar al desvalido, se asemeja mucho a las practicas fascistas, mismas que yo tenia pensado, habíamos superado.
Un triunfo triple del cine de Albert Serra por donde se le vea, debuta en el campo del documental, a su manera, compite por primera vez por la Concha de Oro y además, termina llevándosela haciendo rabiar a sus siempre fieles detractores, todo incluso con contenido de veto en el ambiente, simplemente magnifico.
“Y agradezco a los protagonistas de la película que me dejaran acercarme a su intimidad. Que así lograra ese algo genuino que no tienen tantas películas, y que solo muestra el cine de autor”.
-Albert Serra, ganador de SSIFF N 72.-
El Zinemaldia premio el cine, eso es algo que nos debe de quedar claro, San Sebastian ha tomado un protagonismo inusitado, para lanzar al aire lo mejor del cine ibérico, esta edición no quedo huérfana de ello; por lo mismo es necesario platicarles de 3 producciones iberoamericanas que tuvieron todo mi aprecio, de esas que no te van a dejar indiferente.
La primera es La Virgen Roja, de la juvenil Paula Ortiz, un relato basado en hechos reales, sobre la desgracia del proyecto Hildegart, en el que una pequeña es concebida y educada por su madre Aurora para ser la mujer del futuro, convirtiéndose en una de las mentes más brillantes de la España de los años 30 y uno de los referentes europeos sobre sexualidad femenina.
A sus 18 años, Hildegart comienza a experimentar la libertad y conoce a Abel Velilla, quien le ayuda a explorar un nuevo mundo emocional y a desmarcarse del férreo nido materno.
Aurora teme perder el control sobre su hija y hace todo lo posible por impedir que Hildegart se aleje. Las dos mujeres se enfrentarán durante una noche de verano de 1933, poniendo fin al “Proyecto Hildegart”. Las actuaciones de Alba Planas como la rebelde Hildegart, pero sobre todo, la locura y frenesí de Najwa Nimri como Aurora, la hacen una cinta que lejos de ser un hecho histórico, va apuntada a ser un thriller lleno de terror, del mejor terror, el materno, ese que de tanto amor, puede llegar a enfermar, tristes las víctimas de él. Una locura absoluta.
El cine portugues tenia que sacar pecho de la cita ibérica, una cinta que nos habla sobre las dolencias del capitalismo, ese que tanto me gusta atacar, lo vemos con un filme que deja revolución en nuestras conciencias, en el que Laura Carreira, de apenas 30 años, nos deja una interrogante en el aire. ¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir?
On Falling, una coproducción británico lusa, nos traslada las vivencias de una mujer portuguesa que se traslada a Escocia, en busca de mejores condiciones laborales, viviéndo en carne propia el terrible precio de la estabilidad (si es que existe) a cambio de la vida en sociedad; los británicos, no son tan populares por ser cálidos o amables en su entorno hacia el extranjero, por lo que, con muchos tintes de inspiración en sus vivencias, nuestra protagonista, encarnada por la maravillosa Joana Santos, nos hará sentir ganas de convidarle un abrazo o algo, por que vivir sin redes de apoyo, sea cual sea la circunstancia, es algo terrible. On Falling llego realmente sin nada y se llevo todo de nosotros en nuestra cobertura desde el Kursaal.
Finalmente, y sin importancia el orden de las que les narro, llega una cinta con sangre mexicana, un relato escalofriante por que es más real de lo que parece, vivirlo, como le toco a nuestra querida Marina de Tavira, es menos sexy de lo que se supondría. El aroma del pasto recién cortado, con producción de Scorsese y dirección de Celina Murga, que nos narra los aspectos más íntimos, no eroticos, de dos profesores que viven en igualdad de circunstancias, dos matrimonios que se van por la borda por una comunicación nada estimulante, ambos con dos hijos, dos varones y dos féminas, ademas de que ambos, se enamoraron perdidamente de sus dos estudiantes con mayor capacidad en sus clases.
Las desventuras de la maestra Natalia y el maestro Pablo, serán juzgadas de formas muy distintas, pero bastante reales, interesante ejercicio de equidad sobre decisiones difíciles, un KO de Marina de Tavira, mientras ella crece como actriz, nosotros en valorar su carrera.
Hubo más ejemplos de cintas comerciales que San Sebastian les dio empuje, debuts con morbo como la cinta Conclave, desaires con la Emmanuelle de Audrey Diwan, o espectacularidad con Los Destellos, San Sebastian cumplió y fue una de mis citas predilectas este año, pero como siempre, tiene que venir un rescate, ese lo veo con Gia Coppola, que bebió del mejor cine de Aronofsky, para darle un último aire a la envejecida Pamela Anderson, que ahora protagonizándo la cinta The Last Showgirl, le da vida a una bailarina, Shelley, de 52 años de Las Vegas que encara el cierre del espectáculo, por lo que su precariedad se verá aún más ensanchada con esta circunstancia.
Pamela Anderson demuestra que este festival, justamente, sirve para resucitar o traer de vuelta al desvalido, su última oportunidad y de la mano de una directora indie, cuyo apellido nos hace pensar que su naciente carrera va de la mano con ser la nieta de Fancis y sobrina de Sofia, cuando en realidad, este milagro del cine indie gringo, va de mano de otro que viviera su último día de gloria en San Sebastián, como lo es el comediante James Franco, pero esa, es otra historia.
Felipe De Jesús Flores Sánchez es crítico cinematográfico y editor en jefe del medio Apuntes de cine. Síguelo aquí.
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