Por Alexa Sefchovich Domínguez.
El cine compite contra el uso del celular, el scroll, el meme y el video de quince segundos que exige de una atención inmediata por parte del espectador. Donde la sala oscura diseñada para crear un espacio de silencio, contemplación e incomodidad, pasa a segundo término frente a la necesidad de entenderlo todo de forma inmediata y sin esfuerzo. Así nace lo que yo llamo el Cine para Dummies: películas que explican demasiado en lugar de sugerir y proponer, que subrayan en lugar de confiar y que existen para ser comentadas en la segunda pantalla antes de ser verdaderamente experimentadas. La inmersión se sacrifica en el altar de la inmediatez, y con ella, la inteligencia del espectador.
En los últimos años, hemos visto en la gran pantalla una serie de remakes y reboots que resultan uno más malo que el otro, terminando así en récords de taquillas inalcanzables a comparación de otras épocas cuando en el cine no se estrenaban tantas películas y pese a ello generaban millones de dólares en ventas de boletos en las primeras semanas de sus estrenos. Pero, ¿qué es lo que está sucediendo detrás de toda esta problemática y que opinan los críticos con respecto a esto?
Crisis de calidad y contenido deshechable
Una de las cosas de las que hablan los críticos, es el hecho de que la industria cinematográfica ha caído en la idea de que existe una fórmula segura y efectiva para contar historias y esta es según— la industria —, es una manera infalible de acercarse a sus públicos, pero la realidad parece estar muy alejada de esta idea. Ya que para los creadores de contenido que existan estas barreras solo los limita al momento de contar sus historias y desarrollar sus ideas de narrativas interesantes que sirvan para realmente atraer a los espectadores. Esto, a su vez ocasiona que los grandes estudios decidan invertir en secuelas o franquicias conocidas que en ideas nuevas, lo que genera películas predecibles y ¨olvidables¨.
Un claro ejemplo de esto, es la nueva serie de IT: Welcome To Derry, que fue percibida por los críticos como un proyecto innecesario que recicla ideas ya establecidas dentro del universo de Stephen King. Donde las razones clave por la cual algunos espectadores la consideran así radican en la idea de una precuela redundante e innecesaria donde tanto el pueblo de Derry como Pennywise ya son personajes conocidos lo que hace que la trama se sienta como un “relleno” para conectar puntos de otras películas que ya existían, lo que provocó la eliminación de una tensión real sobre el sitio donde toma lugar la historia y los personajes que la rodean. Así mismo, la repetición de la “fórmula” donde un grupo de niños marginados son perseguidos por sus miedos y deciden investigar, hace que el fan del género identifique de forma inmediata la familiaridad de la narrativa, lo que hace que esta misma sea predecible en todo momento. Otro de los errores muy notorios en los que cae la serie, es que la decisión de mantener ausente al personaje más importante de la misma que en este caso es Pennywise (interpretado por Bill Skåsgard) durante la primera mitad de la serie fue duramente criticada puesto que la forma en la que fue sustituido por monstruos genéricos no lograron generar el mismo impacto que si hubiese el estado presente a lo largo de la misma. Así mismo, los episodios demasiado extensos y sobre explicados le restaban el aura de misterio que rodeaba la obra original que giraba en torno al personaje principal de esta historia.
Ahora bien, retomando la idea de contenido desechable, es importante mencionar que además de que ya no hay originalidad en el cine por lo ya dicho anteriormente, existe algo llamado “el efecto streaming”, el cual consiste en que las plataformas han priorizado producir contenido de forma tan masiva que el espectador lejos de crear una conexión emocional con lo que están viendo, deciden poner sus películas o series como ruido de fondo mientras están haciendo alguna otra actividad, lo que hace pensar a los creadores de contenido cinematográfico que existe una genuina falta de interés por su trabajo y es aquí que entra también el uso del celular mientras se está viendo un metraje en una sala de cine.

El celular: el enemigo de la atención
Como mencionábamos anteriormente, el uso del móvil ha generado en el espectador una desconexión tremenda al momento de sumergirse en las historias. Ya que hoy en día, es muy común ir al cine y ver cómo hay otras personas respondiendo o contestando mensajes en sus dispositivos y es que el hecho de que haya luz y sonido adicional al de la película en la sala, hace que algunos de nosotros perdamos la concentración en la cinta y nos pongamos a ver las diminutas pantallas iluminadas de las demás personas quienes se encuentran a nuestro alrededor, lo que genera una ruptura en la conexión emocional que se tiene con respecto al arte que se está apreciando en ese momento. Así mismo, se estima que el 20% de los adolescentes que visita las salas de cine usan el teléfono dentro de las mismas reflejando incapacidad de su parte por desconectarse momentáneamente de ellos. Esto, da como resultado que la industria misma, cree una estrategia de guiones simplificados con la finalidad de que el espectador no pierda el hilo del metraje mientras contesta mensajes en el celular. Lo que genera una evidente pérdida de calidad para quienes sí disfrutamos de esta actividad.
Por último, es importante mencionar que no todo es malo cuando se trata del uso de dispositivos inteligentes en el cine ya que la democratización y uso de plataformas de streaming en el séptimo arte, ha permitido que talentos no reconocidos como cineastas independientes, se aventuren a explorar sus capacidades creando material cinematográfico creando contenido de bajo presupuesto lo que permite que exista una transformación en el nivel de accesibilidad a la creación artística.
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